
La creatina no ha demostrado causar cáncer. Esa es la respuesta corta. Sin embargo, dos investigaciones publicadas en 2026 han vuelto a abrir el debate al observar efectos aparentemente opuestos: mientras un estudio relaciona la suplementación con una mayor capacidad metastásica en modelos animales, otro sugiere que la creatina puede reforzar determinadas funciones del sistema inmunitario contra los tumores.
¿Cómo puede una misma sustancia aparecer en un artículo como posible aliada del cáncer y en otro como posible herramienta para combatirlo?
La explicación está en una idea que suele perderse cuando un estudio científico se convierte en titular: la creatina no actúa únicamente sobre el músculo ni produce el mismo efecto en todas las células. Su papel puede cambiar según el tipo celular, el tumor, la fase de la enfermedad y el modelo experimental utilizado.
Por eso, afirmar que “la creatina provoca cáncer” es incorrecto. Pero concluir que estos hallazgos no tienen ninguna importancia también sería precipitado. Vamos a ver qué se ha estudiado realmente, qué sabemos en humanos y qué preguntas siguen abiertas.
Antes de empezar: ¿qué es la creatina?
La creatina es un compuesto que el organismo produce de manera natural, principalmente en el hígado, los riñones y el páncreas. También se obtiene a través de alimentos como la carne y el pescado.
Una gran parte se almacena en el músculo en forma de creatina y fosfocreatina. Allí participa en la regeneración rápida de ATP, la principal “moneda energética” de las células. Esta función explica para qué sirve la creatina en el deporte: la suplementación puede mejorar el rendimiento en esfuerzos breves y de alta intensidad y favorecer las adaptaciones al entrenamiento de fuerza.
En personas sanas, la creatina monohidrato es uno de los suplementos deportivos más estudiados. Las dosis habituales de mantenimiento se sitúan alrededor de 3–5 gramos diarios, aunque también pueden utilizarse fases de carga de aproximadamente 20 gramos al día durante varios días (1,2).
Ahora bien, que su seguridad esté bien documentada en población sana no significa que conozcamos con el mismo nivel de certeza todos sus efectos en cualquier enfermedad. El cáncer no es una única patología, sino un conjunto de enfermedades con biología, metabolismo y evolución muy diferentes.
¿La creatina causa cáncer?
Con la evidencia disponible, no hay pruebas de que la suplementación con creatina inicie un cáncer en humanos.
Es importante diferenciar dos procesos:
- La carcinogénesis es el proceso por el que una célula normal se transforma en cancerosa.
- La metástasis ocurre cuando células de un tumor ya existente se desprenden, circulan por la sangre o el sistema linfático y colonizan otros tejidos.

El nuevo estudio de Xie y colaboradores no investigó si la creatina transforma células sanas en tumorales. Su pregunta era distinta: si la suplementación puede modificar ciertas células del huésped y facilitar la supervivencia y propagación de células tumorales que ya están circulando (3).
Por tanto, sus resultados no permiten decir que la creatina “provoque cáncer desde cero”. Lo que plantean es una posible influencia sobre una fase concreta de la progresión tumoral.
El estudio que relaciona creatina y metástasis: ¿qué descubrió realmente?
En julio de 2026, Xie y colaboradores publicaron en Nature Communications una investigación sobre los efectos de la creatina exógena en los megacariocitos y las plaquetas (3).
Los megacariocitos son células de la médula ósea que producen las plaquetas. Aunque estas últimas son conocidas sobre todo por su papel en la coagulación, también pueden intervenir en la metástasis. Cuando una célula tumoral entra en el torrente sanguíneo, las plaquetas pueden adherirse a ella y crear una especie de escudo que la protege frente a las fuerzas mecánicas de la circulación y la vigilancia del sistema inmunitario. También pueden facilitar su salida del vaso sanguíneo y su llegada a otro órgano.
Los investigadores observaron que la creatina aumentaba su concentración dentro de los megacariocitos y activaba una vía molecular formada por la creatina quinasa B y STAT5B. Como consecuencia, los megacariocitos generaban plaquetas más reactivas, con una mayor expresión de receptores como GP6 y P2Y12.

En ratones, estas plaquetas hiperactivas protegieron mejor a las células tumorales circulantes y favorecieron la formación de metástasis pulmonares en varios modelos tumorales, entre ellos el melanoma. Además, el bloqueo genético del transportador de creatina o de STAT5B en los megacariocitos, así como la inhibición farmacológica de STAT5, anuló este efecto, lo que refuerza la plausibilidad del mecanismo propuesto (3).
