
La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria intestinal (EII) crónica en la que el sistema inmunitario mantiene una inflamación persistente del tubo digestivo. Puede afectar a cualquier tramo, desde la boca hasta el ano, aunque es más frecuente en el íleon y el colon. Evoluciona en brotes y remisiones y, por ahora, no tiene cura, pero sí tratamiento eficaz.
Junto con la colitis ulcerosa, es una de las dos grandes formas de EII. No es un trastorno funcional ni puntual: tiene base inmunológica, puede dañar la pared intestinal y, en muchos pacientes, repercute en el estado nutricional, la energía y otros órganos. Por eso es frecuente que los primeros síntomas se atribuyan a la dieta o al estrés y que el diagnóstico se retrase.
En esta guía repasamos qué es, cómo se clasifica, qué síntomas da (también los leves), sus causas y factores de riesgo, cómo se diagnostica, qué tratamientos recogen las guías europeas actuales, qué papel tiene la nutrición en brote y en remisión y qué dicen los datos sobre pronóstico, esperanza de vida y embarazo.
Qué es la enfermedad de Crohn
La enfermedad de Crohn es una patología inflamatoria crónica del aparato digestivo. Puede aparecer en cualquier segmento, pero se localiza con más frecuencia en el íleon (la parte final del intestino delgado) y en el colon. Su rasgo diferencial es que la inflamación es transmural: puede afectar a todas las capas de la pared intestinal, no solo a la superficie interna.
Esa profundidad explica buena parte de sus complicaciones. Cuando la inflamación atraviesa la pared y se mantiene en el tiempo, el intestino puede cicatrizar estrechándose (estenosis) o abrir comunicaciones anómalas con otros órganos o con la piel (fístulas). Por eso el objetivo del tratamiento no es solo aliviar síntomas, sino evitar ese daño estructural.
Según la revisión de referencia publicada en Nature Reviews Disease Primers (Roda et al., 2020), la enfermedad de Crohn es una EII de curso progresivo y destructivo cuya incidencia aumenta en todo el mundo. Aunque se han implicado un sistema inmunitario desregulado, una microbiota alterada, la susceptibilidad genética y factores ambientales, su causa exacta sigue sin conocerse [1].
En España, el mayor estudio epidemiológico disponible, EpidemIBD (GETECCU), registró los casos nuevos de EII diagnosticados durante 2017 en 108 hospitales que daban cobertura a más de 22 millones de habitantes. La incidencia de enfermedad de Crohn fue de 7,5 casos por 100.000 personas-año, frente a 8 de colitis ulcerosa y 16 para el conjunto de la EII. El 35 % de los pacientes con Crohn necesitó al menos un ingreso hospitalario durante el seguimiento del estudio [2].

Crohn vs. colitis ulcerosa: diferencias clave
La otra gran entidad dentro de la EII es la colitis ulcerosa. Comparten mecanismos, síntomas y parte del tratamiento, pero no son la misma enfermedad, y distinguirlas cambia el pronóstico, las pruebas de seguimiento y el papel de la cirugía. La colitis ulcerosa afecta solo al colon y al recto, de forma continua y limitada a la mucosa; el Crohn puede aparecer en cualquier tramo, en parches y en profundidad.
| Característica | Enfermedad de Crohn | Colitis ulcerosa |
|---|---|---|
| Localización | Cualquier tramo del tubo digestivo, de la boca al ano; más frecuente en íleon y colon | Solo colon y recto |
| Distribución | Lesiones «salteadas»: zonas inflamadas intercaladas con zonas sanas | Continua, sin tramos sanos entre las zonas afectadas |
| Profundidad | Transmural (todas las capas de la pared) | Limitada a la capa más superficial (mucosa) |
| Complicaciones características | Estenosis, fístulas y abscesos, por la afectación profunda; posible enfermedad perianal | Las derivadas de la inflamación de la mucosa del colon |
| Clasificación de Montreal | Edad de inicio (A), localización (L) y comportamiento (B), con modificadores L4 y «p» | Extensión (E) y gravedad (S) |
| Tabaco | Aumenta el riesgo y empeora la evolución | Relación distinta: fumar no aumenta el riesgo (dejarlo puede asociarse a más riesgo de CU), pero eso no lo convierte en recomendable |
En la práctica, ambas se sospechan por síntomas parecidos (diarrea persistente, dolor abdominal, sangre en las heces), y es la combinación de endoscopia, biopsias e imagen la que permite diferenciarlas. En un pequeño porcentaje de casos no se puede encajar la inflamación en ninguna de las dos y se habla de EII no clasificada.

