Síndrome del intestino irritable (SII): síntomas, subtipos y manejo nutricional

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El síndrome del intestino irritable (SII), conocido popularmente como colon irritable, es uno de los trastornos digestivos más frecuentes y, a la vez, uno de los más incomprendidos. Muchas personas conviven durante años con dolor abdominal, hinchazón, gases, diarrea o estreñimiento sin entender realmente qué está ocurriendo en su cuerpo.

En este contexto, es habitual escuchar explicaciones simplistas como «es por estrés» o, en el extremo opuesto, buscar soluciones rápidas que prometen una cura definitiva. La realidad es más compleja. El SII no es una enfermedad estructural —no hay una lesión visible en pruebas como una colonoscopia—, sino un trastorno funcional: el intestino está intacto a nivel anatómico, pero no funciona de forma óptima (1).

Hoy sabemos que el intestino mantiene una comunicación constante con el sistema nervioso, el sistema inmune, las hormonas y la microbiota. Por eso, factores como el estrés, las emociones, el sueño o la alimentación pueden influir directamente en los síntomas. El colon irritable es, de hecho, una de las causas más concretas dentro del amplio abanico de problemas digestivos funcionales.

En esta guía analizamos, con un enfoque basado en la evidencia, qué es realmente el SII, cuáles son sus subtipos y síntomas, por qué aparece, cómo se diagnostica y qué estrategias nutricionales y terapéuticas tienen sentido para manejarlo, alejándonos tanto de los mitos como de la medicalización innecesaria.

Qué es el síndrome del intestino irritable

El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional digestivo caracterizado por dolor abdominal recurrente asociado a cambios en el ritmo intestinal (diarrea, estreñimiento o ambos) e hinchazón, sin que exista una lesión estructural visible en pruebas como la colonoscopia o la analítica estándar.

La palabra clave es funcional: la persona tiene síntomas reales y limitantes, pero las pruebas médicas convencionales no muestran una enfermedad evidente (1). Una forma sencilla de entenderlo es imaginar el intestino como un sistema de alarma demasiado sensible: estímulos normales —como la presencia de gas o el movimiento intestinal— se perciben como molestos o dolorosos. El problema no es tanto lo que ocurre, sino cómo se interpreta y se gestiona.

Qué es el síndrome del intestino irritable

El SII no es un diagnóstico «de descarte sin importancia», sino una entidad bien definida que responde a un enfoque estructurado.

SII frente a enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa

Es fundamental no confundir el SII con la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. En la EII el intestino está inflamado y dañado: existe una lesión visible en el tejido, detectable en pruebas, que requiere tratamiento específico. En el SII, en cambio, no hay ese daño estructural. Por eso las pruebas pueden salir normales aunque los síntomas sean muy reales.

SII frente a SIBO

Otra confusión frecuente es entre el SII y el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado). El SII describe un patrón de síntomas; el SIBO describe un mecanismo o condición subyacente. Pueden coexistir, pero no son equivalentes: no todas las personas con SII tienen SIBO, ni todas las que tienen SIBO cumplen criterios de SII. Más adelante veremos por qué el SIBO es, aun así, una de las causas más relevantes del colon irritable.

Subtipos de SII

No todas las personas con colon irritable presentan los mismos síntomas. El SII se clasifica en subtipos según el patrón predominante de las deposiciones, y esta distinción tiene implicaciones prácticas: el enfoque nutricional y terapéutico no será el mismo en todos los casos.

SubtipoPatrón principalCaracterísticas
SII-D (con diarrea)Tránsito aceleradoHeces blandas o líquidas, urgencia, hinchazón y gases
SII-E / SII-C (con estreñimiento)Tránsito lentoHeces duras o fragmentadas, esfuerzo y sensación de evacuación incompleta
SII-M (mixto)AlternanciaEpisodios de diarrea y estreñimiento que se alternan sin patrón claro
SII postinfecciosoTras una infecciónAparece después de una gastroenteritis; el intestino queda hipersensible durante meses

Cada paciente puede tener síntomas y desencadenantes distintos, por lo que no existe un único patrón universal. En el caso del SII postinfeccioso, aunque la infección haya desaparecido, el intestino puede haber «aprendido» a reaccionar de forma exagerada y mantener los síntomas durante mucho tiempo.

