
Cuando el tiempo para entrenar es limitado, es normal preguntarse qué conviene priorizar: ¿hacer ejercicio más intenso, acumular más minutos a la semana o elegir una modalidad concreta? Si además tienes SOP y el objetivo es cuidar la salud, no solo cambiar el peso, la respuesta se vuelve menos sencilla.
El síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP; polyendocrine metabolic ovarian syndrome, PMOS, en inglés) es el nuevo nombre del síndrome del ovario poliquístico, conocido hasta ahora como SOP. La denominación cambió en 2026 para reflejar mejor la naturaleza endocrina y metabólica de una condición que también puede tener manifestaciones reproductivas, dermatológicas y psicológicas [5,6]. Explicamos el cambio en detalle en de SOP a SOMP; aquí nos centramos en el ejercicio.
La guía internacional recomienda intervenciones de estilo de vida para las mujeres con SOMP, pero no señala una única dieta o modalidad de ejercicio como la mejor para todas [2]. Una revisión sistemática y metaanálisis en red publicada en 2026 en Human Reproduction Update comparó distintas intervenciones y estudió sus efectos sobre varios indicadores cardiometabólicos, con 43 ensayos aleatorizados y 2.433 participantes [1]. Analizamos qué encontró, qué añade otra revisión de 2026 y cómo se traduce todo ello en una semana de entrenamiento.
Respuesta rápida: el ejercicio mejora marcadores de salud metabólica en el SOP (SOMP), como la cintura, la insulina en ayunas o el colesterol HDL, aunque el peso no cambie de forma clara. Ninguna modalidad (aeróbico, HIIT, fuerza, combinado o prácticas mente-cuerpo) ha demostrado ser la mejor en todos los resultados, y la certeza de la evidencia es baja o muy baja. La guía internacional recomienda elegir la actividad según preferencias y objetivos, con la referencia general de 150-300 minutos semanales de actividad moderada (o 75-150 vigorosa) y fuerza al menos dos días por semana.
SOMP y salud metabólica: conceptos para entender los estudios
El SOMP puede expresarse de distintas formas. Algunas personas presentan alteraciones del ciclo menstrual o signos relacionados con el exceso de andrógenos; otras pueden tener también cambios metabólicos, como alteraciones en la glucosa, la insulina, los lípidos o la distribución de la grasa corporal. No todas tienen el mismo perfil ni los mismos factores de riesgo. Si quieres repasar qué es, cómo se diagnostica y cómo se trata, lo explicamos en la guía del síndrome de ovario poliquístico.
Uno de los conceptos que aparece en las revisiones es la resistencia a la insulina: una situación en la que los tejidos responden menos a la acción de esta hormona y el organismo lo compensa produciendo más. El índice HOMA-IR se calcula a partir de la glucosa y la insulina en ayunas y se utiliza en investigación como una estimación indirecta de esa resistencia (puedes calcularlo con nuestra calculadora del índice HOMA-IR).
Conviene matizar su alcance. El HOMA-IR no equivale por sí solo a un diagnóstico. La guía internacional señala que los análisis de insulina disponibles tienen una utilidad clínica limitada y no recomienda medirlos de forma rutinaria en todas las mujeres con SOMP. Para valorar el estado glucémico, recomienda considerar la prueba de tolerancia oral a la glucosa de 75 gramos, con independencia del IMC [2].
Qué estudió la revisión sistemática y metaanálisis en red
Los autores buscaron ensayos aleatorizados sobre intervenciones de estilo de vida en mujeres diagnosticadas con la condición que los estudios todavía denominan SOP o PCOS. La búsqueda abarcó cinco bases de datos hasta el 9 de junio de 2026 e incluyó 43 estudios y 2.433 participantes. La edad media fue de unos 28 años y el IMC medio, de aproximadamente 34,6 kg/m² [1].
Los 16 resultados se agruparon en cinco áreas: medidas corporales, regulación de la glucosa y la insulina, perfil lipídico, inflamación y presión arterial. En la red de ejercicio se incluyeron entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), ejercicio aeróbico, entrenamiento combinado, entrenamiento de fuerza y prácticas mente-cuerpo, como yoga, taichí o pilates. En la red de alimentación se analizaron patrones como la dieta mediterránea, la cetogénica, la DASH, las dietas altas en proteína y las bajas en grasa, entre otros [1].