El estudio es interesante precisamente por esto: no se limita a observar una asociación, sino que explora una cadena causal concreta en modelos experimentales.
¿Qué ocurrió en la parte del estudio realizada con humanos?
Aquí está uno de los matices más importantes.
El estudio incluyó a 11 personas jóvenes y sanas, hombres y mujeres, que tomaron 20 gramos de creatina al día durante 14 días. Se trata de una dosis de carga, superior a los 3–5 gramos diarios utilizados habitualmente como mantenimiento.
Después de la suplementación, los investigadores observaron una mayor reactividad plaquetaria ante algunos estímulos. Sin embargo:
- los participantes no tenían cáncer;
- no desarrollaron cáncer durante el estudio;
- no se observó metástasis en seres humanos;
- el ensayo duró únicamente dos semanas.
Para estudiar la capacidad metastásica de esas plaquetas, los investigadores las aislaron antes y después de la suplementación y las inyectaron, junto con células de melanoma murino, en ratones inmunodeficientes. Las plaquetas obtenidas tras tomar creatina se asociaron con una mayor carga metastásica pulmonar en esos animales (3).
Por tanto, la parte humana demuestra una posible hiperreactividad de las plaquetas tras una pauta concreta de suplementación. El efecto sobre la metástasis, en cambio, volvió a comprobarse en ratones. Decir que el estudio demostró que la creatina aumenta la metástasis en personas sería ir más allá de sus resultados.

Principales limitaciones del estudio
El trabajo es sólido como estudio mecanístico, pero presenta limitaciones importantes para trasladar sus conclusiones a la práctica clínica:
- La muestra humana fue muy pequeña. Participaron solo 11 personas sanas y algunos análisis moleculares se realizaron en cuatro de ellas.
- No se estudió a pacientes con cáncer. Los propios autores reconocen que las personas de mayor edad o con enfermedad oncológica pueden responder de forma diferente.
- La intervención fue corta y utilizó una dosis de carga. No sabemos si 3–5 gramos diarios durante meses o años producirían el mismo cambio plaquetario ni cuál sería su relevancia clínica.
- Gran parte de los experimentos simuló la circulación tumoral mediante la inyección intravenosa de células cancerosas. Este diseño permite estudiar su supervivencia en sangre y la colonización pulmonar, pero no reproduce todas las fases naturales de una metástasis.
- No hubo cegamiento y no se realizó un cálculo estadístico previo del tamaño muestral. Así lo indican los autores en la metodología.
- El estudio se centró sobre todo en una etapa concreta de la cascada metastásica. No permite conocer el balance total de la creatina sobre el tumor primario, el sistema inmunitario, otros tejidos y los diferentes pasos de la progresión tumoral.
En otras palabras, el artículo descubre una señal biológica que no debería ignorarse, pero todavía no demuestra un aumento del riesgo de metástasis en personas que toman creatina.
Entonces, ¿por qué otro estudio afirma que la creatina puede ayudar contra el cáncer?
Otro trabajo publicado en 2026, esta vez en iScience, estudió el efecto de la creatina sobre las células dendríticas (4). Estas células actúan como una especie de sistema de vigilancia: capturan antígenos tumorales y se los presentan a los linfocitos T para activar una respuesta inmunitaria contra el tumor.
Kang y colaboradores observaron que las células dendríticas presentes en el tumor aumentaban la expresión del transportador de creatina SLC6A8. Cuando podían captar creatina, mantenían mejor sus niveles de ATP, sobrevivían y se activaban con mayor eficacia. Por el contrario, las células dendríticas de ratones sin ese transportador mostraban una menor activación y una peor capacidad para estimular linfocitos T CD8+ (4).
En un modelo murino de melanoma B16-OVA, la administración de creatina redujo el crecimiento tumoral y aumentó la presencia y activación de determinadas células dendríticas dentro del tumor. Los investigadores también trataron en el laboratorio células dendríticas obtenidas de monocitos humanos y observaron una mayor activación y capacidad para estimular linfocitos T.
Pero este estudio tampoco demuestra un beneficio clínico en pacientes:
- el efecto sobre el crecimiento del tumor se observó en un único modelo de melanoma en ratones;
- la administración utilizada en los animales fue intraperitoneal;
- las células humanas se estudiaron in vitro;
- no se suplementó a pacientes ni se evaluaron respuestas tumorales, metástasis o supervivencia en seres humanos.
Los propios autores señalan como limitación principal que sus resultados dependen fundamentalmente de un solo modelo tumoral subcutáneo y que deben confirmarse en modelos más diversos y fisiológicamente representativos (4).
¿Se contradicen ambos estudios?