Subtipos de SII

Síntomas del colon irritable

El SII se caracteriza por un conjunto de síntomas muy frecuentes pero variables de una persona a otra. Más que una lista cerrada, lo importante es entender el patrón que siguen.

Dónde duele el colon irritable

El síntoma central es el dolor abdominal recurrente. Suele localizarse en la zona inferior del abdomen, aunque puede aparecer en distintas áreas. No es un dolor fijo: cambia de intensidad y de localización, a menudo mejora tras la evacuación y se acompaña de distensión o hinchazón, especialmente después de comer.

Otros síntomas digestivos frecuentes

Además del dolor, el SII suele acompañarse de:

  • Cambios en el ritmo intestinal (diarrea, estreñimiento o alternancia).
  • Gases y sensación de abdomen inflado.
  • Sensación de evacuación incompleta.

Estos síntomas fluctúan con el tiempo, con periodos de mayor intensidad («brotes») y fases más estables, y suelen empeorar tras las comidas o en situaciones de estrés.

Signos de alarma (banderas rojas)

Existen señales que no son típicas del colon irritable y que obligan a una evaluación médica más profunda para descartar otras patologías.

Pérdida de peso no explicada, sangre en heces, anemia, síntomas que despiertan por la noche o el inicio del cuadro a edades avanzadas no encajan con el SII y deben ser valorados por un profesional.

Síntomas más allá de la digestión

Cuando la mucosa intestinal está comprometida y la microbiota desequilibrada, las consecuencias pueden extenderse a otros sistemas:

  • Malabsorción y déficits nutricionales: un aumento de la permeabilidad intestinal puede afectar a la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E, K), especialmente cuando coexiste con SIBO (5), y de minerales como hierro, zinc o magnesio.
  • Eje intestino-piel: la inflamación de bajo grado y la alteración de la barrera intestinal se han relacionado con brotes cutáneos como dermatitis, psoriasis o eczemas en personas predispuestas.
  • Estado de ánimo: muchas personas con SII presentan ansiedad, irritabilidad o bajo ánimo, en buena parte por la comunicación bidireccional del eje intestino-cerebro.
  • Mayor sensibilidad en contexto autoinmune: patologías como el hipotiroidismo de Hashimoto, la psoriasis o la artritis reumatoide se asocian a una mayor sensibilidad digestiva.

Causas del SII: el eje intestino-cerebro

El colon irritable no tiene una única causa. No se explica por «algo que falla en un punto concreto», sino por una alteración en cómo interactúan varios sistemas. El concepto central es el eje intestino-cerebro: una línea de comunicación bidireccional en la que el intestino informa al cerebro y el cerebro modula la función digestiva. En el SII esa comunicación no está rota, pero sí desajustada.

Causas del SII el eje intestino-cerebro

Hipersensibilidad visceral

Uno de los mecanismos más relevantes. En condiciones normales el intestino se distiende con el paso de alimentos y gases sin que lo percibamos. En el SII, esa misma distensión se interpreta como dolor. Es como tener el volumen de la alarma demasiado alto: estímulos normales se perciben como intensos.

Disbiosis intestinal

La microbiota intestinal participa en la digestión, la producción de metabolitos y la regulación inmunitaria. Cuando su equilibrio se rompe aparece la disbiosis, cada vez más relacionada con el SII: puede favorecer la fermentación, los gases, la inflamación de bajo grado y la hipersensibilidad visceral. Si quieres profundizar en el equilibrio de la microbiota y cómo cuidarla, puedes consultar nuestra guía sobre problemas digestivos.

Estrés, emociones y nervio vago

El componente emocional es clave, pero conviene entenderlo bien: no significa que el problema sea «psicológico» en sentido simplista, sino que el estrés y las emociones influyen directamente en el funcionamiento del intestino.

El intestino se conoce como «segundo cerebro» porque participa en la regulación de neurotransmisores: la mayor parte de la serotonina del organismo se sintetiza en el intestino (4). Por eso, cuando hay disbiosis, también pueden alterarse señales relacionadas con la serotonina, lo que ayuda a entender la frecuente coexistencia de síntomas digestivos y emocionales.

