De SOP a SOMP: el consenso internacional que redefine el síndrome de ovario poliquístico

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El 12 de mayo de 2026, la revista The Lancet publicó el consenso global que oficializa el cambio de denominación del Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) por el de Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP).

Tras catorce años de trabajo, la participación de 56 organizaciones académicas, clínicas y de pacientes, y más de 14.000 respuestas de profesionales sanitarios y pacientes de todo el mundo, la decisión reposiciona la enfermedad como un trastorno endocrino-metabólico sistémico, no como una afección primariamente ovárica.

El presente artículo revisa los fundamentos del cambio, su base científica y sus implicaciones clínicas y formativas para profesionales del entrenamiento, la nutrición y la salud de la mujer.

Un nombre que no describía la enfermedad

El término «ovario poliquístico» arrastra un error histórico. Implica la presencia de quistes ováricos patológicos cuando, en realidad, lo que se observa en la imagen ecográfica son folículos detenidos en su maduración, no quistes en el sentido anatomopatológico del término.1

Esta imprecisión nominal ha tenido consecuencias clínicas concretas. Según los autores del consenso, el término PCOS resultaba inexacto al implicar la presencia de quistes ováricos patológicos, oscureciendo las diversas características endocrinas y metabólicas de la condición, y contribuyendo al retraso diagnóstico, a la atención fragmentada, al estigma y a un encuadre deficiente en investigación y políticas sanitarias.1

La condición afecta aproximadamente a 170 millones de mujeres en el mundo —una de cada ocho— y permanece infradiagnosticada en hasta el 70 % de las pacientes.1,2 El infradiagnóstico no es un detalle menor: implica que millones de mujeres conviven durante años con un cuadro metabólico activo sin recibir el seguimiento ni el tratamiento adecuados.

Un consenso construido con metodología sin precedentes

El proceso, liderado por la profesora Helena Teede en la Universidad de Monash (Australia), se ha extendido durante once años y ha integrado las opiniones de aproximadamente 22.000 personas: médicos, investigadores, pacientes y asociaciones de pacientes.2

La gobernanza del proyecto contó con la participación de 56 organizaciones académicas, clínicas y de pacientes. Se utilizaron encuestas globales iterativas —con 14.360 respuestas de mujeres con la condición y profesionales sanitarios multidisciplinares de todas las regiones del mundo—, métodos Delphi modificados, técnicas de grupo nominal en talleres y análisis de marketing e implementación.1

Los principios rectores del consenso fueron explícitos: precisión científica, claridad, evitación del estigma, adecuación cultural y viabilidad de implementación.1 Un elemento metodológico especialmente relevante es la incorporación de las pacientes en condición de paridad con la comunidad científica, lo que constituye un cambio de paradigma respecto al modelo tradicional de investigación clínica.

Fundamentos biológicos del nuevo nombre

El acrónimo SOMP no es una elección semántica arbitraria. Refleja con mayor precisión la fisiopatología real de la condición:

  • Poliendocrino: la condición está sustentada por múltiples alteraciones hormonales que interactúan entre sí —en la producción de andrógenos, en la señalización de insulina, en la regulación de hormonas ováricas y en la función neuroendocrina—, no por un trastorno ovárico aislado.1
  • Metabólico: la disfunción metabólica constituye un rasgo central del cuadro clínico.
  • Ovárico: se mantiene como una de las manifestaciones, sin reducir la condición a un problema reproductivo.

La resistencia a la insulina como rasgo central

La evidencia metabólica que sustenta el nuevo encuadre es contundente. Un meta-análisis de estudios con clamp euglucémico-hiperinsulinémico —considerado el método de referencia para la medición de la sensibilidad a la insulina— reportó una reducción inherente del 27 % en la sensibilidad a la insulina en pacientes con la condición, de manera independiente al índice de masa corporal (IMC).3 La obesidad agrava el cuadro metabólico, pero la resistencia a la insulina está presente también en mujeres con normopeso.

La prevalencia de resistencia a la insulina medida por clamp se sitúa entre el 56 % y el 95 % de las mujeres con la condición.4 Esta heterogeneidad se explica por las diferencias en criterios diagnósticos y fenotipos, pero el rango refleja con claridad que el componente metabólico no es accesorio: es central.