No necesariamente. Estudian células diferentes y fases distintas del cáncer.
En el trabajo de Xie y colaboradores, la creatina actúa sobre los megacariocitos y genera plaquetas más reactivas que podrían ayudar a las células tumorales cuando ya circulan por la sangre (3). En el de Kang y colaboradores, la creatina sostiene la energía de las células dendríticas y mejora su capacidad para activar una respuesta inmunitaria antitumoral (4).
Una comparación sencilla sería pensar en la creatina como una fuente de apoyo energético. Ese apoyo no tiene una dirección moral: puede favorecer la función de una célula inmunitaria que combate el tumor, pero también puede ser aprovechado por células o procesos que contribuyen a su progresión.
La evidencia previa ya apuntaba en ambas direcciones. En 2019 se observó que la captación de creatina era importante para la actividad antitumoral de los linfocitos T CD8+ (5). En cambio, un estudio de 2021 mostró que la creatina podía favorecer la metástasis en determinados modelos tumorales mediante la activación de SMAD2/3 en las células cancerosas (6). También se han descrito efectos favorables sobre macrófagos antitumorales y posibles beneficios en modelos de caquexia, mientras que otros trabajos han identificado componentes del metabolismo de la creatina que pueden ser aprovechados por ciertos tumores (7,8).
La conclusión no es que un estudio sea verdadero y el otro falso. La conclusión es que el efecto de la creatina parece depender del contexto biológico.

¿Qué dice hasta ahora la evidencia clínica en pacientes con cáncer?
Esta es la pregunta decisiva, porque los mecanismos celulares y los experimentos con ratones sirven para generar hipótesis, pero no sustituyen a los ensayos clínicos.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 reunió cinco ensayos aleatorizados con un total de 373 pacientes con cáncer: 190 recibieron creatina y 183, placebo (9). Tres estudios incluyeron enfermedad no metastásica y dos estudiaron principalmente casos avanzados. La mayoría de los participantes estaba recibiendo tratamiento oncológico.
El análisis no encontró mejoras significativas en masa magra, fuerza o función física. Sí observó una posible reducción de la masa grasa, aunque los autores piden interpretarla con cautela por el escaso número de estudios y su heterogeneidad. Tampoco identificó problemas relevantes de seguridad. Sin embargo, esta última conclusión debe leerse con prudencia: solo tres ensayos informaron sobre seguridad y únicamente uno aportó datos de supervivencia, sin observar un impacto de la creatina. Además, las poblaciones, dosis y duraciones fueron heterogéneas (9).
Esto significa que los ensayos realizados hasta ahora no muestran una señal clínica clara de daño, pero tampoco tienen el tamaño ni el seguimiento necesarios para descartar efectos sobre la progresión o la supervivencia con un alto grado de certeza.
También existen estudios observacionales de la encuesta estadounidense NHANES en los que una mayor ingesta dietética de creatina se ha asociado con una menor prevalencia de cáncer (10,11). Estos datos tampoco prueban que la creatina proteja frente al cáncer. La creatina procedente de la dieta puede estar vinculada a muchos otros factores, y un estudio transversal no permite establecer qué ocurrió primero ni demostrar causalidad. Además, consumir creatina mediante los alimentos no equivale necesariamente a utilizar un suplemento en dosis concentradas.

¿De dónde nació el miedo a que la creatina fuera cancerígena?
Una parte de la preocupación procede de hipótesis formuladas hace décadas sobre la posible formación de compuestos mutagénicos o carcinógenos.
La creatina y la creatinina presentes en la carne pueden participar en la formación de aminas heterocíclicas cuando el alimento se cocina a temperaturas elevadas. Sin embargo, este proceso culinario no equivale a ingerir creatina monohidrato disuelta en agua.
Además, los estudios disponibles en humanos no han mostrado que la suplementación aumente de forma significativa la formación de las aminas heterocíclicas analizadas, incluso al comparar pautas agudas y crónicas y dosis bajas y altas (12). Otro trabajo tampoco encontró un aumento sistemático de la excreción urinaria de N-nitrososarcosina tras la suplementación (13).
Por tanto, la evidencia actual no respalda que la creatina sea un carcinógeno en humanos. Esto es distinto de investigar si, una vez que existe un tumor, su metabolismo puede influir de forma positiva o negativa en determinadas células.
¿La creatina aumenta el riesgo de cáncer de testículo?
Es la otra gran fuente de alarma cuando se habla de creatina y cáncer. Procede de un estudio de casos y controles publicado en 2015 en el British Journal of Cancer, realizado con hombres de Connecticut y Massachusetts (14).