El nervio vago es uno de los principales canales de comunicación intestino-cerebro y forma parte del sistema parasimpático, el que favorece la digestión. Cuando vivimos en estado de alerta constante predomina el sistema simpático: el cuerpo está más preparado para defenderse que para digerir. Esto explica por qué muchas personas con SII tienen digestiones más pesadas o dolor en épocas de estrés, aunque coman bien.

estrés causa sii

El estrés agudo activa el sistema simpático y acelera el tránsito, favoreciendo la diarrea. El estrés crónico mantiene el cortisol elevado, ralentiza el tránsito y se asocia más a estreñimiento o a un patrón mixto.

En pacientes con SII crónico no es raro encontrar un vínculo con experiencias emocionalmente intensas (estrés familiar en la infancia, acoso, sobrecarga laboral). En esos casos, además del abordaje físico, trabajar la regulación del sistema nervioso forma parte del tratamiento.

SIBO: una causa frecuente y sus tipos

El SIBO es un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado que produce síntomas muy parecidos al SII. De hecho, es una de las causas más frecuentes: más de un tercio de los pacientes con SII dan positivo en las pruebas de SIBO (3). Según el gas predominante, se distinguen varios tipos:

  • SIBO de hidrógeno: se asocia habitualmente a diarrea.
  • SIBO de metano: tiende a cursar con estreñimiento.
  • SIBO de sulfuro de hidrógeno: genera síntomas más variables.
tipos de sibo

El SIBO requiere un tratamiento específico antes de repoblar la microbiota: añadir probióticos sobre un intestino con sobrecrecimiento activo puede empeorar los síntomas.

Otros factores: sueño, sedentarismo, fármacos e infecciones

El estilo de vida también modula la salud intestinal. Pueden favorecer o agravar el SII el sedentarismo (ralentiza el tránsito y empeora la hinchazón), la falta de sueño, el estrés mantenido, la exposición a disruptores endocrinos, el uso frecuente de antibióticos o analgésicos y los antecedentes de gastroenteritis, intoxicaciones o parasitosis.

Dieta y sensibilidades alimentarias

La alimentación rara vez es la causa, pero sí un factor modulador clave. Los alimentos ricos en carbohidratos fermentables pueden aumentar la producción de gas y empeorar los síntomas, y algunas personas desarrollan mayor sensibilidad a ciertos alimentos por cómo responde su intestino, no necesariamente por una intolerancia clásica.

Diagnóstico del SII

El síndrome del intestino irritable no se diagnostica con una única prueba: no hay un análisis ni una imagen que lo «confirme». Se basa en criterios clínicos bien definidos apoyados en la ausencia de signos de alarma.

Criterios de Roma IV

El diagnóstico se establece principalmente con los criterios de Roma IV (2), que exigen dolor abdominal recurrente, al menos 1 día por semana en los últimos 3 meses, asociado a dos o más de los siguientes:

  • Relación del dolor con la defecación.
  • Cambios en la frecuencia de las deposiciones.
  • Cambios en la forma o consistencia de las heces.

Más que memorizar la definición, lo relevante es el patrón: en el SII el dolor está directamente relacionado con el funcionamiento intestinal.

Un diagnóstico que también descarta otras causas

Aunque el diagnóstico es clínico, en la práctica se realizan pruebas para descartar otras patologías (celiaquía, colitis, enfermedad de Crohn): analítica básica, estudios de heces y, si hay dudas o factores de riesgo, colonoscopia. Diagnosticar un SII es comprobar que el sistema funciona mal después de asegurarse de que no hay ninguna pieza rota.

Pruebas funcionales complementarias

Más allá de las pruebas que descartan enfermedad estructural, un abordaje funcional puede apoyarse en herramientas que ayudan a entender el origen del cuadro en cada persona: test de disbiosis intestinal, test de ácidos orgánicos, marcadores de permeabilidad e inflamación o una analítica ampliada (enzimas pancreáticas, función tiroidea, minerales). Su objetivo es identificar desequilibrios que estén contribuyendo a los síntomas.

Evitar el sobrediagnóstico y el infradiagnóstico

Dos errores frecuentes: atribuir todos los síntomas digestivos al SII sin valorar el contexto, o realizar pruebas innecesarias buscando una causa estructural cuando el cuadro es claramente funcional. El equilibrio está en un enfoque clínico, razonado y proporcional.

