Fibrilación auricular y ejercicio: qué relación existe con el volumen de actividad física

Hombre con camiseta azul verdosa corriendo junto al río, con el titular «Fibrilación auricular y ejercicio».

El ejercicio suele asociarse con una mejor salud cardiovascular. Sin embargo, cuando se estudia la fibrilación auricular —una alteración del ritmo cardíaco— aparece una pregunta más compleja: ¿la relación con la actividad física es igual para quien camina con regularidad que para quien acumula durante años un volumen elevado de entrenamiento de resistencia?

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 ha vuelto sobre esta cuestión. Sus autores analizaron estudios de población general y de deportistas, y estimaron cómo podía variar la asociación entre actividad física y fibrilación auricular a lo largo de distintas dosis de ejercicio [1]. La propuesta merece atención, pero también una lectura cuidadosa: una asociación observada en ciertos deportistas no significa que el ejercicio sea perjudicial para la población general.

Respuesta rápida: en la población general, hacer más actividad física se asocia con un 22 % menos de odds de fibrilación auricular, mientras que en deportistas de resistencia la asociación se invierte (OR 2,74 frente a no deportistas) [1]. Un metaanálisis de 2026 sitúa la asociación más favorable en torno a 26 MET-hora semanales y un aumento por encima de unos 78, equivalentes a 6-7 horas semanales de entrenamiento de resistencia [1]. Son datos observacionales: no demuestran que entrenar cause la arritmia ni fijan un límite individual, y no justifican hacer menos ejercicio.

Para interpretar los resultados, primero necesitamos aclarar qué entendemos por fibrilación auricular y por actividad física. También debemos distinguir entre las personas que entrenan de forma recreativa, la población sedentaria y los deportistas expuestos durante años a cargas muy altas. Solo así podremos valorar qué responde realmente la revisión y qué preguntas siguen abiertas.

Fibrilación auricular y ejercicio: conceptos necesarios

Qué es la fibrilación auricular

La fibrilación auricular es una arritmia en la que la actividad eléctrica de las aurículas —las cavidades superiores del corazón— se vuelve desorganizada. Esto provoca un ritmo cardíaco irregular y puede dificultar el funcionamiento coordinado del corazón. Algunas personas notan palpitaciones, cansancio o falta de aire; otras no perciben síntomas y reciben el diagnóstico durante una evaluación médica [2].

La FA es relevante porque se relaciona con complicaciones como el ictus y la insuficiencia cardíaca. Su aparición depende de distintos factores: la edad, la hipertensión, la obesidad y otras condiciones de salud pueden influir, por lo que no conviene atribuirla a una sola causa.

En la fibrilación auricular, la actividad eléctrica de las aurículas se vuelve desorganizada

Actividad física, ejercicio y entrenamiento de resistencia

Actividad física es un término amplio: comprende los movimientos cotidianos que implican gasto de energía, desde desplazarse caminando hasta realizar tareas domésticas. El ejercicio es una forma planificada y estructurada de actividad física. El entrenamiento deportivo, por su parte, puede implicar una práctica más frecuente, intensa y prolongada, diseñada para mejorar el rendimiento.

Esta distinción importa en el artículo. Los estudios sobre población general suelen comparar niveles habituales de actividad; los estudios sobre deportistas pueden incluir personas que entrenan y compiten durante años. Sus resultados no describen necesariamente la misma exposición ni se pueden trasladar de un grupo a otro sin matices.

Caminar habitualmente y acumular años de entrenamiento de resistencia representan exposiciones distintas

Asociación no significa causalidad

La revisión que analizaremos reúne principalmente estudios observacionales. Estos pueden detectar que dos fenómenos aparecen relacionados —por ejemplo, un volumen alto de entrenamiento y una mayor frecuencia de FA—, pero no demuestran por sí solos que uno haya causado el otro.

También pueden influir otros factores: cómo se seleccionó a los participantes, cómo se midió la actividad física y con qué frecuencia se buscó o detectó la arritmia. Por eso, cuando presentemos los resultados, hablaremos de asociaciones y de estimaciones, no de una relación causa-efecto demostrada.