Cómo funciona un metaanálisis en red
Un metaanálisis convencional suele combinar estudios que comparan directamente una intervención con otra o con un grupo de control. Un metaanálisis en red también incorpora comparaciones indirectas: por ejemplo, estima cómo se relacionan dos intervenciones que no se han comparado entre sí, pero que sí se han estudiado frente a un control común.
Esto amplía las comparaciones posibles, pero no convierte cada resultado en un ensayo directo entre dos tratamientos. Los rankings que genera el modelo ordenan las intervenciones según la probabilidad estimada de ocupar ciertas posiciones para cada resultado. Un puesto alto en ese ranking no demuestra por sí solo que una intervención sea superior a las demás. Además, en este estudio las intervenciones dietéticas y las de ejercicio se analizaron en redes separadas, de modo que la revisión no permite concluir que una dieta concreta sea superior a una modalidad de ejercicio.

Los grupos de comparación también importan
Los comparadores no fueron idénticos en ambas redes. En la de alimentación se utilizó como referencia una dieta hipocalórica; en la de ejercicio, controles como la atención habitual, la ausencia de intervención o el mantenimiento del estilo de vida. Por tanto, comparar una dieta con el control hipocalórico no equivale a compararla con no hacer ningún cambio [1].
¿Puede el ejercicio mejorar la salud metabólica aunque el peso no cambie?
En la revisión, ninguna modalidad de ejercicio mostró un efecto creíble sobre el peso corporal. Sin embargo, algunas se asociaron con cambios en otras medidas. El ejercicio combinado (aeróbico más fuerza) se relacionó con una reducción del IMC de 0,98 kg/m² y el HIIT, con una reducción de cintura de 2,11 cm. El ejercicio aeróbico, el HIIT y las prácticas mente-cuerpo también se asociaron con cambios pequeños en la relación cintura-cadera; en el caso del aeróbico, de −0,03 [1].
Los resultados metabólicos siguieron un patrón parecido: no todas las medidas cambiaron, pero aparecieron asociaciones favorables en algunas. Las prácticas mente-cuerpo ocuparon el primer puesto para reducir el HOMA-IR, con una reducción media estimada de 0,63 puntos; el ejercicio aeróbico se relacionó con una reducción de 0,70 puntos y el HIIT, de 0,51. Son estimaciones medias del modelo, no predicciones de lo que ocurrirá en cada persona [1].
En el perfil lipídico, el HIIT y el ejercicio aeróbico se relacionaron con pequeños aumentos del colesterol HDL (en el caso del HIIT, de 0,05 mmol/l), y algunas otras categorías mostraron cambios en el LDL o los triglicéridos. El ejercicio aeróbico también se asoció con una reducción de la presión arterial sistólica de unos 3,5 mmHg. En cambio, la revisión no detectó efectos claros en todos los resultados: no encontró cambios creíbles en la masa grasa, el colesterol total, la presión arterial diastólica o la proteína C reactiva ultrasensible [1].
| Resultado | Hallazgos destacados de la revisión | Consideración |
|---|---|---|
| Peso corporal | Ninguna modalidad de ejercicio mostró un efecto creíble | El peso fue uno de varios resultados evaluados |
| IMC y cintura | El ejercicio combinado se asoció con menor IMC; el HIIT, con menor cintura | Son estimaciones medias de la red |
| HOMA-IR | Estimaciones favorables para prácticas mente-cuerpo, ejercicio aeróbico y HIIT | Es un marcador de investigación, no un diagnóstico por sí solo |
| Colesterol HDL | Pequeño aumento con HIIT y ejercicio aeróbico | Cambio modesto en valor absoluto |
| Presión arterial sistólica | Reducción con ejercicio aeróbico | Sin cambios claros en la diastólica |
Estos son marcadores intermedios. Una modificación en el HOMA-IR, la cintura o el colesterol no demuestra automáticamente que haya disminuido la incidencia de diabetes o de enfermedad cardiovascular: los ensayos evaluaron cambios en esos marcadores durante las intervenciones, no eventos clínicos a largo plazo. Para seguir la cintura en casa, la calculadora del índice cintura-cadera es una referencia sencilla, y en la guía de grasa visceral explicamos por qué esa medida importa.