Tratamiento del colon irritable: un abordaje integral

El manejo del SII no se basa en una única intervención, sino en combinar varias estrategias que actúan sobre distintos aspectos del problema. El tratamiento convencional suele centrarse en aliviar síntomas concretos (antidiarreicos, laxantes, antiespasmódicos), lo cual es útil para el control agudo pero no aborda la causa. Un enfoque integral investiga por qué la persona ha llegado a ese estado: qué tipo de disbiosis tiene, cómo está la mucosa, cómo funciona su sistema nervioso y qué ocurre en su estilo de vida y a nivel emocional.

Tratamiento del colon irritable un abordaje integral

Comprender e intervenir sobre estos factores —digestivos, hormonales, inmunológicos y emocionales— es precisamente lo que diferencia a un profesional capaz de acompañar a un paciente con SII. En esa línea, el Máster en Nutrición Clínica Aplicada a Patologías, Endocrinología y Salud profundiza en el abordaje nutricional de las alteraciones digestivas y su relación con la salud hormonal y metabólica.

Dieta baja en FODMAP

La dieta baja en FODMAP es una de las herramientas con mayor evidencia en el SII (6). Los FODMAP son carbohidratos fermentables presentes en alimentos como el ajo, la cebolla, ciertas frutas (manzana, pera), las legumbres o algunos lácteos, que al fermentar producen gas y distensión en personas sensibles.

Es importante entender que no es una dieta para siempre. Funciona como una fase de eliminación y posterior reintroducción progresiva, con el objetivo de identificar los alimentos que generan síntomas en cada persona.

Dieta baja en FODMAP

Mantener la dieta baja en FODMAP más de 8 semanas es contraproducente: las bacterias beneficiosas también se alimentan de esas fibras, y una restricción prolongada puede empobrecer la microbiota. La dieta es un puente, no un destino.

Probióticos: cuándo ayudan y cuándo pueden empeorar

Los probióticos pueden ser útiles en algunos casos, pero no todos los productos tienen el mismo efecto: su eficacia depende de la cepa, la dosis y el perfil del paciente. Conviene distinguir entre probióticos vivos, probióticos con esporas (como Bacillus subtilis o coagulans, más seguros en presencia de SIBO) y postbióticos (metabolitos beneficiosos, bien tolerados incluso con la microbiota muy alterada). Puedes ampliar esta información en nuestra guía sobre probióticos naturales.

Introducir probióticos antes de tratar un sobrecrecimiento bacteriano puede agravar la fermentación y la hinchazón, sobre todo si hay SIBO activo. El orden importa.

Fibra: cuándo ayuda y cuándo empeora

La fibra es clave, pero también de las más malinterpretadas. En el estreñimiento puede ser útil aumentar la fibra soluble, que mejora la consistencia de las heces. Sin embargo, un aumento brusco o el predominio de fibra insoluble puede empeorar la distensión y los gases. El enfoque debe ser progresivo y adaptado a la tolerancia individual.

Reparación de la mucosa intestinal

Sin una mucosa en buen estado, las bacterias beneficiosas no se adhieren correctamente aunque se aporten en cantidad. Entre los recursos más utilizados para apoyar la regeneración de la mucosa están el aloe vera, la melena de león, la zinc-carnosina, plantas demulcentes como el regaliz o el malvavisco, el kuzu y el colágeno o el caldo de huesos. Su uso debe individualizarse dentro de una estrategia completa.

Manejo del estrés, terapia cognitivo-conductual y nervio vago

Dado el papel del eje intestino-cerebro, el manejo del estrés es parte del tratamiento, no un complemento. La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado mejorar los síntomas al actuar sobre la percepción del dolor y la respuesta al estrés. A nivel práctico, activar el sistema parasimpático —comer con calma, sin prisa ni conflicto— facilita que la digestión funcione mejor.

Ejercicio, sueño y ritmos circadianos

El ejercicio regular mejora la motilidad intestinal y reduce el estrés; no hace falta intensidad, sino constancia. El sueño reparador regula el eje del cortisol y favorece la regeneración de la mucosa, y cuidar los horarios de comida alineados con los ritmos circadianos mejora la respuesta al tratamiento.

Medicación sintomática

En algunos casos puede ser necesario un tratamiento farmacológico para controlar síntomas concretos (dolor abdominal, reguladores del tránsito, antiespasmódicos). Su uso debe individualizarse y formar parte de un enfoque global, nunca como única estrategia.

SII en mujeres: particularidades

El SII es más frecuente en mujeres, y no solo en diagnóstico, sino también en cómo se manifiesta. Influyen factores hormonales, fisiológicos y de percepción del dolor.