Los investigadores compararon a hombres con cáncer testicular de células germinales con hombres sin la enfermedad y les preguntaron por el uso previo de suplementos para ganar músculo, como polvos y comprimidos con creatina, proteína o androstenediona. Quienes declararon haberlos utilizado presentaban una probabilidad un 65 % mayor de haber desarrollado el tumor (odds ratio de 1,65). La asociación era más intensa en tres situaciones:
- cuando el consumo empezó a los 25 años o antes (odds ratio de 2,21);
- cuando se combinaban varios tipos de suplementos (odds ratio de 2,77);
- cuando el uso se mantenía durante tres años o más (odds ratio de 2,56).
El dato llama la atención, pero conviene leerlo con sus límites:
- Es un estudio observacional. Muestra una asociación, pero no demuestra que los suplementos causen el cáncer.
- El consumo se recogió mediante entrevista. Los participantes recordaban y declaraban lo que habían tomado, con los posibles errores de memoria que eso implica.
- No aísla la creatina. El análisis agrupaba muchos productos distintos, y varios combinaban creatina con proteína u otros ingredientes.
- No descarta contaminantes ni otras sustancias. Algunos suplementos para ganar músculo pueden contener ingredientes hormonales, y tampoco puede excluirse el uso paralelo de esteroides anabolizantes (15).
Los propios autores plantearon la asociación como una hipótesis que debía confirmarse en estudios futuros. Años después, investigadores del mismo grupo señalaron que hay poca evidencia de que la creatina o la proteína sean carcinógenas en su forma pura y que la relación observada podría explicarse por alteraciones hormonales asociadas a otros ingredientes o contaminantes de estos productos (15).
La lectura práctica es sencilla: si se toma creatina, mejor elegir creatina monohidrato como ingrediente único y desconfiar de los productos «para ganar músculo» con fórmulas poco transparentes. En adolescentes la prudencia debe ser mayor; lo explicamos en nuestra guía sobre creatina en niños y adolescentes.
¿Debería dejar de tomar creatina una persona sana?
Los nuevos estudios no aportan evidencia suficiente para recomendar que la población general sana abandone la creatina.
El trabajo sobre plaquetas detecta un mecanismo que merece confirmación, especialmente porque la fase humana utilizó 20 gramos diarios durante 14 días. Pero no evaluó incidencia de cáncer, metástasis ni mortalidad en usuarios sanos. Tampoco sabemos todavía si el mismo efecto aparece con dosis de mantenimiento de 3–5 gramos, cuál es su duración o si se traduce en un riesgo clínico real.
Así que el mensaje razonable no es “la creatina causa cáncer”, sino este: se ha identificado un posible efecto plaquetario con implicaciones oncológicas que debe estudiarse mejor.
Eso no significa que sea adecuada para todo el mundo. Las revisiones de seguridad aconsejan precaución en personas con enfermedad renal previa y durante el embarazo, situaciones en las que la evidencia es escasa (2). Este último caso lo analizamos en detalle en nuestro artículo sobre creatina en el embarazo.
¿Y si una persona tiene cáncer o antecedentes oncológicos?
Aquí la prudencia debe ser mayor.
La evidencia clínica disponible no permite afirmar que la creatina empeore el cáncer, pero tampoco justifica recomendarla de manera general a todos los pacientes. El balance podría depender del tipo y estadio tumoral, el riesgo trombótico, el tratamiento recibido, la presencia de caquexia y el objetivo de la suplementación.
Por eso, una persona con cáncer activo, enfermedad metastásica, riesgo elevado de trombosis o tratamiento oncológico no debería empezar, aumentar ni retirar la creatina únicamente a partir de un titular. La decisión debe individualizarse con el equipo de oncología y, cuando proceda, con profesionales de nutrición clínica y ejercicio oncológico, que también pueden orientar sobre la alimentación durante la quimioterapia.
La creatina tampoco debe utilizarse como tratamiento contra el cáncer. Los resultados sobre células dendríticas son preclínicos y no demuestran que tomar un suplemento reduzca tumores en pacientes.

Ni causa cáncer ni podemos ignorar el nuevo hallazgo
La evidencia disponible no demuestra que la creatina provoque cáncer en personas sanas. El estudio de 2026 publicado en Nature Communications tampoco responde a esa pregunta: identifica un mecanismo por el que una dosis de carga puede aumentar la reactividad de las plaquetas y favorecer la metástasis en modelos animales cuando ya existen células tumorales circulantes.
Al mismo tiempo, otra investigación del mismo año muestra que la creatina puede apoyar la función de células dendríticas y reforzar respuestas inmunitarias antitumorales en modelos preclínicos.
