
En culturismo, pocas cosas se simplifican tanto como las fases de volumen y definición: primero comes más para ganar músculo y después recortas calorías para perder grasa. Pero cuando hablamos de definición extrema en culturismo —la que separa a un competidor de élite del resto— la realidad es mucho más compleja de lo que sugieren las diferencias entre las fases de volumen y definición.
Un culturista de élite no solo cambia de peso entre una fase y otra. También cambia la apariencia del músculo, su grosor, su estado interno, su contenido de agua, su almacenamiento de glucógeno y, probablemente, la forma en la que cada grupo muscular responde al estrés de la preparación.
Y esto es justo lo que ha analizado un reciente estudio de caso publicado en el Journal of Strength and Conditioning Research (Rosaci et al., 2026) (1), donde se evaluó a un culturista profesional de categoría Open, clasificado para el Mr. Olympia, comparando su físico en fase de volumen y en fase de definición.
Lo interesante no es solo que perdiera peso. Lo realmente llamativo es que los investigadores analizaron qué ocurrió dentro del músculo mediante ecografía de ultrasonido, observando cambios en el grosor muscular y en la intensidad de eco corregida, un indicador que puede aportar información sobre el estado interno del tejido muscular.
En este artículo vamos a analizar qué encontró exactamente este estudio, qué le ocurrió al músculo del atleta durante la definición y por qué estos resultados pueden cambiar la forma de entender la preparación competitiva en culturismo.
Qué es este estudio y por qué es único en el culturismo profesional
El culturismo de competición lleva décadas perfeccionando sus métodos de preparación. El problema es que, hasta ahora, gran parte de la información disponible se ha centrado en variables como el peso corporal, los pliegues cutáneos, los perímetros o la composición corporal estimada. Todas ellas son útiles, pero no cuentan toda la historia.
Dos atletas pueden pesar lo mismo, tener pliegues similares y, aun así, presentar un estado muscular completamente distinto. Uno puede estar lleno, hidratado y con buenas reservas de glucógeno. Otro puede estar vacío, plano y sometido a un gran estrés metabólico.
Un nuevo artículo científico publicado el 12 de mayo de 2026 abre una nueva forma de interpretar estos cambios: según los autores, este sería uno de los primeros estudios en comparar de forma sistemática la composición corporal y la arquitectura muscular de un culturista profesional de élite en sus dos fases clave —la fase de volumen (off-season) y la fase de definición (in-season)— diez días antes de competir.
Es un estudio de caso de un único atleta de categoría Open. Aporta un nivel de detalle excepcional, pero sus resultados no son directamente generalizables a cualquier persona ni representan la práctica del culturismo natural.
Lo que hace a este trabajo verdaderamente excepcional no es solo el perfil del atleta —un competidor clasificado para el Mr. Olympia de la IFBB en la categoría Open— sino la herramienta utilizada: la ecografía de ultrasonido muscular. Una tecnología que permite ver dentro del músculo y observar su calidad con una precisión que ninguna báscula ni calibrador de pliegues puede igualar.
Un análisis con ecografía muscular en un culturista clasificado para el Mr. Olympia
El protagonista del estudio fue un culturista profesional de 38 años, competidor de la categoría Open y clasificado para el Mr. Olympia. Esto no es un detalle menor.
La categoría Open representa el extremo más alto del desarrollo muscular competitivo. Son atletas con niveles de masa muscular muy superiores a los de la población general e incluso a los de culturistas de otras categorías. Por eso, estudiar a un atleta de este nivel ofrece una oportunidad muy poco habitual: observar qué ocurre cuando un cuerpo humano ya extremadamente musculado pasa por una fase de definición avanzada.
Objetivo: ir más allá del peso corporal y los pliegues cutáneos
El problema con las métricas tradicionales es que son ciegas al estado interno del músculo. Un atleta puede haber perdido varios kilos en la fase de definición y presentar pliegues similares a los de otro competidor, pero encontrarse en un estado muscular radicalmente diferente: uno con el músculo lleno, hidratado y con reservas de glucógeno óptimas; el otro con un músculo más vacío, con menor disponibilidad de glucógeno y agua intramuscular, y sometido a un mayor estrés metabólico.
Para ello, los investigadores no solo observaron el peso corporal o los pliegues cutáneos, sino también dos variables musculares especialmente relevantes: el grosor muscular y la intensidad de eco corregida.