Las hormonas sexuales, especialmente los estrógenos y la progesterona, modulan la motilidad intestinal y la sensibilidad visceral. A lo largo del ciclo menstrual es habitual notar cambios: en fases con más progesterona el tránsito puede volverse más lento, mientras que en otros momentos aumenta la sensibilidad o la distensión. Esto hace que el SII en muchas mujeres sea más variable y dependiente del ciclo. Puedes profundizar en cómo adaptar la alimentación en nuestra guía sobre nutrición de la mujer según el ciclo hormonal, así como en los cambios digestivos asociados a la perimenopausia y la menopausia.

Además, las mujeres con SII pueden presentar mayor hipersensibilidad visceral y una asociación más frecuente con otros cuadros funcionales como el dolor pélvico crónico, el síndrome premenstrual o las migrañas. Todo ello refuerza la idea de un sistema de regulación global más sensible, que conviene abordar de forma individualizada.

¿Tiene cura el colon irritable? Una expectativa realista

Una de las preguntas más frecuentes es si existe una cura definitiva. Conviene ser claros: el SII no suele «curarse» en el sentido de eliminar la condición para siempre, pero sí puede mejorar de forma muy significativa. En muchos casos los síntomas se reducen de forma notable, se vuelven más predecibles y dejan de interferir en la vida diaria.

Tiene cura el colon irritable

La «cura rápida y natural» es uno de los mayores mitos del colon irritable. Al ser un trastorno multifactorial, ninguna intervención única resuelve todos los mecanismos implicados; las soluciones simplistas solo funcionan de forma parcial o temporal.

Lo realista es alcanzar objetivos muy relevantes: menos dolor y distensión, mejor ritmo intestinal, mayor tolerancia alimentaria y menos brotes. El cambio más importante no es eliminar los síntomas de un día para otro, sino pasar de depender de ellos a entenderlos y gestionarlos.

Qué desayunar cuando tienes colon irritable

El desayuno es uno de los momentos más conflictivos: tras varias horas en ayunas, el sistema digestivo se activa de golpe y, si recibe alimentos difíciles de tolerar, la respuesta puede ser más intensa. Más que centrarse en alimentos concretos, el objetivo es que sea bien tolerado, fácil de digerir y poco fermentable.

Un desayuno adecuado suele ser simple y poco cargado, evita combinaciones muy complejas o muy ricas en FODMAP e incluye alimentos que la persona ya sabe que tolera bien. Algunas opciones que suelen sentar bien (siempre depende del caso):

  • Huevos con pan tostado y aceite de oliva.
  • Yogur natural con fruta baja en FODMAP.
  • Avena cocida con leche sin lactosa.

Conviene moderar el azúcar, las mezclas con muchos ingredientes, los alimentos muy ricos en FODMAP y el café en ayunas en personas sensibles, ya que puede estimular el tránsito y desencadenar síntomas casi de inmediato. La mejor estrategia es introducir cambios de forma progresiva y observar la respuesta: el mejor desayuno no es el más «saludable» en general, sino el que mejor se adapta a tu sistema digestivo en ese momento.

Impacto en la calidad de vida y cuándo acudir al especialista

El SII puede ser profundamente incapacitante más allá de lo físico. El miedo a comer fuera de casa o a no tener un baño cerca lleva a muchas personas a rechazar planes y reducir su círculo social, un aislamiento que a su vez agrava el estado emocional y dificulta la recuperación. Por eso el entorno importa: los pacientes con apoyo empático evolucionan mejor, y comer en calma, sin miedo, es terapéutico en sí mismo.

Conviene consultar con un profesional cuando los síntomas son persistentes, intensos o limitan la calidad de vida, y especialmente ante cualquier signo de alarma (pérdida de peso no explicada, sangre en heces, anemia o síntomas nocturnos). El primer paso suele ser el médico de atención primaria, que puede orientar el estudio y derivar a digestivo o a nutrición clínica.

El colon irritable es un trastorno frecuente, pero no por ello simple. Entender que no se trata de «algo roto», sino de un sistema que no funciona de forma coordinada, cambia el enfoque: no se busca una solución rápida, sino estrategias que permitan regular el sistema digestivo y recuperar el control sobre los síntomas. Y comprender que el intestino y el cerebro se hablan constantemente, que el estrés tiene su reflejo en el aparato digestivo y que lo que sentimos afecta a lo que digerimos no es filosofía: es fisiología.

