¿Cambia el metabolismo durante el ciclo menstrual? Lo que muestran los estudios en mujeres activas

Mujer con ropa deportiva revisando un cuaderno en una consulta de nutrición. Titular: Metabolismo y ciclo menstrual.

El ciclo menstrual puede coincidir con cambios en el apetito, la sensación de hinchazón y el peso corporal, y por eso es habitual preguntarse si el metabolismo también cambia con el ciclo menstrual de forma relevante. Para responder conviene separar tres cosas: lo que se percibe, lo que estiman las mediciones y lo que muestran los estudios cuando comparan a la misma mujer en distintas fases.

Respuesta corta: la relación entre metabolismo y ciclo menstrual existe, pero es pequeña e inconsistente. Las revisiones describen, como mucho, un aumento leve del metabolismo en reposo durante la fase lútea, del orden de 30 a 120 kcal al día en los estudios que lo detectan, y varios trabajos bien controlados no encuentran ninguna diferencia [2-4]. Lo que sí fluctúa con más claridad es el peso y el agua corporal, y eso no equivale a ganar o perder grasa.

Una investigación publicada en 2026 evaluó el metabolismo en reposo, la composición corporal y la ingesta dietética en tres fases del ciclo menstrual de mujeres físicamente activas [1]. No encontró diferencias estadísticamente significativas en el metabolismo en reposo. Sí observó variaciones pequeñas en el peso y en algunos indicadores de bioimpedancia, además de una diferencia en la ingesta de carbohidratos entre dos fases. Son hallazgos que ayudan a matizar afirmaciones muy repetidas sobre el ciclo y el gasto energético, pero que también exigen cautela: la muestra fue pequeña y no permite afirmar que todas las mujeres respondan igual.

¿El ciclo menstrual modifica el metabolismo en reposo?

El metabolismo en reposo es la energía que el organismo gasta para mantener sus funciones básicas cuando no hay actividad física ni digestión en curso. Es el componente más grande del gasto diario, por lo que cualquier variación cíclica tendría, en teoría, consecuencias sobre el balance energético. La pregunta útil no es solo si los promedios suben o bajan entre fases, sino si la diferencia es consistente, suficientemente grande y relevante como para modificar la alimentación o el entrenamiento.

Por qué podría cambiar: estrógenos, progesterona y temperatura

Las concentraciones de estrógenos y progesterona cambian a lo largo del ciclo. Tras la ovulación, la progesterona aumenta durante la fase lútea, y esta hormona se relaciona con una ligera elevación de la temperatura basal y con procesos de termorregulación que podrían aumentar algo el gasto energético. Las revisiones sobre el tema describen además cambios en el uso de sustratos: una mayor preferencia por la utilización de grasas durante el ejercicio en la fase lútea y un posible aumento del catabolismo proteico en esa misma fase [7]. Si quieres repasar cómo se suceden estas hormonas a lo largo del ciclo y de la vida, lo explicamos en la guía de nutrición en la mujer según el ciclo hormonal y las etapas vitales.

Sin embargo, que exista una explicación fisiológica plausible no significa que el efecto sea grande ni fácil de detectar en condiciones reales. La magnitud estimada, cuando aparece, puede ser similar a la variabilidad que existe entre mediciones de una misma persona en días distintos.

La plausibilidad fisiológica no implica una gran subida predecible.

Qué dice el conjunto de la evidencia

La evidencia previa sobre el metabolismo en reposo durante el ciclo menstrual no es uniforme. Un metaanálisis de 2020, con 26 estudios y 318 mujeres, encontró un efecto pequeño pero significativo a favor de un metabolismo en reposo algo mayor en la fase lútea. Ese efecto se reducía y dejaba de ser estadísticamente significativo al considerar solo los estudios publicados desde el año 2000, que suelen tener mejor control metodológico [2].

Una revisión sistemática de 2026, centrada en estudios publicados entre 2020 y 2025, incluyó siete trabajos. Cinco mostraron una tendencia a un metabolismo más alto en la fase lútea y cuatro lo encontraron estadísticamente significativo, con aumentos estimados de entre 30 y 120 kcal al día. Los autores calculan que el cambio ronda el 3-5 % y advierten de que puede solaparse con la variabilidad biológica diaria y con el error de medida [3]. En cambio, un estudio con jugadoras de rugby en el que las fases se confirmaron con análisis de sangre y test de ovulación no observó ningún efecto de la fase sobre el metabolismo en reposo [4].