¿Hay una modalidad de ejercicio mejor para el SOP?
La revisión asignó rankings a las distintas modalidades para cada resultado. Las prácticas mente-cuerpo ocuparon una posición alta en el resultado de insulina, el HIIT destacó en el HDL y el ejercicio aeróbico, en la presión arterial y la relación cintura-cadera. No hay una modalidad ganadora en todos los ámbitos [1].
El tamaño de la evidencia para algunas comparaciones también era reducido. El resultado de HOMA-IR atribuido a las prácticas mente-cuerpo, por ejemplo, se basó en solo 72 participantes y tres comparaciones. Cuando una estimación procede de pocos ensayos, puede cambiar bastante con un solo estudio nuevo [1].

HIIT frente a ejercicio continuo moderado
Un metaanálisis de 2025 comparó directamente el HIIT con el ejercicio continuo de intensidad moderada en seis ensayos aleatorizados de al menos 12 semanas. No encontró superioridad estadística de una modalidad sobre la otra en los resultados antropométricos, cardiorrespiratorios, metabólicos, lipídicos u hormonales analizados, y la certeza de la evidencia fue baja o muy baja. Sus autores concluyen que cualquiera de las dos puede recomendarse según la preferencia de cada persona [4].
Este contraste es útil porque responde a una pregunta más acotada que la revisión en red, que reúne más categorías y combina comparaciones directas e indirectas. Los estudios se complementan, pero sus resultados no son intercambiables. También desmonta una idea frecuente en redes sociales: no hay evidencia de que la alta intensidad sea perjudicial en el SOP.
¿Y el entrenamiento de fuerza?
La revisión en red incluyó el entrenamiento de fuerza como una categoría, pero sus datos no permiten definir un programa detallado de ejercicios, series, repeticiones, cargas o progresión [1]. Eso no le resta importancia: la guía internacional recomienda actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana para todas las adultas, también con SOMP [2], y el ejercicio combinado (aeróbico más fuerza) fue el que se asoció con menor IMC en la red [1]. Si quieres saber cómo se organiza, lo explicamos en la guía de entrenamiento de fuerza en mujeres.
Qué significa la dosis de ejercicio propuesta
Además de comparar modalidades, los autores exploraron la relación entre la dosis semanal de ejercicio y los resultados. El rango de 480-1.012 MET-minutos por semana presentó el mayor solapamiento entre los beneficios predichos para varios indicadores. Para algunos resultados lipídicos, el modelo relacionó los cambios favorables con una intensidad de 7,2-9,4 MET, sesiones de 60 minutos, tres veces por semana, durante 13-17 semanas [1].
Los MET-minutos combinan la intensidad de una actividad, expresada en equivalentes metabólicos (MET), con el tiempo dedicado a ella. De forma sencilla, permiten resumir cuánto ejercicio se acumula a la semana teniendo en cuenta tanto la duración como la intensidad. La revisión describe el rango general como una referencia aproximada equivalente a tres o cuatro sesiones semanales de 25-40 minutos a intensidad moderada o vigorosa; la cifra vinculada a los lípidos corresponde a otra combinación de variables y no debe mezclarse con ese rango como si fueran una sola receta [1].
El rango no debe leerse como una dosis óptima demostrada para cada persona. La relación dosis-respuesta se estimó a partir de características agregadas de los estudios, no de datos individuales, y los autores advierten que las curvas y los rangos son exploratorios, no umbrales definitivos ni prescripciones [1].

Qué aporta la evidencia sobre alimentación y estilo de vida
En la red de alimentación, la dieta cetogénica se asoció con una reducción del IMC de 2,61 kg/m² y de la cintura de 5,74 cm frente al comparador. Sin embargo, esas estimaciones procedían de solo dos estudios y 86 participantes, y el grupo de comparación ya seguía una dieta hipocalórica [1]. El resultado no demuestra que la cetogénica sea la mejor opción para todas las mujeres con SOMP ni que supere a una alimentación saludable adaptada a cada persona; la guía internacional tampoco identifica una composición dietética superior [2].