Implicaciones clínicas del cambio de denominación

La adopción del término SOMP obliga a recolocar la enfermedad en su lugar fisiopatológico real, con consecuencias directas para la práctica clínica:

  • Riesgo cardiometabólico: las pacientes presentan un riesgo aumentado de diabetes tipo 2, dislipemia, hipertensión y eventos cardiovasculares, lo que exige seguimiento metabólico longitudinal.1,5
  • Atención multidisciplinar: el cuadro implica salud endocrina, metabólica, reproductiva, dermatológica y psicológica, lo que requiere coordinación entre endocrinología, ginecología, nutrición, ejercicio físico, dermatología y salud mental.1
  • Reducción del estigma: el antiguo nombre vinculaba la enfermedad casi exclusivamente al ámbito reproductivo, generando una carga emocional especialmente intensa en contextos culturales donde la fertilidad tiene un peso social elevado. El nuevo término es biológico y descriptivo, lo que contribuye a desestigmatizar la condición.1
  • Implementación global: la recategorización conlleva actualizaciones en guías clínicas, formación médica y sistemas internacionales de clasificación de enfermedades, con previsión de adopción consistente en las guías que se actualizarán en los próximos años y que se utilizan en 195 países.1

Intervención no farmacológica: ejercicio y nutrición como pilares terapéuticos

Si la condición es metabólica antes que ginecológica, la intervención sobre los hábitos de vida deja de ser un complemento para convertirse en un pilar terapéutico de primera línea. Tanto las guías internacionales como la evidencia acumulada respaldan este planteamiento.

Ejercicio físico

La 2023 International Evidence-Based Guideline for the Assessment and Management of Polycystic Ovary Syndrome recomienda un mínimo de 150 a 300 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, o 75 a 150 minutos de intensidad vigorosa, junto con entrenamiento de fuerza al menos dos días no consecutivos a la semana.5

La revisión sistemática y meta-análisis de Patten y colaboradores identificó que el ejercicio aeróbico de intensidad vigorosa produce las mayores mejoras en parámetros de salud, y que el entrenamiento de fuerza muestra mejoras prometedoras en el índice de andrógenos libres (FAI) y en el HOMA-IR.6 Estudios posteriores con metodología de meta-análisis en red confirman que el entrenamiento combinado (aeróbico + fuerza) y el HIIT producen mejoras significativas sobre la resistencia a la insulina y otros marcadores cardiometabólicos.7

La traslación clínica de estos hallazgos es directa: la mujer con SOMP no debe ser orientada únicamente al ejercicio aeróbico continuo de baja intensidad. El entrenamiento de fuerza tiene un papel central en la mejora de la sensibilidad a la insulina, en el control de los andrógenos y en la preservación de la masa magra.

Nutrición

Las guías internacionales no establecen un único patrón dietético óptimo, pero la evidencia se inclina hacia patrones de bajo índice glucémico, antiinflamatorios y ricos en fibra.5,8 La dieta mediterránea ha sido especialmente estudiada en este contexto: ha demostrado reducir el riesgo de enfermedad cardiometabólica y atenuar síntomas depresivos en pacientes con alteraciones metabólicas, con mecanismos sustentados en componentes bioactivos antiinflamatorios como carotenoides, polifenoles y ácidos grasos poliinsaturados n-3.8

Una revisión sistemática reciente sobre intervenciones de estilo de vida concluyó que las dietas de bajo índice glucémico, ricas en fibra y ácidos grasos omega-3, así como los patrones mediterráneo, antioxidante y antiinflamatorio, mejoran la sensibilidad a la insulina y el equilibrio hormonal en mujeres con la condición.9 La actividad física, tanto aeróbica como de fuerza, refuerza estos efectos sobre la sensibilidad a la insulina, la pérdida de peso y los resultados metabólicos y reproductivos.9

En la práctica clínica esto se traduce en protocolos individualizados, énfasis en patrones sostenibles, prioridad de la calidad alimentaria sobre las restricciones agresivas, e integración de la intervención nutricional con el entrenamiento de fuerza.

Implicaciones formativas para el profesional de la salud y el entrenamiento

El cambio de denominación no es un trámite académico. Es una señal clara para el conjunto del sector: la atención al SOMP exige conocimiento técnico actualizado en fisiología hormonal femenina, metabolismo, intervención nutricional basada en evidencia y prescripción de ejercicio adaptada al perfil clínico de la paciente.