EstudioTipo y participantesResultado sobre el metabolismo en reposo
Benton y cols., 2020 [2]Metaanálisis, 26 estudios, 318 mujeresAumento pequeño en la fase lútea; no significativo en los estudios posteriores a 2000
Hurtová y cols., 2026 [3]Revisión sistemática, 7 estudios (2020-2025)Tendencia al alza en la fase lútea en 5 de 7 estudios; entre 30 y 120 kcal/día cuando aparece
Kuikman y cols., 2024 [4]11 deportistas con ciclo natural, fases confirmadas con hormonas en sangreSin efecto de la fase
Wagner y cols., 2026 [1]21 mujeres físicamente activas, tres fasesSin diferencias estadísticamente significativas
Principales estudios recientes sobre el metabolismo en reposo a lo largo del ciclo menstrual.

Con estos datos, las cifras que circulan en algunos contenidos divulgativos, como que en la fase lútea se queman de 100 a 300 calorías más al día, quedan por encima de lo que muestran las revisiones recientes. El estudio de Wagner y colaboradores examinó esta cuestión junto con el peso, la composición corporal y la ingesta, y aporta datos de una población poco estudiada: mujeres que entrenan con regularidad [1].

Cómo se realizó el estudio

Participaron 21 mujeres de entre 20 y 35 años que menstruaban de forma natural, tenían ciclos regulares y realizaban actividad física con regularidad. No utilizaban anticonceptivos hormonales desde, al menos, seis meses antes del estudio.

Cada participante acudió al laboratorio en tres momentos: la fase folicular temprana, los días 2 o 3 del ciclo; la fase ovulatoria, programada dentro de las 24 horas posteriores a un test urinario de hormona luteinizante (LH) positivo; y la fase lútea media, entre seis y ocho días después de ese resultado positivo.

En cada visita se midió el metabolismo en reposo mediante calorimetría indirecta. La composición corporal se estimó con bioimpedancia multifrecuencia. Además, las participantes completaron registros de alimentación de tres días en cada fase. El número de mujeres incluidas varió según el análisis: 20 en los resultados de metabolismo en reposo, 21 en los de composición corporal y 15 en los de ingesta [1].

El diseño de medidas repetidas permite comparar a cada participante consigo misma en distintas fases, lo que reduce parte de la variabilidad entre personas. Aun así, el estudio no alcanzó el tamaño muestral previsto inicialmente para detectar diferencias en el metabolismo en reposo.

Se comparó a las mismas participantes con muestras distintas según el análisis.

El metabolismo en reposo no mostró diferencias significativas entre fases

El resultado principal fue que no se detectaron diferencias estadísticamente significativas en el metabolismo en reposo entre la fase folicular temprana, la ovulatoria y la lútea media. Tampoco se observaron diferencias en el cociente respiratorio, un indicador de la proporción de grasas y carbohidratos que se están utilizando como combustible.

Los promedios de metabolismo absoluto fueron de 1824 kcal al día en la fase folicular temprana, 1845 kcal en la ovulatoria y 1922 kcal en la lútea media. Aunque el promedio más alto correspondió a la fase lútea media, la comparación entre esta fase y la folicular temprana no fue estadísticamente significativa (p = 0,167). El efecto global de la fase tampoco alcanzó significación (p = 0,148) [1].

Es importante interpretar correctamente este resultado. No encontrar una diferencia estadísticamente significativa no demuestra que el metabolismo sea idéntico en todas las fases. Indica que, con los datos y el diseño de este estudio, no se pudo establecer una diferencia clara. Una muestra reducida dificulta la detección de efectos pequeños, especialmente cuando también existe variabilidad entre días y entre mediciones. De hecho, la diferencia media entre la fase folicular temprana y la lútea media, unas 100 kcal, cae dentro del rango que describen las revisiones, pero no fue lo bastante consistente entre participantes como para confirmarse estadísticamente.

En este caso, el metabolismo se midió una sola vez por fase. Además, el tiempo de reposo previo a la medición no se estandarizó completamente. Los autores señalan que la variación diaria del gasto energético y las limitaciones del protocolo podrían haber dificultado la detección de cambios sutiles [1]. Por tanto, los datos no respaldan la idea de que el gasto energético aumente de forma marcada y predecible durante una fase concreta, pero tampoco permiten descartar una variación pequeña.

Una diferencia de promedios no establece por sí sola una diferencia clara entre fases.