Otra revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 comparó intervenciones de estilo de vida con controles mínimos o ausencia de tratamiento en 34 estudios y 1.871 participantes. Las mujeres que siguieron estas intervenciones tuvieron más probabilidad de conseguir ciclos menstruales regulares (cinco estudios, 237 mujeres) y redujeron la cintura en unos 2,4 cm, la glucosa en ayunas y la insulina en ayunas. En el análisis por subgrupos, el ejercicio fue lo que más se asoció con la reducción de cintura e insulina, y la dieta, con la de glucosa. La heterogeneidad entre estudios fue elevada en muchos resultados [3].
Este dato es relevante porque amplía la mirada más allá de los marcadores metabólicos: el estilo de vida también se relacionó con la regularidad menstrual. Aun así, esta revisión agrupaba las intervenciones de otra manera y sus controles no eran los de la revisión en red, así que sus resultados no deben leerse como una comparación directa entre dieta y ejercicio [3].
Qué recomienda la guía internacional para el SOMP
La guía de referencia es la publicada en 2023
La guía internacional de práctica clínica se publicó en 2023, antes de que se adoptara el nombre SOMP, por lo que su título y sus recomendaciones hablan de síndrome del ovario poliquístico. El cambio de nombre se formalizó en 2026 y no significa que las recomendaciones de estilo de vida se hayan revisado de nuevo [2,5]. En este artículo empleamos SOMP para referirnos a la condición y mantenemos en la bibliografía los títulos originales de los estudios, aunque utilicen SOP o PCOS.
El estilo de vida aborda más objetivos que la pérdida de peso
La guía recomienda intervenciones de estilo de vida para mejorar la salud metabólica, incluida la adiposidad central y el perfil lipídico. También plantea objetivos más amplios: promover la salud general y la calidad de vida, apoyar una composición corporal saludable y facilitar el mantenimiento del peso, prevenir su aumento o, cuando sea pertinente, lograr una pérdida modesta [2].
La guía reconoce que puede haber beneficios aunque no se pierda peso. Por eso, el progreso no debería juzgarse solo con la báscula: también cuentan la actividad física, la condición física, la salud metabólica y el bienestar. En quienes tienen un peso más elevado, el manejo del peso puede formar parte de los objetivos, pero debe adaptarse a cada caso [2].
No hay una dieta ni una modalidad de ejercicio universalmente superior
En alimentación, la guía concluye que no hay evidencia suficiente para recomendar una composición dietética concreta por encima de las demás para los resultados antropométricos, metabólicos, hormonales, reproductivos o psicológicos. Plantea que el patrón de alimentación sea saludable, sostenible y compatible con las preferencias y objetivos de cada persona, evitando propuestas innecesariamente restrictivas o desequilibradas [2].
En actividad física señala que tampoco hay evidencia suficiente para afirmar que un tipo o una intensidad de ejercicio sean mejores que otros, y recomienda adaptar la actividad a los objetivos, preferencias y circunstancias individuales: la experiencia, el tiempo disponible y la posibilidad de mantener el plan [2].
Las recomendaciones de actividad física son las de la población adulta
Para orientar la cantidad de actividad, la guía remite a las recomendaciones generales para adultos: hacer algo es mejor que no hacer nada, conviene reducir el tiempo sedentario y acumular actividad durante la semana. Como referencia, plantea entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa o una combinación equivalente, más actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Para promover beneficios adicionales, como una pérdida de peso modesta o evitar recuperarlo, describe volúmenes mayores [2].
Esas cifras son recomendaciones generales de salud; no son una dosis óptima demostrada específicamente para el SOMP, ni deben confundirse con el rango exploratorio de la revisión en red. La recomendación incluye también reducir el sedentarismo: sustituir parte del tiempo sentada por movimiento, incluso de intensidad ligera, puede aportar beneficios [2]. Si te interesa este punto, lo tratamos en qué es peor: fumar, no hacer ejercicio o el sedentarismo.