Qué analiza la revisión sistemática y metaanálisis

La revisión de Davies y colaboradores buscó estudios publicados entre 1990 y junio de 2025 que relacionaran actividad física o condición de deportista con la presencia o la aparición de fibrilación auricular. En total, incluyó 37 estudios con 1.298.291 participantes. Para su análisis de dosis-respuesta reunió 26 estudios y expresó distintas medidas de actividad en MET-hora semanales [1].

Los autores organizaron las comparaciones de dos maneras. En los estudios de población general, contrastaron los niveles más altos de actividad con los más bajos o con el sedentarismo. En los estudios de deportistas, compararon a los atletas con personas no deportistas. Después combinaron las diferentes formas de medir la actividad física para construir una estimación a lo largo de varias dosis.

Esa conversión permite comparar estudios que no usaron exactamente las mismas unidades, pero también introduce incertidumbre: una misma cantidad de MET-hora no necesariamente representa la misma carga fisiológica para una persona sedentaria que para un deportista entrenado. Por tanto, la curva resultante es una herramienta para explorar la relación entre dosis y FA; no una prescripción individual de entrenamiento.

Actividad física y fibrilación auricular en la población general

En el análisis de la población general, los grupos con más actividad física presentaron unas odds de fibrilación auricular un 22 % menores que los grupos sedentarios o con menos actividad —OR 0,78; IC del 95 %: 0,68–0,89— [1]. Dicho de otro modo, la revisión encontró una asociación favorable; no demuestra que aumentar la actividad física reduzca por sí solo la probabilidad de desarrollar FA.

La magnitud de la asociación debe leerse junto con la variabilidad entre estudios, que fue alta [1]. Es una estimación conjunta de estudios con poblaciones y formas de medir la actividad muy distintas.

Otros análisis centrados en población general ayudan a contextualizar este resultado. Wan y colaboradores reunieron 16 estudios prospectivos con más de 1,4 millones de personas y observaron una asociación inversa entre actividad física e incidencia de FA. En su análisis por sexo, la asociación fue significativa en mujeres, pero no en hombres; los autores piden interpretar esta diferencia con cautela [3].

También resulta útil un estudio del UK Biobank que midió la actividad con acelerómetros en 93.669 participantes. Cumplir las recomendaciones habituales de actividad moderada-vigorosa se asoció con menor incidencia de FA —HR 0,82; IC del 95 %: 0,75–0,89— [4]. Sin embargo, medir una semana de actividad no permite caracterizar con precisión décadas de entrenamiento intenso ni responder por sí solo qué ocurre en deportistas de resistencia con una exposición extrema.

En conjunto, estas investigaciones apoyan una asociación favorable entre actividad física habitual y FA en la población general. No establecen una dosis universal óptima ni permiten aplicar los resultados sobre deportistas de élite a cualquier persona que entrene con regularidad.

Fibrilación auricular en deportistas de resistencia

Al comparar deportistas con personas no deportistas, la revisión de 2026 encontró unas odds de FA mayores en los atletas —OR 2,74; IC del 95 %: 1,72–4,39— [1]. Una revisión anterior, publicada en 2021, había estimado una asociación de magnitud parecida: OR 2,46 —IC del 95 %: 1,73–3,51— [5].

La coincidencia entre ambas estimaciones es relevante, pero no debe interpretarse como si fueran dos experimentos independientes que prueban una causa. Las dos revisiones reúnen principalmente estudios observacionales, y algunas de las cohortes originales pueden coincidir. Además, la heterogeneidad entre estudios fue alta y los estudios de atletas eran, en general, de menor calidad [1].

Una cohorte concreta permite ver cómo se ha estudiado la exposición deportiva. Andersen y colaboradores siguieron a 52.755 participantes de una prueba de esquí de fondo de 90 km. Un mayor número de carreras completadas y un mejor tiempo se asociaron con más arritmias durante el seguimiento [6]. Para la fibrilación auricular en concreto, completar cinco o más carreras se asoció con un riesgo algo mayor (HR 1,29), mientras que el tiempo de llegada no alcanzó significación estadística [6]. El número de carreras y el tiempo de llegada son indicadores indirectos de la exposición y el rendimiento; no equivalen a una medición completa de todas las horas e intensidades entrenadas durante la vida.

La revisión estima OR 0,78 en población general y OR 2,74 en deportistas frente a comparadores distintos

Diferencias entre hombres y mujeres

Los datos por sexo son todavía escasos. En población general, el metaanálisis de Wan observó que la asociación protectora de la actividad física era predominantemente femenina, con una interacción por sexo significativa [3]. En deportistas, la señal de más fibrilación auricular se ha descrito sobre todo en hombres con muchos años de práctica de resistencia.