El peso y algunas medidas de bioimpedancia sí fluctuaron

El peso corporal medio descendió de 65,24 kg en la fase folicular temprana a 64,86 kg en la fase lútea media. La diferencia entre esas dos fases fue estadísticamente significativa, aunque pequeña: alrededor de 0,38 kg [1]. Es decir, en este grupo el peso fue algo mayor en los primeros días del ciclo, coincidiendo con la menstruación, que una semana después de la ovulación.

También cambió la proporción de agua extracelular respecto al agua corporal total, que pasó de 0,376 en la fase folicular temprana a 0,374 en la lútea media. El ángulo de fase, otro indicador derivado de la bioimpedancia, mostró el patrón inverso y fue algo mayor en la fase lútea media [1].

En cambio, no se detectaron diferencias significativas en la masa libre de grasa ni en el porcentaje de grasa corporal. Esta combinación importa: una fluctuación de peso acompañada de cambios en indicadores relacionados con el agua, pero sin cambios detectables en los estimadores de grasa o masa libre de grasa, es compatible con variaciones de hidratación. Los autores consideran que esta es la explicación más probable de los cambios observados [1].

La bioimpedancia estima distintos componentes corporales a partir de las propiedades eléctricas de los tejidos. Como el agua influye en esas mediciones, los resultados pueden variar con el estado de hidratación y las condiciones de evaluación. Por eso, una diferencia puntual en el peso o en una estimación de composición corporal no debe interpretarse automáticamente como ganancia o pérdida de grasa. Otros estudios apuntan en la misma dirección: en mujeres con fases confirmadas mediante análisis hormonales, el peso, los pliegues cutáneos, la bioimpedancia y la ecografía no cambiaron a lo largo del ciclo, aunque la grasa estimada por DXA fue algo menor en la fase folicular tardía que en la lútea media [5]. En deportistas, las estimaciones de DXA se mantuvieron estables entre fases [4]. Si quieres profundizar en las ventajas y límites de cada método, lo explicamos en la guía sobre qué es la composición corporal y cómo se mide.

El cambio medio observado en el estudio de Wagner fue inferior a medio kilo. No permite concluir que todas las mujeres vayan a experimentar el mismo patrón, pero sí recuerda que el momento del ciclo y el estado de hidratación pueden influir en la lectura de las medidas corporales.

La variación observada fue pequeña y compatible con cambios de hidratación.

La ingesta energética fue estable, aunque varió la de carbohidratos

Los registros dietéticos no mostraron diferencias estadísticamente significativas en la ingesta energética total entre fases. Tampoco se encontraron diferencias claras en grasas, proteínas, fibra o alcohol.

La excepción fue la ingesta absoluta de carbohidratos. Las participantes registraron una media de 234 g al día en la fase folicular temprana y 209 g en la fase lútea media. La diferencia fue estadísticamente significativa (p = 0,037), equivalente a cerca de un 11 % entre los promedios [1].

Este resultado debe leerse como una diferencia observada en los registros, no como prueba de que la fase menstrual cause un cambio en las necesidades de carbohidratos. El diseño no permite saber si la diferencia se debió a una mayor ingesta en la fase folicular, a una menor ingesta en la lútea o a ambas. Tampoco demuestra que ese patrón se repita en otras mujeres o en ciclos posteriores.

Además, los registros de alimentación dependen de lo que las participantes recuerdan y anotan. El tamaño de la diferencia debe interpretarse teniendo presente esa fuente de error y que el análisis de ingesta incluyó solo a 15 mujeres. Los propios autores advierten que la diferencia podría tener interés en contextos deportivos si las demandas de entrenamiento se mantienen, pero que su relevancia fisiológica no está establecida [1].

Una diferencia registrada no justifica prescribir carbohidratos según fase.

Cómo encaja con lo que se sabe sobre apetito e ingesta

El resultado de Wagner no coincide del todo con la literatura previa. Un metaanálisis de 2025 encontró una ingesta energética mayor en la fase lútea que en la folicular, con una diferencia bruta media de unas 168 kcal al día, aunque subrayó que los estudios incluidos presentaban inconsistencias metodológicas en la forma de definir las fases y de medir la ingesta [6]. Una revisión narrativa previa describió el mismo patrón, con una ingesta más baja en la fase folicular y un descenso especial en los días cercanos a la ovulación, y advirtió de que la magnitud varía entre mujeres y de un ciclo a otro [7].

Que en este estudio no apareciera esa diferencia puede deberse al tamaño de la muestra, al uso de registros de solo tres días o a las características de las participantes, todas físicamente activas. Lo que sí sugiere el conjunto de datos es que los cambios de apetito que muchas mujeres perciben son reales en promedio, pero su intensidad es muy individual. Si te interesa cómo adaptar la dieta a los síntomas de cada fase, lo desarrollamos en el artículo sobre alimentación y ciclo menstrual.