En el siguiente podcast, Berta Pedreño, profesora de ENFAF y experta en medicina integrativa, desarrolla las claves para identificar el intestino irritable y abordarlo desde la evidencia científica.

Preguntas frecuentes sobre el colon irritable

¿Se quita el colon irritable o tiene cura?

El SII no suele desaparecer de forma definitiva, pero sí puede mejorar mucho. Con un enfoque adecuado, muchas personas reducen los síntomas hasta que dejan de condicionar su día a día. Más que eliminarlo, el objetivo es controlarlo y entender cómo responde tu intestino. La clave es ir a la causa, no solo al síntoma.

¿Cuánto tarda en mejorar el intestino irritable con tratamiento?

Con un tratamiento integral personalizado, muchas personas notan mejoría en torno a las 4-8 semanas. Un abordaje completo —mucosa, microbiota, sistema nervioso y estilo de vida— suele requerir varios meses. Los casos más crónicos o con factores autoinmunes asociados pueden necesitar más tiempo.

¿Qué bebida natural desinflama el colon?

No existe una bebida que «desinflame el colon» de forma directa. Algunas infusiones, como la menta o el jengibre, pueden aliviar la distensión o los espasmos en algunas personas, pero el efecto no es universal y solo tienen sentido como parte de una estrategia global.

¿Qué es lo más dañino para el colon irritable?

Más que un alimento concreto, suele ser la combinación de factores: dietas muy ricas en carbohidratos fermentables, comer con estrés o prisa y la falta de regularidad en las comidas. No es solo lo que se come, sino cómo y en qué contexto.

¿Cuál es el mejor remedio para el colon irritable?

No existe un único «mejor remedio». El manejo del SII combina varias herramientas: dieta adaptada, manejo del estrés, ajuste de hábitos y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. Buscar una solución única suele llevar a la frustración.

¿Cómo se llama la pastilla para el colon irritable?

No hay una única pastilla específica. El tratamiento farmacológico depende del síntoma predominante: pueden usarse antiespasmódicos para el dolor, reguladores del tránsito o fármacos según el subtipo. Por eso debe ser siempre individualizado y supervisado.

¿Pueden los niños y adolescentes tener colon irritable?

Sí. Aunque es más frecuente en adultos de entre 20 y 50 años, el SII puede aparecer en la adolescencia, sobre todo en contextos de estrés elevado, acoso escolar o presión académica, y también se han documentado casos en niños con antecedentes de estrés familiar significativo.

Publicación revisada por:

Dra. Rut López Osca

Dra. Rut López Osca

Doctora en Ciencias del Deporte, especializada en ejercicio, envejecimiento y salud cardiovascular con enfoque en salud femenina.

Referencias bibliográficas

  1. Ford AC, Sperber AD, Corsetti M, Camilleri M. Irritable bowel syndrome. Lancet. 2020;396(10263):1675-1688. https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31548-8/abstract
  2. Mearin F, Lacy BE, Chang L, Chey WD, Lembo AJ, Simren M, et al. Bowel disorders. Gastroenterology. 2016;150(6):1393-1407.e5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27144627/
  3. Chen B, Kim JJ, Zhang Y, Du L, Dai N. Prevalence and predictors of small intestinal bacterial overgrowth in irritable bowel syndrome: a systematic review and meta-analysis. J Gastroenterol. 2018;53(7):807-818. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29761234/
  4. Reigstad CS, Salmonson CE, Rainey JF 3rd, Szurszewski JH, Linden DR, Sonnenburg JL, et al. Gut microbes promote colonic serotonin production through an effect of short-chain fatty acids on enterochromaffin cells. FASEB J. 2015;29(4):1395-1403. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4396604/
  5. Andrès E, Lorenzo-Villalba N, Terrade JE, Méndez-Bailon M. Fat-soluble vitamins A, D, E, and K: review of the literature and points of interest for the clinician. J Clin Med. 2024;13(13):3641. https://www.mdpi.com/2077-0383/13/13/3641
  6. Halmos EP, Power VA, Shepherd SJ, Gibson PR, Muir JG. A diet low in FODMAPs reduces symptoms of irritable bowel syndrome. Gastroenterology. 2014;146(1):67-75.e5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24076059/

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