Tipos y localizaciones del Crohn
La enfermedad de Crohn es muy heterogénea: no se comporta igual en un adolescente con afectación del íleon que en un adulto con afectación del colon y fístulas perianales. Para describir cada caso de forma homogénea y orientar el pronóstico y el tratamiento, los especialistas usan la clasificación de Montreal, que combina tres ejes: edad al diagnóstico, localización y comportamiento.
Clasificación Montreal (A, L, B)
La clasificación de Montreal, consensuada en 2005 y publicada en Gut (Satsangi et al., 2006), asigna a cada paciente una categoría en cada eje. Las localizaciones L1 a L3 son excluyentes; la afectación del tracto digestivo alto (L4) y la enfermedad perianal (p) son modificadores que se añaden a la categoría principal [3].
| Eje | Categoría | Qué significa |
|---|---|---|
| Edad al diagnóstico (A) | A1 | 16 años o menos |
| A2 | Entre 17 y 40 años | |
| A3 | Más de 40 años | |
| Localización (L) | L1 | Ileal (íleon terminal) |
| L2 | Cólica (colon) | |
| L3 | Ileocólica (íleon y colon) | |
| L4 (modificador) | Afectación del tracto digestivo alto; se suma a L1, L2 o L3 cuando coexiste (por ejemplo, L3 + L4) | |
| Comportamiento (B) | B1 | Inflamatorio: ni estenosante ni penetrante |
| B2 | Estenosante: estrechamiento de la luz intestinal | |
| B3 | Penetrante: fístulas o abscesos | |
| p (modificador) | Enfermedad perianal; se añade a B1, B2 o B3 (por ejemplo, B1p) |
Un ejemplo de lectura: «A2 L3 B1p» describe a una persona diagnosticada entre los 17 y los 40 años, con afectación del íleon y del colon, comportamiento inflamatorio y enfermedad perianal asociada. La localización condiciona los síntomas (dolor en la fosa ilíaca derecha en la ileal, diarrea con sangre más frecuente en la cólica), y el comportamiento refleja la progresión: con los años, una parte de los casos inflamatorios evoluciona hacia formas estenosantes o penetrantes, que es precisamente lo que el tratamiento precoz intenta evitar.

Crohn pediátrico
Cuando la enfermedad aparece en la infancia o la adolescencia (categoría A1 de Montreal) hablamos de Crohn pediátrico. Además de los síntomas digestivos, puede frenar el crecimiento, retrasar el desarrollo puberal y deteriorar el estado nutricional en una etapa en la que las necesidades son máximas. A veces el retraso de talla o de la pubertad es la primera pista, incluso antes de que haya diarrea evidente.
Por eso el diagnóstico precoz y el manejo en unidades pediátricas especializadas son especialmente importantes. La guía conjunta ECCO-ESPGHAN recomienda la nutrición enteral exclusiva como primera línea para inducir la remisión en el Crohn pediátrico, una particularidad que no se aplica igual en adultos (lo vemos en el apartado de nutrición) [4].
Síntomas de la enfermedad de Crohn
Los síntomas del Crohn varían mucho de una persona a otra, en tipo y en intensidad. Dependen sobre todo de dónde está la inflamación, de su extensión y de si la enfermedad está en brote o en remisión. Hay pacientes con un cuadro muy claro y otros con molestias difusas que tardan meses en relacionarse con una enfermedad crónica.