Qué implicaciones tiene para el entrenamiento y la alimentación

En la práctica, estos resultados no justifican aumentar o reducir las calorías de forma automática según la fase del ciclo. El estudio no detectó diferencias significativas en el metabolismo en reposo ni en la energía total registrada, y las revisiones sitúan el posible aumento de la fase lútea en un rango pequeño [1-3]. La alimentación puede ajustarse según las necesidades, el hambre, la recuperación y la carga de entrenamiento de cada persona, sin asumir que una fase exige siempre un aporte energético concreto.

La diferencia de carbohidratos merece seguimiento en futuras investigaciones, pero no permite recomendar una cantidad distinta para todas las mujeres. En deportistas, la disponibilidad de carbohidratos debe ponerse en relación con el volumen y la intensidad del entrenamiento y con las necesidades individuales de recuperación. Lo mismo ocurre con el rendimiento: la fase del ciclo no condiciona de forma uniforme cómo entrena cada mujer, como explicamos en el artículo sobre ciclo menstrual y rendimiento deportivo.

Tampoco conviene usar las fórmulas de estimación del gasto energético como si captaran estas oscilaciones. Herramientas como la calculadora de la tasa metabólica en reposo ofrecen una referencia útil para planificar, pero no incorporan la fase del ciclo, y un posible cambio de 30 a 120 kcal queda dentro de su propio margen de error.

Cómo interpretar el peso y la composición corporal a lo largo del ciclo

Una medición aislada de peso o bioimpedancia ofrece menos información que una serie de mediciones estandarizadas. A partir de los estudios revisados, estas pautas ayudan a no confundir agua con grasa:

  1. Mide en condiciones parecidas. Misma hora, mismo estado de ayuno e hidratación y misma báscula o equipo, porque el agua corporal influye en el peso y en la bioimpedancia [1].
  2. Si usas DXA, repite la prueba en la misma fase del ciclo. Es el método en el que se han descrito pequeñas diferencias de grasa estimada entre fases, por lo que los autores recomiendan comparar siempre mediciones de la misma fase [5].
  3. Valora tendencias, no datos sueltos. Compara la evolución durante varias semanas o ciclos completos. Una oscilación de unos cientos de gramos entre la menstruación y la fase lútea, como la observada en el estudio, entra dentro de lo esperable [1].
  4. No ajustes la dieta por un cambio de peso de pocos días. Si el objetivo es perder grasa, la referencia debe ser la tendencia y no la báscula de un día concreto; en la guía de pérdida de grasa en mujeres explicamos cómo plantearlo.

Aplicar este tipo de evidencia a mujeres reales, con ciclos, síntomas y objetivos distintos, es precisamente uno de los ejes del Máster en Entrenamiento, Nutrición y Salud en la Mujer de ENFAF.

Una serie estandarizada aporta más información que una medición suelta.

Limitaciones del estudio

La principal limitación es el tamaño de la muestra. Aunque participaron 21 mujeres, algunos análisis incluyeron menos personas, y la muestra quedó por debajo de las 28 participantes estimadas inicialmente para detectar diferencias en el metabolismo en reposo. Esto reduce la capacidad para identificar cambios pequeños.

La fase ovulatoria y la fase lútea se programaron mediante test urinarios de LH, pero no se confirmó la ovulación ni la situación hormonal con análisis de sangre. Es una limitación relevante, porque las revisiones señalan precisamente la falta de confirmación de la ovulación como una de las causas de los resultados contradictorios en este campo [2,3]. El metabolismo en reposo se midió una sola vez en cada fase y el periodo de reposo previo no se estandarizó por completo. Por último, la ingesta se evaluó mediante registros autodeclarados, que pueden contener errores de recuerdo o registro [1].

Los resultados se refieren a mujeres físicamente activas, de 20 a 35 años, con ciclos regulares y sin anticoncepción hormonal reciente. No deben generalizarse sin más a mujeres con ciclos irregulares, usuarias de anticonceptivos hormonales, personas sedentarias o grupos de edad distintos. Harán falta estudios con más participantes, confirmación hormonal y mediciones repetidas en cada fase para determinar si los cambios observados son consistentes y qué importancia práctica tienen.

Preguntas frecuentes sobre el ciclo menstrual y el metabolismo

¿Aumenta el metabolismo durante la fase lútea?