Esto no demuestra que las deportistas estén protegidas. Las mujeres están menos representadas en los estudios sobre arritmias en el deporte, así que observar menos casos puede reflejar falta de datos y no ausencia de asociación. Hacen falta estudios con más deportistas mujeres para llegar a conclusiones firmes.

También es importante recordar que «deportista» no define una exposición uniforme. Las investigaciones incluidas usaron criterios distintos: algunas clasificaron a las personas por su participación en competiciones; otras, por el tipo de deporte o por su condición de atleta. Esa diversidad dificulta comparar directamente a un corredor recreativo, un esquiador de larga distancia y un deportista de élite.

La relación entre volumen de ejercicio y fibrilación auricular

Cómo interpretar la curva en forma de U

Para estimar la relación entre actividad física y FA, los autores combinaron las distintas dosis informadas por los estudios y las expresaron en MET-hora semanales. Un MET representa una unidad de intensidad; al multiplicarla por el tiempo se obtiene una estimación del volumen de actividad. Por ejemplo, una hora de una actividad estimada en 4 MET equivale a 4 MET-hora.

En el análisis de dosis-respuesta, la estimación más baja de odds de FA apareció alrededor de 26 MET-hora semanales. Por encima de aproximadamente 78 MET-hora semanales, el modelo encontró una asociación con mayores odds. Los autores equiparan esta última dosis a unas 6–7 horas semanales de entrenamiento de resistencia [1]. Si quieres situar tu propio volumen, puedes estimar tus intensidades con la calculadora de zonas de frecuencia cardiaca.

La curva se denomina «en forma de U» porque la asociación estimada es más favorable en una zona intermedia y menos favorable en el extremo alto. Pero es una curva estadística construida a partir de estudios observacionales, no el seguimiento experimental de personas asignadas a distintas cantidades de entrenamiento. Sus puntos no son umbrales clínicos que indiquen cuándo una persona concreta empieza a correr más riesgo.

Qué significa —y qué no— el valor de 78 MET-hora

El valor de 78 MET-hora no significa 78 horas de ejercicio. Tampoco equivale a cualquier combinación de siete horas de actividad: la intensidad importa. La equivalencia de 6–7 horas que da el artículo se refiere a entrenamiento de resistencia [1].

Además, el análisis combina población general y deportistas, mientras que las fuentes no midieron todas la actividad de la misma manera. Por eso, no podemos convertir el resultado en una recomendación para reducir el entrenamiento ni afirmar que superar esa cifra cause fibrilación auricular. Es una señal que merece investigación, no un límite individual validado.

Los MET-hora combinan intensidad y tiempo; 78 MET-hora no son 78 horas ni un límite individual validado

Cómo encaja esta curva con estudios anteriores

La curva propuesta en 2026 no aparece en un vacío. Una metarregresión de 2018 ya había encontrado una relación no lineal y asoció los volúmenes de 5–20 MET-hora semanales con menor riesgo; a 19 MET-hora, la estimación fue RR 0,92 —IC del 95 %: 0,87–0,98—. Por encima de 20 MET-hora semanales ya no encontró relación con el riesgo, y sus autores describieron la curva en forma de J [7]. El análisis de Wan et al. también halló una asociación inversa en población general, pero excluyó a deportistas de competición [3].

Estas diferencias de diseño son importantes. Wan et al. estudiaron actividad física e incidencia de FA en población general; la revisión de Davies et al. incorporó también estudios de atletas y combinó ambos tipos de población en la curva de dosis-respuesta. Así, las estimaciones no son directamente intercambiables. La curva de 2026 puede estar reflejando, en parte, que el extremo más alto incluye exposiciones deportivas distintas de las habituales en la población general.

La lectura más prudente es que los resultados sobre actividad física habitual y los de entrenamiento de resistencia muy elevado responden a preguntas relacionadas, pero diferentes. Para entender si existe un umbral real —y en quién— harán falta estudios que midan mejor la dosis, la duración acumulada del entrenamiento y otros factores que influyen en la FA.