Estas dos caras no se anulan. Nos recuerdan que el cáncer no depende de una sola célula y que una misma molécula puede producir efectos diferentes dentro de un sistema biológico complejo.
La conclusión más honesta hoy es la siguiente:
- en personas sanas, no hay evidencia clínica de que la creatina cause cáncer y este nuevo estudio no obliga a abandonar su uso;
- en pacientes con cáncer, no existe base suficiente para recomendarla o prohibirla de forma universal;
- en investigación, el posible efecto sobre las plaquetas y la metástasis requiere ensayos clínicos específicos antes de modificar recomendaciones generales.
Leer ciencia exige resistirse a dos impulsos igual de cómodos: convertir un experimento con ratones en una alarma para todo el mundo o descartarlo porque todavía no se ha confirmado en humanos. Entre ambos extremos está lo que realmente sabemos. Y también todo lo que todavía falta por conocer.
Preguntas frecuentes sobre creatina y cáncer
¿La creatina puede provocar cáncer?
Actualmente no hay evidencia de que la creatina provoque cáncer en humanos. Los estudios que han generado preocupación investigan si puede influir en la progresión o la metástasis de un tumor ya existente, no si transforma una célula sana en cancerosa.
¿La creatina aumenta el riesgo de metástasis?
Un estudio de 2026 observó que la suplementación favorecía la metástasis en varios modelos con ratones mediante la hiperactivación de las plaquetas (3). Sin embargo, no se ha demostrado que la creatina aumente las metástasis en pacientes. La parte realizada con humanos solo detectó cambios en la actividad plaquetaria.
¿La creatina provoca cáncer de testículo?
No hay pruebas de que la creatina pura lo provoque. Un estudio de 2015 asoció el uso de suplementos para ganar músculo con un mayor riesgo de cáncer testicular, pero era observacional, no aislaba la creatina y no podía descartar ingredientes hormonales, contaminantes ni el uso de esteroides (14,15).
¿Qué dosis de creatina se utilizó en el estudio de 2026?
Los 11 participantes sanos tomaron 20 gramos diarios durante 14 días. Es una dosis de carga elevada y mantenida durante más tiempo que los protocolos habituales de carga de 5–7 días. El estudio no permite saber si una dosis diaria de mantenimiento de 3–5 gramos produciría el mismo efecto.
¿Debo dejar de tomar creatina si estoy sano?
El estudio no aporta evidencia suficiente para recomendar que las personas sanas abandonen la creatina. No evaluó la aparición de cáncer, metástasis ni mortalidad en usuarios del suplemento. Sí identifica un posible efecto sobre las plaquetas que tendrá que investigarse en muestras más amplias y con dosis habituales.
¿Puedo tomar creatina si tengo cáncer?
No existe una respuesta universal. Los ensayos clínicos disponibles no han identificado una señal clara de daño, pero son pocos, heterogéneos y ofrecen información limitada sobre seguridad y supervivencia (9). La decisión debe valorar el tipo y estadio del cáncer, el tratamiento, el riesgo de trombosis y el objetivo de la suplementación junto con el equipo médico.
¿Y si tuve cáncer, pero actualmente estoy en remisión?
Tener antecedentes oncológicos no implica automáticamente que la creatina esté contraindicada. Aun así, la conveniencia de utilizarla debe individualizarse según el tipo de tumor, el tiempo transcurrido, los tratamientos recibidos y la situación clínica actual. Lo adecuado es consultarlo antes con oncología.
¿La creatina puede utilizarse para tratar el cáncer?
No. Algunos estudios preclínicos indican que puede reforzar determinadas respuestas inmunitarias antitumorales, pero esto no demuestra que la suplementación reduzca tumores o mejore la supervivencia en pacientes. La creatina no sustituye ningún tratamiento oncológico.
¿La creatina puede aumentar el riesgo de trombosis?
El estudio de Xie y colaboradores detectó una mayor reactividad de las plaquetas tras la suplementación, pero no evaluó la aparición de trombosis en los participantes. Por ahora no puede concluirse que la creatina aumente el riesgo de sufrir un evento trombótico. Esta cuestión necesita estudios clínicos específicos, especialmente en personas que ya presentan un riesgo elevado.
¿Es lo mismo obtener creatina de los alimentos que tomarla como suplemento?
La molécula es la misma, pero la exposición no es equivalente. La carne y el pescado aportan cantidades más pequeñas dentro de una matriz alimentaria, mientras que un suplemento permite ingerir varios gramos de forma concentrada. Por eso, las asociaciones observadas con la creatina dietética no pueden trasladarse directamente a la suplementación.
Publicación revisada por:
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