Los más característicos son la diarrea persistente, el dolor abdominal, el cansancio y la pérdida de peso. A ellos se suman, con frecuencia variable, manifestaciones perianales y extradigestivas que ayudan a orientar el diagnóstico.

Síntomas leves y primeros síntomas
Al principio, el Crohn puede dar síntomas leves e intermitentes que se confunden con problemas digestivos comunes. Lo que debe hacer sospechar no es un síntoma aislado, sino su persistencia o su combinación:
- Diarrea o heces más blandas de lo habitual durante semanas, a veces con urgencia o necesidad de levantarse por la noche.
- Dolor abdominal recurrente, a menudo en la parte inferior derecha, que puede empeorar después de comer.
- Cansancio desproporcionado, falta de apetito o pérdida de peso sin buscarla.
- Aftas bucales repetidas, fisuras o molestias anales que no terminan de curar.
- Febrícula sin causa clara o anemia detectada en una analítica.
- En niños y adolescentes, estancamiento de la talla o retraso de la pubertad.
Ninguno de estos signos confirma la enfermedad por sí solo, y la mayoría de las veces tienen otras causas. Pero si se mantienen o aparecen juntos, conviene consultar: el retraso diagnóstico es uno de los problemas más repetidos en el Crohn. Si la diarrea es el síntoma principal, en nuestra guía sobre diarrea frecuente y cuándo es crónica explicamos cómo diferenciar los cuadros benignos de los que requieren estudio.
Síntomas digestivos
Los síntomas digestivos son los más frecuentes, aunque no siempre aparecen todos ni con la misma intensidad:
- Diarrea crónica, uno de los signos más habituales, con o sin sangre o moco (la sangre es más propia de la afectación del colon).
- Dolor abdominal tipo cólico.
- Urgencia para ir al baño y sensación de evacuación incompleta.
- Náuseas y vómitos, sobre todo cuando hay estenosis que dificulta el paso del contenido intestinal.
- Pérdida de peso y falta de apetito, por la inflamación, la malabsorción o el miedo a comer.
- Aftas o úlceras en la boca.
Estos síntomas pueden mantenerse en el tiempo o ir y venir, lo que en algunos casos dificulta reconocerlos como parte de una enfermedad crónica.
Dónde duele con Crohn
El dolor abdominal es muy común, pero su localización depende del tramo afectado. Cuando la inflamación está en el íleon, lo habitual es que el dolor se sitúe en la parte inferior derecha del abdomen, a veces acompañado de sensación de masa o de distensión tras las comidas. Si predomina la afectación del colon, el dolor suele ser más difuso o cambiar de sitio, y es más frecuente que se asocie a diarrea con sangre.
Un dolor tipo cólico que empeora después de comer, con hinchazón, ruidos intestinales o vómitos, puede indicar un estrechamiento intestinal y debe valorarse pronto. Esta variabilidad hace que el dolor se interprete al principio como algo inespecífico; si quieres entender qué orienta cada localización, consulta nuestra guía sobre el dolor abdominal después de comer según la zona.
Enfermedad perianal
La enfermedad perianal es una de las manifestaciones más características del Crohn y tiene peso propio en la clasificación de Montreal (el modificador «p»). Incluye fisuras anales, abscesos, fístulas (comunicaciones entre el canal anal y la piel de alrededor) y lesiones cutáneas en la zona. Puede aparecer antes que los síntomas intestinales.
Un absceso o una fístula perianal que se repite o no cura, sobre todo en una persona joven con diarrea o dolor abdominal, debe hacer pensar en Crohn. Su tratamiento suele requerir la colaboración entre gastroenterología y cirugía.