Metodología: cómo se diseñó el estudio
El trabajo fue un estudio de caso con medidas repetidas. Es decir, no se analizó a un grupo grande de culturistas, sino a un único atleta de élite. Esto limita la capacidad de generalizar los resultados, pero también permite estudiar con mucho detalle un perfil muy difícil de encontrar en investigación.
Se evaluó al atleta en dos fases: la fase de volumen y la fase de definición, esta última 10 días antes de competir. En ambos momentos se analizaron datos de dieta, entrenamiento, composición corporal, perímetros, pliegues cutáneos y arquitectura muscular.
Perfil del atleta: culturista Open, 38 años y 128,7 kg
El atleta tenía 38 años, una altura de 176 cm y un peso inicial de 128,7 kg durante la fase de volumen. Además, contaba con 25 años de experiencia en entrenamiento y había competido en varias ediciones del Mr. Olympia dentro de la categoría Open.
La fase de definición se evaluó cuando el atleta pesaba 122,3 kg, apenas 10 días antes de competir. Es decir, el estudio comparó un momento de gran desarrollo muscular en volumen con una fase muy cercana al estado competitivo.
Dieta en volumen vs definición: de 5.620 a 3.140 kcal
La diferencia nutricional entre ambas fases es extraordinaria. En la fase de volumen, el atleta consumía 5.620 kilocalorías diarias, con una ingesta de 850 gramos de carbohidratos. Al pasar a la fase de definición, la ingesta calórica se redujo un 44 %, quedando en 3.140 kcal/día. La reducción recayó casi íntegramente sobre los hidratos de carbono, que bajaron a 320 gramos diarios.
Lo más llamativo del protocolo nutricional es lo que no cambió: la proteína. El atleta mantuvo una ingesta constante de 330 gramos de proteína al día en ambas fases, una estrategia deliberada para proteger la masa muscular durante el déficit calórico prolongado.
| Parámetro | Fase de volumen | Fase de definición | Variación |
|---|---|---|---|
| Calorías totales | 5.620 kcal/día | 3.140 kcal/día | −44 % |
| Carbohidratos | 850 g/día | 320 g/día | −62 % |
| Proteínas | 330 g/día | 330 g/día | Sin cambio |
Entrenamiento: misma rutina de fuerza y solo 30 minutos semanales de cardio añadidos
El programa de entrenamiento de fuerza fue idéntico en ambas fases: mismo volumen, misma intensidad, mismos ejercicios. El único cambio fue la incorporación de una sesión semanal de 30 minutos de caminata rápida durante la fase de definición. Un dato que, como veremos, tiene implicaciones prácticas importantes para cómo se entiende el cardio en la preparación competitiva.
Herramientas de medición: antropometría y ecografía de ultrasonido
Por un lado, se tomaron medidas antropométricas, como el peso corporal, los perímetros y los pliegues cutáneos. También se estimó el porcentaje de grasa corporal. Por otro lado, se utilizó ecografía de ultrasonido para analizar diferentes músculos del tren superior e inferior.
En total, se evaluaron 9 músculos: flexores del codo, tríceps braquial, pectoral mayor, trapecio superior, vasto medial, vasto lateral, bíceps femoral, gastrocnemio medial y gastrocnemio lateral. De cada zona se analizó el grosor muscular y la intensidad de eco corregida.
Resultados: qué le pasó al cuerpo y al músculo durante la definición
Los resultados muestran algo muy interesante: durante la fase de definición, el atleta perdió peso corporal y redujo el grosor muscular en todos los músculos evaluados, pero los pliegues cutáneos apenas cambiaron. Esto sugiere que, en un culturista que ya parte de niveles extremadamente bajos de grasa, el margen para seguir reduciendo tejido graso subcutáneo es muy pequeño.
Pérdida de 6,4 kg con una reducción mínima de pliegues cutáneos
Entre la fase de volumen y la fase de definición, el atleta pasó de 128,7 kg a 122,3 kg: perdió 6,4 kg de peso corporal. Sin embargo, la suma de los tres pliegues cutáneos evaluados apenas se redujo de 13,9 mm a 13,2 mm. El porcentaje graso estimado pasó de 6,1 % a 5,9 %, una diferencia mínima.
Esto tiene mucho sentido si entendemos el contexto: el atleta ya estaba extremadamente definido incluso en la fase de volumen. La gran pregunta entonces es: si pierde más de 6 kg, pero apenas baja la grasa subcutánea, ¿qué está cambiando realmente?
La respuesta parece estar en el propio músculo: gran parte del peso perdido correspondería a glucógeno muscular, agua intramuscular y, en alguna medida, tejido muscular.