La guía contempla seguimiento, apoyo y preferencias
Las intervenciones de estilo de vida pueden incorporar estrategias conductuales como fijar objetivos, hacer seguimiento, resolver barreras y planificar cómo mantener los cambios. La adherencia no depende solo de «tener fuerza de voluntad»: también influyen el apoyo disponible, las circunstancias sociales, las preferencias, la experiencia previa y la adecuación del plan. La guía propone acordar objetivos y prioridades con cada persona y tener en cuenta el estigma relacionado con el peso, para que el seguimiento no reduzca la salud a una cifra [2].
La guía también recomienda valorar factores cardiometabólicos
El enfoque de la guía no se limita al ejercicio o la alimentación. Recomienda evaluar el riesgo cardiovascular en todas las mujeres con SOMP, realizar un perfil lipídico en el momento del diagnóstico independientemente de la edad o el IMC y medir la presión arterial cada año y cuando se planifica un embarazo o se busca tratamiento de fertilidad. En cuanto a la glucemia, recomienda valorarla en el diagnóstico y repetir la evaluación cada uno a tres años según los factores de riesgo individuales, considerando la sobrecarga oral de 75 gramos como la prueba más precisa [2].
Estas recomendaciones sitúan el ejercicio dentro de una estrategia de salud más amplia. El entrenamiento puede ser una parte importante del abordaje, pero no sustituye la evaluación clínica de los factores de riesgo ni el seguimiento sanitario indicado.

Cómo organizar el ejercicio si tienes SOP (SOMP)
Con la evidencia disponible, lo más sólido no es elegir «el mejor ejercicio», sino construir una semana que cumpla las recomendaciones generales, incluya fuerza y se pueda mantener. Estos pasos ayudan a hacerlo:
- Parte de lo que ya haces. Si ahora no entrenas, cualquier aumento de actividad cuenta. Empieza por dos o tres sesiones semanales y ve sumando tiempo de forma gradual.
- Elige la actividad aeróbica que prefieras. Caminar a paso rápido, bicicleta, natación o intervalos (HIIT) han mostrado efectos favorables en distintos marcadores, y ninguno ha demostrado ser superior al resto [1,4]. La referencia es llegar a 150-300 minutos moderados o 75-150 vigorosos a la semana [2].
- Incluye fuerza al menos dos días, con ejercicios para los grandes grupos musculares y una progresión gradual de la carga [2].
- Si te encajan, añade prácticas mente-cuerpo como yoga o pilates. Se asociaron con mejoras en el HOMA-IR, aunque con pocos datos [1].
- Reduce el tiempo sentada con pausas activas y desplazamientos a pie [2].
- Mide algo más que el peso: cintura, condición física, regularidad del ciclo y, con tu equipo sanitario, los marcadores analíticos.
Una semana que cumpla estas pautas podría combinar, por ejemplo, dos sesiones de fuerza de cuerpo completo, dos o tres sesiones aeróbicas de 30-40 minutos (una de ellas en forma de intervalos, si te gusta ese formato) y caminatas diarias. Es una forma de aplicar las recomendaciones, no una prescripción estudiada específicamente en el SOMP. Si necesitas ideas para organizar fuerza y cardio en los mismos días, tienes la guía de cómo combinar fuerza y cardio en una semana.

Qué limita las conclusiones
La principal cautela es la calidad de los ensayos incluidos en la revisión en red. En la evaluación del riesgo de sesgo, 28 de los 43 estudios (el 65,1 %) se clasificaron con alto riesgo, 11 presentaron algunas preocupaciones y solo cuatro se valoraron con bajo riesgo. La certeza de muchas comparaciones fue baja o muy baja [1].
Los estudios se repartían entre numerosas modalidades y 16 resultados, de modo que algunas comparaciones quedaron apoyadas por pocos ensayos o participantes, lo que puede hacer inestables ciertas estimaciones y rankings. La información sobre los fenotipos del SOMP estaba disponible en pocos ensayos, así que no se pudo analizar si los resultados varían según la forma de presentación de la condición. Y la muestra tenía un IMC medio elevado, lo que invita a ser prudentes al generalizar a mujeres con perfiles distintos [1].