Síntomas extradigestivos
En muchos pacientes la enfermedad se acompaña de manifestaciones fuera del aparato digestivo, que reflejan su componente sistémico [5]:
- Fatiga, muy frecuente y que puede aparecer incluso con síntomas digestivos leves.
- Articulaciones: dolor o inflamación articular (artritis), también en la columna.
- Piel: lesiones como el eritema nodoso (nódulos dolorosos, típicamente en las piernas).
- Ojos: inflamación ocular, como la uveítis, que requiere valoración oftalmológica urgente si hay dolor o pérdida de visión.
- Hígado y vías biliares: alteraciones hepáticas o biliares que se detectan en la analítica.
- Riñón: mayor tendencia a cálculos renales, sobre todo cuando hay malabsorción.
- Anemia, por pérdidas de sangre o por déficit de hierro o de vitamina B12.
Síntomas durante un brote
La enfermedad alterna fases de estabilidad (remisión) con brotes. Durante un brote, la inflamación se intensifica: la diarrea se vuelve más frecuente, el dolor abdominal más intenso y pueden aparecer fiebre, pérdida notable del apetito y cansancio marcado. El impacto en la vida diaria es mucho mayor y el abordaje debe ser más intensivo.
Si ya tienes el diagnóstico y notas que los síntomas cambian o empeoran, lo indicado es contactar con tu equipo o unidad de EII, que puede confirmar la actividad (por ejemplo, con calprotectina fecal o analítica) y ajustar el tratamiento. Conviene no automedicarse con antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno y similares), porque pueden empeorar la inflamación intestinal, ni suspender por cuenta propia la medicación de mantenimiento.
Complicaciones
Cuando la inflamación se mantiene en el tiempo, puede producir cambios estructurales en el intestino: el estrechamiento de algunos tramos (estenosis), la formación de comunicaciones anómalas entre asas intestinales, con la vejiga, la vagina o la piel (fístulas), o acumulaciones de pus (abscesos). Estas complicaciones se corresponden con los comportamientos B2 y B3 de Montreal.
No todos los pacientes las desarrollan, pero su posibilidad condiciona el seguimiento y el tratamiento. Otras complicaciones a largo plazo son la desnutrición y los déficits de micronutrientes, la pérdida de masa ósea y, en la afectación extensa del colon, un mayor riesgo de cáncer colorrectal, que tratamos más abajo.

Causas del Crohn
La enfermedad de Crohn no tiene una causa única. Hoy se entiende como el resultado de un desequilibrio entre genética, microbiota, sistema inmunitario y entorno: en personas predispuestas, la combinación de varios de estos elementos termina activando una respuesta inflamatoria anómala en el intestino que no se apaga como debería.
El mecanismo de fondo es una pérdida de tolerancia: el sistema inmunitario del intestino deja de distinguir bien entre lo que debe tolerar (los alimentos y las bacterias propias) y lo que debe combatir, y genera inflamación frente a estímulos que normalmente no la provocarían.

Genética
Existe una clara predisposición genética. Tener un familiar de primer grado con EII aumenta el riesgo, y se han identificado numerosas variantes genéticas relacionadas con la forma en que el sistema inmunitario responde a la microbiota intestinal.
Sin embargo, la genética por sí sola no explica la enfermedad: muchas personas con esas variantes nunca la desarrollan, y la mayoría de pacientes no tiene antecedentes familiares. La predisposición aumenta la probabilidad, pero hacen falta otros factores para que la enfermedad se manifieste.
Disbiosis de la microbiota
La microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en el equilibrio del sistema digestivo y en la educación del sistema inmunitario.
En el Crohn se ha observado una alteración en la composición y la función de la microbiota, conocida como disbiosis, con pérdida de diversidad. Este desequilibrio puede favorecer una respuesta inflamatoria mantenida, aunque todavía no está claro en qué medida es causa y en qué medida consecuencia de la propia inflamación. Es una de las razones por las que la dieta, que modula la microbiota, se estudia como parte del tratamiento.