Los profesionales que trabajan con mujeres —dietistas-nutricionistas, entrenadores personales, preparadores físicos, fisioterapeutas— necesitan integrar este marco actualizado en su práctica. La condición ya no puede abordarse como un problema ginecológico aislado, ni puede gestionarse mediante recomendaciones genéricas de restricción calórica y ejercicio cardiovascular.

En este contexto, ENFAF imparte el Máster en Entrenamiento, Nutrición y Salud en la Mujer, una titulación universitaria de 60 ECTS avalada por la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), que incluye un módulo específico dedicado al abordaje del SOP/SOMP desde la nutrición deportiva, el entrenamiento de fuerza, la suplementación con respaldo científico y el acompañamiento individualizado más allá del enfoque farmacológico.

Mirar bien lo que llevábamos décadas mirando mal

Cambiar el nombre de una enfermedad que afecta a una de cada ocho mujeres en el mundo no es un trámite académico. Es reconocer públicamente que el marco conceptual previo era insuficiente y comprometerse a corregirlo en consulta, en investigación y en formación.

El paso de SOP a SOMP traslada la conversación clínica desde el ovario hacia el sistema endocrino-metabólico en su conjunto, y sitúa la intervención sobre estilo de vida —ejercicio y nutrición— en el lugar que la evidencia ya le reconocía: el de pilar terapéutico de primera línea. Para los profesionales de la salud, el entrenamiento y la nutrición, el reto es claro: actualizar conocimientos, integrar evidencia y ofrecer a las mujeres con SOMP un abordaje que esté a la altura de lo que la ciencia indica desde hace tiempo.

Referencias bibliográficas

  1. Teede HJ, Tay CT, Mousa A, Brennan L, Boyle JA, Dokras A, et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. Lancet. 2026. doi:10.1016/S0140-6736(26)00717-8
  2. Lawrence L. PCOS is now called PMOS. The renaming process lasted a decade. STAT News. 12 de mayo de 2026. Disponible en: https://www.statnews.com/2026/05/12/pcos-now-called-pmos-polyendocrine-metabolic-ovarian-syndrome/
  3. Cassar S, Misso ML, Hopkins WG, Shaw CS, Teede HJ, Stepto NK. Insulin resistance in polycystic ovary syndrome: a systematic review and meta-analysis of euglycaemic-hyperinsulinaemic clamp studies. Hum Reprod. 2016;31(11):2619-31. doi:10.1093/humrep/dew243
  4. Stepto NK, Cassar S, Joham AE, Hutchison SK, Harrison CL, Goldstein RF, et al. Women with polycystic ovary syndrome have intrinsic insulin resistance on euglycaemic-hyperinsulaemic clamp. Hum Reprod. 2013;28(3):777-84. doi:10.1093/humrep/des463
  5. Teede HJ, Tay CT, Laven JJE, Dokras A, Moran LJ, Piltonen TT, et al. Recommendations from the 2023 International Evidence-based Guideline for the Assessment and Management of Polycystic Ovary Syndrome. Fertil Steril. 2023;120(4):767-93. doi:10.1016/j.fertnstert.2023.07.025
  6. Patten RK, Boyle RA, Moholdt T, Kiel I, Hopkins WG, Harrison CL, et al. Exercise Interventions in Polycystic Ovary Syndrome: A Systematic Review and Meta-Analysis. Front Physiol. 2020;11:606. doi:10.3389/fphys.2020.00606
  7. Kite C, Lahart IM, Afzal I, Broom DR, Randeva H, Kyrou I, et al. Exercise, or exercise and diet for the management of polycystic ovary syndrome: a systematic review and meta-analysis. Syst Rev. 2019;8(1):51. doi:10.1186/s13643-019-0962-3
  8. Mei S, Ding J, Wang K, Ni Z, Yu J. Mediterranean Diet Combined With a Low-Carbohydrate Dietary Pattern in the Treatment of Overweight Polycystic Ovary Syndrome Patients. Front Nutr. 2022;9:876620. doi:10.3389/fnut.2022.876620
  9. Shele G, Genkil J, Speelman D. A Systematic Review of the Effects of Exercise on Hormones in Women with Polycystic Ovary Syndrome. J Funct Morphol Kinesiol. 2020;5(2):35. doi:10.3390/jfmk5020035

Publicación revisada por:

Dra. Rut López Osca

Dra. Rut López Osca

Doctora en Ciencias del Deporte, especializada en ejercicio, envejecimiento y salud cardiovascular con enfoque en salud femenina.

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