Qué músculos perdieron más grosor: el catabolismo no fue uniforme
Todos los músculos evaluados redujeron su grosor durante la fase de definición. Pero no todos lo hicieron por igual. Los datos de ecografía revelaron reducciones diferenciales importantes en el grosor muscular entre los nueve músculos evaluados.
| Músculo | Reducción de grosor |
|---|---|
| Trapecio superior | −28,4 % |
| Bíceps femoral | −10,6 % |
| Vasto lateral | Notable |
| Gemelo (gastrocnemio medial) | Notable |
| Pectoral mayor | −5,8 % |
Las mayores caídas se observaron en el trapecio superior, con una reducción del 28,4 %, y en varios músculos del tren inferior, como el gastrocnemio medial, el vasto lateral y el bíceps femoral. En cambio, el pectoral mayor apenas redujo su grosor en comparación con otros grupos musculares.
Esto muestra que la definición no afecta a todo el cuerpo de manera uniforme. Algunos músculos parecen “vaciarse” o perder grosor de forma mucho más marcada, mientras que otros resisten mejor el déficit calórico. Esta diferencia podría deberse a factores como el tipo de fibras musculares, el uso de cada músculo durante el entrenamiento, el estrés acumulado, la depleción de glucógeno o la sensibilidad de cada grupo muscular a la restricción energética.
En la práctica, esto tiene una aplicación clara: durante una preparación competitiva no basta con mirar el peso corporal o los pliegues. También interesa saber qué músculos están perdiendo más volumen para ajustar la dieta, el entrenamiento, la recuperación o la puesta a punto antes de competir.
Aumento de la intensidad de eco: ¿peor calidad muscular o músculo vacío?
Otro resultado importante fue el aumento de la intensidad de eco corregida en casi todos los músculos evaluados. En condiciones normales, un aumento de la intensidad de eco se interpretaría como una peor calidad muscular, asociada a más grasa intramuscular o tejido fibroso. Pero en este caso hay que tener mucho cuidado con esa interpretación.
Durante la definición, el atleta no aumentó su grasa corporal; de hecho, la redujo ligeramente. Por tanto, no tendría sentido explicar el aumento de la intensidad de eco como una mayor infiltración grasa. Los autores plantean otra hipótesis: este aumento podría reflejar una reducción importante del glucógeno muscular y del agua intramuscular.
Dicho de forma sencilla, el músculo no necesariamente se habría vuelto “peor”, sino que podría estar más vacío y sometido a un mayor estrés metabólico. Cuando un atleta reduce mucho los carbohidratos y vacía sus depósitos de glucógeno, el músculo puede perder volumen, verse más plano y cambiar su apariencia, incluso aunque no haya una pérdida real equivalente de tejido contráctil.
Por qué la ecografía muscular aporta más información que el peso corporal
El peso corporal es una herramienta útil, pero muy limitada. Puede decirnos cuánto pesa un atleta, pero no nos dice qué parte de ese peso corresponde a grasa, masa libre de grasa, agua, glucógeno o contenido gastrointestinal. Los pliegues cutáneos aportan más información sobre la grasa subcutánea, pero tampoco explican por completo qué está pasando dentro del músculo.
Y en culturismo esto es fundamental, porque el objetivo no es simplemente pesar menos. El objetivo es llegar al escenario con el máximo equilibrio posible entre definición, tamaño muscular, separación, plenitud y apariencia estética.
Grosor muscular e intensidad de eco: qué miden y qué revelan
El grosor muscular es el diámetro del músculo en milímetros en un punto anatómico estandarizado. Si ese grosor baja durante la definición, puede reflejar una pérdida de tamaño muscular, una reducción del contenido de glucógeno y agua, o una combinación de varios factores.
La intensidad de eco se calcula a partir de la imagen ecográfica y analiza cómo el tejido muscular refleja las ondas de ultrasonido. De manera general, una menor intensidad de eco suele asociarse con una mejor calidad muscular, mientras que una mayor intensidad puede relacionarse con más tejido no contráctil, grasa intramuscular o alteraciones en el estado del músculo. Pero en culturistas extremadamente definidos, si la grasa corporal no aumenta y la intensidad de eco sí, es probable que el cambio esté relacionado con el estado energético del músculo: la depleción de glucógeno, la hidratación intramuscular o el estrés acumulado de la preparación.