Tabaco: el factor de riesgo modificable más importante
De todos los factores ambientales, el tabaco es el que tiene una relación más consistente con el Crohn y el más importante de los que se pueden modificar. Un metaanálisis publicado en Mayo Clinic Proceedings (Mahid et al., 2006) estimó que las personas que fuman en la actualidad tienen unas probabilidades de enfermedad de Crohn de aproximadamente 1,8 veces las de quienes no fuman (odds ratio 1,76; IC 95 %: 1,40-2,22) [6].
Además de aumentar el riesgo de desarrollarla, fumar se asocia a una enfermedad más agresiva: un metaanálisis encontró que quienes fuman tienen un riesgo de resección intestinal un 27 % mayor que quienes nunca han fumado [7], y el tabaco se relaciona también con una mayor recurrencia tras la cirugía. Por eso dejar de fumar forma parte del tratamiento del Crohn y es una de las medidas con más impacto que dependen del propio paciente. Curiosamente, en la colitis ulcerosa la relación con el tabaco es distinta, una de las diferencias epidemiológicas entre ambas enfermedades.
Factores ambientales
Otros factores del entorno pueden actuar como moduladores del riesgo o de la actividad de la enfermedad, aunque con menos solidez que el tabaco:
- Dieta: los patrones occidentales, ricos en ultraprocesados y pobres en fibra y alimentos frescos, se asocian a mayor riesgo en estudios observacionales.
- Fármacos: los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) no causan la enfermedad, pero pueden inflamar el intestino y empeorar el Crohn; los antibióticos frecuentes alteran la microbiota.
- Infecciones intestinales previas, como una gastroenteritis, que se han descrito como posible desencadenante en personas predispuestas.
- Estilo de vida urbano e industrializado, en línea con el aumento de la incidencia en todo el mundo.
No son causas directas, pero pueden contribuir a que la enfermedad se desarrolle o se manifieste en personas predispuestas. La alimentación es uno de los factores más estudiados, como exploramos en nuestra guía sobre alimentación y salud y cómo una buena dieta previene enfermedades.
Disfunción inmune
El elemento central del Crohn es una respuesta inmunitaria desregulada. En lugar de mantener la tolerancia frente a la microbiota intestinal, el sistema inmunitario de la mucosa reacciona de forma exagerada y produce mediadores inflamatorios (citoquinas) que perpetúan el daño.
Ese proceso no se apaga de forma adecuada, lo que explica la persistencia de la inflamación y la aparición de brotes. También explica por qué los tratamientos más eficaces son los que actúan sobre moléculas concretas de esa respuesta. Si quieres entender en qué se diferencia esta inflamación de la inflamación de bajo grado asociada al estilo de vida, consulta nuestra guía sobre la inflamación crónica.
Diagnóstico del Crohn
El diagnóstico de la enfermedad de Crohn no se basa en una única prueba, sino en la integración de síntomas, analítica, endoscopia con biopsias y pruebas de imagen. Muchos de sus síntomas se confunden con otros trastornos digestivos, así que el objetivo no es solo confirmar que hay inflamación, sino caracterizarla (qué tramo está afectado, con qué extensión y con qué comportamiento) y diferenciarla de otras patologías, como la colitis ulcerosa, las infecciones o el síndrome del intestino irritable.
La guía de diagnóstico ECCO-ESGAR para la EII (Maaser et al., 2019) subraya que no existe una única prueba de referencia: el diagnóstico se apoya en la combinación de evaluación clínica, marcadores biológicos, endoscopia con biopsias e imagen de sección transversal. Por eso ninguna prueba aislada, incluida la calprotectina fecal, confirma la enfermedad por sí sola [8].

Colonoscopia con ileoscopia y biopsias
La colonoscopia con ileoscopia es la prueba central. Permite ver directamente el colon y el íleon terminal, una de las zonas más afectadas, y tomar biopsias que confirman la inflamación característica y descartan otras causas. Además de detectar la enfermedad, ayuda a valorar su extensión y su gravedad, y se repite a lo largo del seguimiento para comprobar la respuesta al tratamiento.