Corazón de atleta y fibrilación auricular: adaptación no es arritmia

Con el entrenamiento de resistencia mantenido, el corazón se adapta: las cavidades pueden aumentar de tamaño y la frecuencia cardiaca en reposo suele bajar. Son cambios esperables y, por sí solos, no indican enfermedad. La fibrilación auricular, en cambio, es un trastorno del ritmo; no es otra forma de describir el «corazón de atleta». La pregunta científica es si, en algunos deportistas, determinadas exposiciones prolongadas aumentan la probabilidad de desarrollarla. El consenso de la Heart Rhythm Society de 2024 señala que la fibrilación auricular está bien documentada en deportistas de resistencia y que este tipo de ejercicio en particular podría contribuir a su aparición [9].

La fibrosis auricular se cita a menudo como mecanismo, pero los datos directos son limitados. Un estudio de resonancia magnética publicado en 2025 examinó a 42 deportistas máster de resistencia (76 % hombres, edad media de 54 años) y encontró una carga mediana de fibrosis en la aurícula izquierda del 2,5 %, sin relación con el volumen de entrenamiento ni con la función auricular; fue mayor en ciclistas de montaña de larga distancia [10]. El estudio no tenía grupo control de personas no deportistas, así que no permite saber si esa fibrosis se debe al entrenamiento ni si predice la arritmia.

El corazón de atleta describe adaptaciones fisiológicas y no equivale a fibrilación auricular

Por qué el entrenamiento de resistencia prolongado podría relacionarse con la fibrilación auricular

La revisión propone varios mecanismos posibles, pero no demuestra que sean la causa de la asociación observada. Siguiendo un modelo de arritmogénesis, los autores plantean que la exposición prolongada al entrenamiento de resistencia podría relacionarse con cambios en el tejido auricular —como dilatación o fibrosis—, modificaciones del sistema nervioso autónomo y la aparición de estímulos eléctricos capaces de favorecer la arritmia [1].

Estas explicaciones deben entenderse como hipótesis. La propia revisión señala que todavía no se sabe con claridad por qué algunas personas desarrollan FA y otras no, aunque tengan exposiciones deportivas parecidas. Tampoco está definido cuándo una adaptación cardíaca propia del entrenamiento dejaría de ser fisiológica y pasaría a ser problemática.

Además, la asociación podría estar influida por factores distintos del entrenamiento. Por ejemplo, los deportistas pueden someterse a más controles y tener más oportunidades de detectar una arritmia. También pueden pesar otros factores, como el consumo de alcohol o de sustancias para mejorar el rendimiento, que no siempre se recogen bien en los estudios.

Qué implicaciones tiene para la población general y los deportistas

La revisión de 2026 no cuestiona las recomendaciones de actividad física para la población general. Las guías europeas de fibrilación auricular recomiendan mantener un estilo de vida activo [2] y, como referencia general para adultos, la Organización Mundial de la Salud plantea 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75–150 minutos de actividad vigorosa [11]. Puedes ver cómo repartirlo en cuánto cardio hacer al día. La dosis elevada estimada por el metaanálisis se refiere a una exposición propia de ciertos entrenamientos de resistencia y no debe confundirse con esas recomendaciones.

También conviene separar la prevención de la aparición de FA de su tratamiento. El ensayo aleatorizado ACTIVE-AF incluyó a 120 personas con fibrilación auricular sintomática, paroxística o persistente: a los 12 meses, seguía sin arritmia el 40 % del grupo con un programa de ejercicio de seis meses frente al 20 % del grupo control, y los síntomas fueron menores [8]. No responde a si los volúmenes extremos de entrenamiento pueden relacionarse con una primera aparición de FA en algunos deportistas, pero sí muestra por qué sería incorrecto concluir que el ejercicio resulta perjudicial para cualquier persona con esta arritmia.

Por tanto, los hallazgos no justifican que la población general reduzca su actividad ni permiten recomendar a los deportistas un límite semanal universal. La revisión plantea una posible asociación en exposiciones muy elevadas; la decisión sobre el entrenamiento de una persona concreta requiere considerar su situación y, si existe diagnóstico o preocupación clínica, consultarlo con profesionales sanitarios.