Por último, los estudios midieron sobre todo marcadores cardiometabólicos y medidas corporales durante periodos de intervención variables. No responden por sí solos a cuáles son los efectos de cada modalidad a largo plazo ni a su impacto en eventos clínicos como desarrollar diabetes o enfermedad cardiovascular. Con todo, la revisión de 2026 reduce parte de la incertidumbre que describía la guía de 2023, pero sus rankings y rangos de dosis aún no justifican sustituir las recomendaciones individualizadas por una prescripción universal [1,2].

Preguntas frecuentes sobre ejercicio y SOP
¿Qué ejercicios hacer cuando tienes SOP?
La combinación más respaldada por las recomendaciones es actividad aeróbica (moderada, vigorosa o en intervalos) y entrenamiento de fuerza al menos dos días por semana. Ninguna modalidad ha demostrado ser superior en todos los resultados, por lo que conviene elegir la que puedas mantener [1,2].
¿Es malo el HIIT si tienes SOP?
No hay evidencia de que lo sea. El HIIT se asoció con una menor cintura y un pequeño aumento del HDL en la revisión en red, y frente al ejercicio continuo moderado no mostró ni ventaja ni desventaja clara [1,4].
¿El ejercicio sirve aunque no pierda peso?
Sí. En la revisión en red, ninguna modalidad de ejercicio cambió de forma clara el peso, pero varias se asociaron con mejoras en la cintura, la insulina, el HDL o la presión arterial. La guía internacional también reconoce beneficios sin pérdida de peso [1,2].
¿Cuánto ejercicio a la semana se recomienda con SOMP?
La guía remite a las recomendaciones generales para adultos: 150-300 minutos de actividad moderada o 75-150 de vigorosa a la semana, más fuerza al menos dos días. El rango de 480-1.012 MET-minutos de la revisión de 2026 es exploratorio y no una dosis demostrada [1,2].
¿El ejercicio puede ayudar a regular el ciclo menstrual?
Una revisión de 2026 encontró que las intervenciones de estilo de vida, que incluyen ejercicio, dieta o ambos, se asociaron con más probabilidad de ciclos regulares frente a ningún tratamiento, aunque con pocos estudios y alta heterogeneidad [3]. Ante cambios en el ciclo, la valoración debe hacerla tu equipo sanitario.
¿SOP y SOMP son lo mismo?
Sí. SOMP (síndrome ovárico metabólico poliendocrino) es el nuevo nombre del SOP desde 2026. Es la misma condición, con una denominación que refleja mejor su componente endocrino y metabólico [5,6].
Publicación revisada por:
Referencias
- Zhang X, Liang Z, Sabag A, Patten R, Kang Y, Yin M, et al. Lifestyle interventions for cardiometabolic health in women with polycystic ovary syndrome: a systematic review and network meta-analysis. Hum Reprod Update. 2026;dmag032. doi:10.1093/humupd/dmag032.
- Teede HJ, Tay CT, Laven JJE, Dokras A, Moran LJ, Piltonen TT, et al. Recommendations from the 2023 International Evidence-based Guideline for the Assessment and Management of Polycystic Ovary Syndrome. Hum Reprod. 2023;38(9):1655-1679. doi:10.1093/humrep/dead156.
- Olalere O, Koh MD, Crabb K, Ajijola O, Tariq S, Tay CT, et al. The effect of lifestyle interventions in women with polyendocrine metabolic ovarian syndrome: a systematic review and meta-analysis. PLoS Med. 2026;23(9):e1004887. doi:10.1371/journal.pmed.1004887.
- Zhao Y, Long Y, Zhu H, He R, Chen Y, Li J. High-intensity interval training versus moderate-intensity continuous training for polycystic ovary syndrome: a meta-analysis of randomized controlled trials. Front Endocrinol (Lausanne). 2025;16:1672257. doi:10.3389/fendo.2025.1672257.
- Teede HJ, Khomami MB, Morman R, Laven JSE, Joham AE, Costello MF, et al; Global Name Change Consortium. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. Lancet. 2026;407(10545):2329-2339. doi:10.1016/S0140-6736(26)00717-8.
- MedlinePlus. Síndrome ovárico metabólico poliendocrino [Internet]. Bethesda (MD): National Library of Medicine (US); [citado 14 oct 2026]. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000369.htm.