Algunos estudios han descrito un pequeño aumento del gasto energético en reposo en la fase lútea, pero los resultados no son uniformes. En el estudio analizado, los promedios fueron numéricamente mayores en la fase lútea media, pero la diferencia no fue estadísticamente significativa [1].

¿Cuántas calorías más se gastan en la fase lútea?

En los estudios recientes que sí detectan un aumento, la diferencia se sitúa entre unas 30 y 120 kcal al día, en torno a un 3-5 % del metabolismo en reposo [3]. Otros trabajos no encuentran ninguna diferencia [1,4]. Es una variación pequeña, que puede quedar dentro del error de medida y de la variabilidad de un día a otro.

¿Se queman más calorías con la regla?

No hay datos que lo respalden. La menstruación coincide con la fase folicular temprana, y en el estudio analizado fue la fase con el metabolismo en reposo medio más bajo, aunque sin diferencias significativas respecto a las demás [1]. El posible aumento que describen algunas revisiones corresponde a la fase lútea, es decir, a los días previos a la regla [2,3].

¿Es normal pesar más durante la menstruación?

El peso puede variar a lo largo del ciclo. En este estudio, el promedio fue algo mayor en la fase folicular temprana, pero los resultados no permiten establecer un patrón universal. Las variaciones pueden relacionarse con cambios de hidratación y no necesariamente con cambios de grasa corporal.

¿Cambia el porcentaje de grasa corporal durante el ciclo?

En este estudio no se detectaron diferencias significativas en el porcentaje de grasa corporal ni en la masa libre de grasa. Las estimaciones de bioimpedancia pueden verse influidas por el agua corporal y las condiciones de medición.

¿Hay que comer más carbohidratos en una fase concreta?

Este estudio encontró una diferencia en la ingesta registrada de carbohidratos entre la fase folicular temprana y la lútea media, pero no demuestra que todas las mujeres necesiten comer más carbohidratos en una fase concreta. Las necesidades dependen, entre otros factores, de la carga de entrenamiento y del contexto individual.

¿Cuándo conviene medir el peso o la composición corporal?

Para interpretar tendencias, resulta útil repetir las mediciones en condiciones parecidas y valorar varios registros en lugar de basarse en un dato aislado. Si se compara la composición corporal, conviene tener presente que el estado de hidratación puede influir especialmente en la bioimpedancia y, en el caso de la DXA, repetir la prueba en la misma fase del ciclo [5].

Publicación revisada por:

Dra. Rut López Osca

Dra. Rut López Osca

Doctora en Ciencias del Deporte, especializada en ejercicio, envejecimiento y salud cardiovascular con enfoque en salud femenina.

Bibliografía

  1. Wagner M, Wagner A, Löfberg I, Farkašová N, Zlámal F, Hurtová A, et al. Menstrual cycle phase is associated with changes in body weight, bioimpedance, and carbohydrate intake, but not in resting metabolic rate in physically active females. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2026;36(6):678-686. doi:10.1123/ijsnem.2026-0015.
  2. Benton MJ, Hutchins AM, Dawes JJ. Effect of menstrual cycle on resting metabolism: a systematic review and meta-analysis. PLoS One. 2020;15(7):e0236025. doi:10.1371/journal.pone.0236025.
  3. Hurtová A, Gimunová M, Beníčková M. Resting metabolic rate fluctuations across the menstrual cycle: a systematic review. Front Physiol. 2026;17:1778735. doi:10.3389/fphys.2026.1778735.
  4. Kuikman MA, McKay AKA, Minahan C, Harris R, Elliott-Sale KJ, Stellingwerff T, et al. Effect of menstrual cycle phase and hormonal contraceptives on resting metabolic rate and body composition. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2024;34(4):207-217. doi:10.1123/ijsnem.2023-0193.
  5. Thompson BM, Hillebrandt HL, Sculley DV, Barba-Moreno L, Janse de Jonge XAK. The acute effect of the menstrual cycle and oral contraceptive cycle on measures of body composition. Eur J Appl Physiol. 2021;121(11):3051-3059. doi:10.1007/s00421-021-04771-9.
  6. Tucker JAL, McCarthy SF, Bornath DPD, Khoja JS, Hazell TJ. The effect of the menstrual cycle on energy intake: a systematic review and meta-analysis. Nutr Rev. 2025;83(3):e866-e876. doi:10.1093/nutrit/nuae093.
  7. Rogan MM, Black KE. Dietary energy intake across the menstrual cycle: a narrative review. Nutr Rev. 2023;81(7):869-886. doi:10.1093/nutrit/nuac094.
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