Palpitaciones y otros síntomas: cuándo consultar

Las palpitaciones persistentes o repetidas, la sensación de ritmo irregular o una caída llamativa de la tolerancia al esfuerzo son motivo para consultar con un profesional sanitario, sobre todo si aparecen durante el ejercicio o se acompañan de mareo, dolor torácico o falta de aire. No confirman por sí solas una fibrilación auricular, pero requieren valoración.

Cómo se valora a un deportista con arritmia

Según el consenso de la Heart Rhythm Society, la evaluación de un deportista con arritmia debe incluir su historia de ejercicio y el posible uso de sustancias para mejorar el rendimiento, y las decisiones sobre la vuelta al deporte se toman de forma compartida entre el deportista y el equipo clínico [9]. También cuentan factores generales como la hipertensión, la obesidad, la apnea del sueño y el alcohol. Para un entrenador, eso se traduce en conocer el historial de su deportista, no en aplicar un límite de horas genérico. Si quieres profundizar en cómo se planifica este tipo de trabajo, lo explicamos en entrenamiento de resistencia.

La valoración de un deportista con arritmia integra síntomas, historia de entrenamiento y factores clínicos

Límites de la evidencia y preguntas pendientes

El número total de participantes de una revisión puede parecer muy convincente, pero no basta para que sus resultados sean definitivos. La revisión de Davies et al. reúne 37 estudios observacionales y combina investigaciones con distintas poblaciones, deportes, definiciones de «deportista» y formas de medir tanto la actividad física como la FA [1].

La heterogeneidad entre estudios fue alta y los estudios de deportistas eran, en general, de menor calidad [1]. Esto limita cuánto podemos confiar en una estimación conjunta, aunque el resultado estadístico sea significativo.

También hay límites en la medición de la actividad, que varió entre estudios. Para estimar la curva de dosis-respuesta, los autores convirtieron medidas diferentes a MET-hora semanales. Esa estandarización facilita las comparaciones, pero no garantiza que una misma cifra represente la misma carga fisiológica en un atleta entrenado y en una persona de la población general [1].

Quedan abiertas preguntas importantes: cómo influye el volumen acumulado durante años, qué papel tienen el sexo y otros factores personales, y si los hallazgos se mantienen en deportistas de distintas disciplinas y procedencias. Para responderlas hacen falta cohortes prospectivas con una definición más precisa de la exposición, seguimiento prolongado y mediciones comparables.

Actividad física habitual frente a entrenamiento de resistencia extremo

La evidencia disponible describe dos asociaciones que pueden coexistir. En la población general, la actividad física habitual se relaciona con menor fibrilación auricular en varios estudios. En ciertos grupos de deportistas, una exposición elevada y prolongada al entrenamiento de resistencia se ha asociado con más FA. La revisión de 2026 propone una curva de dosis-respuesta que ayuda a explorar esta relación, pero no establece un límite individual de entrenamiento ni demuestra causalidad [1].

Por eso, estos resultados no justifican desaconsejar la actividad física. Las guías europeas recomiendan mantener un estilo de vida activo para prevenir la FA [2]. La estimación de dosis elevada descrita en la revisión debe interpretarse dentro de su contexto: procede de estudios observacionales, con exposiciones y poblaciones distintas.

La idea central es que actividad física habitual y entrenamiento de resistencia extremo no son exposiciones equivalentes. La investigación sigue tratando de precisar cómo se relacionan el volumen acumulado, las características individuales y la fibrilación auricular, sin que ello cambie el valor de la actividad física para la salud general.

Preguntas frecuentes sobre fibrilación auricular y ejercicio

¿El ejercicio puede causar fibrilación auricular?

No está demostrado. En la población general, más actividad física se asocia con menos fibrilación auricular, y solo en algunos deportistas de resistencia con muchos años de entrenamiento se ha observado más arritmia [1]. Son estudios observacionales, que no prueban causalidad.

¿Cuántas horas de entrenamiento son demasiadas para el corazón?

No hay un límite individual validado. El metaanálisis de 2026 estimó que las odds empezaban a subir por encima de unos 78 MET-hora semanales, unas 6-7 horas de entrenamiento de resistencia, pero es una curva estadística, no un umbral clínico [1].

¿Puedo hacer ejercicio si tengo fibrilación auricular?

En general sí, con valoración médica. En el ensayo ACTIVE-AF, un programa de ejercicio en personas con fibrilación auricular sintomática duplicó la proporción de pacientes sin arritmia a los 12 meses [8]. Las decisiones concretas se toman con el equipo clínico [9].