Dos atletas con el mismo peso pueden estar en estados musculares muy distintos
Si imaginamos dos culturistas con el mismo peso corporal y pliegues similares, a simple vista podríamos pensar que tienen un estado físico parecido. Pero uno podría tener los músculos llenos, con buenas reservas de glucógeno y una apariencia más densa, mientras que el otro podría estar plano, depletado y con menor grosor muscular en zonas clave. El peso no detecta esa diferencia, y los pliegues tampoco lo consiguen siempre. La ecografía muscular, en cambio, puede ayudar a observar esos cambios de forma más precisa.
Esto es especialmente útil en la fase final de una preparación, donde pequeños ajustes en carbohidratos, agua, sodio, volumen de entrenamiento o descanso —lo que se conoce como peak week— pueden modificar mucho la apariencia del atleta.
Un antes y un después en la forma de monitorizar la definición extrema
Este estudio no solo muestra cuánto peso pierde un culturista de élite antes de competir. Su principal valor está en que permite entender qué ocurre dentro del músculo cuando el cuerpo se lleva a niveles extremos de masa muscular, baja grasa corporal y estrés competitivo.
- El peso corporal y los pliegues no son suficientes. Dos atletas pueden pesar lo mismo y tener pliegues similares, pero encontrarse en estados musculares completamente distintos. Herramientas como la ecografía permiten analizar no solo el grosor del músculo, sino también su estado interno mediante la intensidad de eco corregida.
- La intensidad de eco puede reflejar un músculo más vacío, no necesariamente peor. Como la grasa corporal no aumentó, ese incremento se relaciona probablemente con una reducción del glucógeno y del agua intramuscular.
- No todos los músculos responden igual al déficit calórico. Mientras el pectoral mayor apenas redujo su grosor, el trapecio superior, el bíceps femoral, el vasto lateral o el gastrocnemio medial mostraron caídas mucho más marcadas.
- La definición no dependió de grandes cantidades de cardio. El atleta solo añadió 30 minutos semanales de caminata rápida; el cambio se explicó sobre todo por el control nutricional.
- La gran aportación es la monitorización del músculo. En fases extremas, perder peso, perder grasa y perder grosor muscular no significan lo mismo, y combinar mediciones tradicionales con ecografía permite una evaluación más precisa.
En definitiva, la definición extrema en culturismo de élite no consiste solo en perder grasa: también implica gestionar el estado interno del músculo —su grosor, su hidratación, su contenido de glucógeno y su capacidad para mantener una apariencia llena cuando el cuerpo está al límite—.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es la intensidad de eco en una ecografía muscular?
Es un valor que se obtiene de la imagen ecográfica y mide cómo el tejido muscular refleja las ondas de ultrasonido. De forma general, una intensidad de eco más baja se asocia a mejor calidad muscular, y una más alta a más tejido no contráctil, grasa intramuscular o cambios en el estado del músculo. En atletas muy definidos, su interpretación debe matizarse.
¿Por qué un culturista pierde grosor muscular en definición si mantiene la proteína alta?
Porque buena parte de esa pérdida de grosor no es necesariamente tejido contráctil, sino glucógeno muscular y agua intramuscular. Al reducir mucho los carbohidratos, los depósitos de glucógeno se vacían y el músculo pierde volumen aunque la proteína se mantenga alta para proteger la masa muscular.
¿Una mayor intensidad de eco significa que el músculo es de peor calidad?
No siempre. En este estudio la grasa corporal no aumentó, por lo que el incremento de la intensidad de eco se atribuye más probablemente a un músculo más vacío de glucógeno y agua que a una pérdida real de calidad muscular.
¿Por qué el peso baja varios kilos pero los pliegues cutáneos casi no cambian?
Porque el atleta ya partía de un porcentaje de grasa extremadamente bajo. Con tan poca grasa subcutánea por perder, gran parte de los 6,4 kg perdidos correspondería a glucógeno, agua intramuscular y algo de tejido muscular, no a grasa.
¿Se puede aplicar este estudio al culturismo natural?
Con cautela. Es un estudio de caso de un atleta de categoría Open, con un nivel de desarrollo muscular muy alejado del de la población general. Las conclusiones sobre el valor de la ecografía y el comportamiento del músculo son interesantes y orientativas, pero no son una guía directa de preparación ni representan necesariamente la práctica del culturismo natural.
Publicación revisada por:
Referencias bibliográficas
- Rosaci G, Biban S, Bartolomei S. Beyond the limits of human muscle hypertrophy: a case study of a Mr. Olympia competitor bodybuilder. J Strength Cond Res. 2026. doi:10.1519/JSC.0000000000005519. https://journals.lww.com/nsca-jscr/fulltext/9900/beyond_the_limits_of_human_muscle_hypertrophy__a.971.aspx