¿Qué es el corazón de atleta?

Es el conjunto de adaptaciones normales del corazón al entrenamiento, como cavidades más grandes y una frecuencia cardiaca más baja en reposo. No es una enfermedad ni equivale a una arritmia.

¿Las mujeres deportistas tienen menos riesgo de fibrilación auricular?

No se sabe. Están menos representadas en los estudios, así que observar menos casos no demuestra que estén protegidas.

Publicación revisada por:

Dr. Robert Usach

Dr. Robert Usach

Doctor en Actividad Física y experto en biomecánica aplicada a la hipertrofia; dirige contenidos en ENFAF y une ciencia y práctica.

Referencias

  1. Davies CL, Pallikadavath S, March DS, Lock S, Puranik A, Singh A, et al. Physical activity, atrial fibrillation and the dose-response relationship: a systematic review and meta-analysis. Eur J Prev Cardiol. 2026 Oct 12:zwag535. doi:10.1093/eurjpc/zwag535.
  2. Van Gelder IC, Rienstra M, Bunting KV, Casado-Arroyo R, Caso V, Crijns HJGM, et al. 2024 ESC Guidelines for the management of atrial fibrillation developed in collaboration with the European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS). Eur Heart J. 2024;45(36):3314-3414. doi:10.1093/eurheartj/ehae176. academic.oup.com
  3. Wan Q, Zhou Y, Zhu W, Liu X. Sex-specific exposure-effect relationship between physical activity and incident atrial fibrillation in the general population: a dose-response meta-analysis of 16 prospective studies. Front Cardiovasc Med. 2021;8:710071. doi:10.3389/fcvm.2021.710071. www.frontiersin.org
  4. Khurshid S, Weng LC, Al-Alusi MA, Halford JL, Haimovich JS, Benjamin EJ, et al. Accelerometer-derived physical activity and risk of atrial fibrillation. Eur Heart J. 2021;42(25):2472-2483. doi:10.1093/eurheartj/ehab250. academic.oup.com
  5. Newman W, Parry-Williams G, Wiles J, Edwards J, Hulbert S, Kipourou K, et al. Risk of atrial fibrillation in athletes: a systematic review and meta-analysis. Br J Sports Med. 2021;55(21):1233-1240. doi:10.1136/bjsports-2021-103994. doi.org
  6. Andersen K, Farahmand B, Ahlbom A, Held C, Ljunghall S, Michaëlsson K, et al. Risk of arrhythmias in 52 755 long-distance cross-country skiers: a cohort study. Eur Heart J. 2013;34(47):3624-3631. doi:10.1093/eurheartj/eht188. academic.oup.com
  7. Ricci C, Gervasi F, Gaeta M, Smuts CM, Schutte AE, Leitzmann MF, et al. Physical activity volume in relation to risk of atrial fibrillation: a non-linear meta-regression analysis. Eur J Prev Cardiol. 2018;25(8):857-866. doi:10.1177/2047487318768026. journals.sagepub.com
  8. Elliott AD, Verdicchio CV, Mahajan R, Middeldorp ME, Gallagher C, Mishima RS, et al. An exercise and physical activity program in patients with atrial fibrillation: the ACTIVE-AF randomized controlled trial. JACC Clin Electrophysiol. 2023;9(4):455-465. doi:10.1016/j.jacep.2022.12.002. www.jacc.org
  9. Lampert R, Chung EH, Ackerman MJ, Arroyo AR, Darden D, Deo R, et al. 2024 HRS expert consensus statement on arrhythmias in the athlete: evaluation, treatment, and return to play. Heart Rhythm. 2024;21(10):e151-252. doi:10.1016/j.hrthm.2024.05.018.
  10. Hopman LHGA, Smedema JP, Swart J, Steenhoek MJ, Frenaij IM, Dahya V, et al. Left atrial function and fibrosis in lifelong endurance athletes: a cardiac magnetic resonance imaging study. Int J Cardiovasc Imaging. 2025;41(7):1321-30. doi:10.1007/s10554-025-03416-8.
  11. Bull FC, Al-Ansari SS, Biddle S, Borodulin K, Buman MP, Cardon G, et al. World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. Br J Sports Med. 2020;54(24):1451-62. doi:10.1136/bjsports-2020-102955.
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