Estudios de imagen
Para evaluar los tramos del intestino delgado que no alcanza la endoscopia se utilizan técnicas como la enterografía por resonancia magnética, la ecografía intestinal o, en casos seleccionados, la cápsula endoscópica. Permiten analizar el intestino delgado en su totalidad y detectar inflamación, estenosis o complicaciones como fístulas y abscesos. La resonancia pélvica es la prueba de elección cuando se sospecha enfermedad perianal.
Calprotectina fecal
La calprotectina fecal es un marcador no invasivo de inflamación intestinal que se mide en una muestra de heces. Es útil para decidir a quién hay que hacer una colonoscopia y, sobre todo, para monitorizar la actividad de la enfermedad sin repetir endoscopias. Un valor elevado sugiere inflamación, pero no es específico del Crohn, por lo que debe interpretarse siempre en su contexto clínico.
Analítica sanguínea
Los análisis de sangre aportan información complementaria. La proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG) pueden reflejar inflamación sistémica. También se evalúan el hemograma, la ferritina, la vitamina B12, la albúmina y otros parámetros para detectar anemia o déficits nutricionales, y se descartan infecciones antes de iniciar ciertos tratamientos. Estos datos no confirman el diagnóstico por sí solos, pero ayudan a medir el impacto de la enfermedad.
Tratamiento de la enfermedad de Crohn
El tratamiento de la enfermedad de Crohn tiene dos fases: inducir la remisión cuando hay un brote y mantenerla en el tiempo para evitar nuevos brotes, complicaciones y daño estructural. Hoy el objetivo no es solo que desaparezcan los síntomas, sino controlar la inflamación de forma objetiva (con marcadores y endoscopia), porque la inflamación silenciosa sigue dañando el intestino.
La guía europea de referencia es la de la European Crohn’s and Colitis Organisation (ECCO) sobre tratamiento médico del Crohn, actualizada en 2024 (Gordon et al.), que revisa la evidencia de cada familia de fármacos [9]. Se complementa con la guía ECCO de tratamiento quirúrgico publicada ese mismo año (Adamina et al.) [10]. La elección concreta, la dosis y la duración las decide siempre el equipo de gastroenterología según la localización, la gravedad, el comportamiento y los factores de riesgo de cada paciente.
Un detalle que sorprende a muchos pacientes: los aminosalicilatos (como la mesalazina), muy útiles en la colitis ulcerosa, tienen un papel muy limitado en el Crohn y no forman parte del tratamiento de base que recomiendan las guías actuales [9].

Corticoides (inducción de remisión)
Los corticoides se usan para inducir la remisión en los brotes porque reducen la inflamación con rapidez. En la afectación leve o moderada del íleon y el colon derecho se prefiere la budesonida, un corticoide de acción más local y con menos efectos sistémicos; en los brotes moderados o graves se emplean corticoides sistémicos [9].
No sirven como tratamiento de mantenimiento: no evitan nuevos brotes y su uso prolongado tiene efectos adversos importantes (pérdida de masa ósea, alteraciones metabólicas, infecciones). Necesitar corticoides de forma repetida o no poder retirarlos es una señal para escalar a un tratamiento de mantenimiento.
Inmunomoduladores
Los inmunomoduladores clásicos son las tiopurinas (azatioprina y mercaptopurina) y el metotrexato. Su efecto es lento. Las tiopurinas no se recomiendan en monoterapia para inducir la remisión, pero sí pueden usarse para mantenerla; el metotrexato, administrado por vía parenteral, puede emplearse tanto para inducir como para mantener la remisión en el Crohn moderado o grave. Se usan sobre todo en personas que dependen de los corticoides y, en el caso de las tiopurinas, en combinación con infliximab para mejorar su eficacia y reducir la formación de anticuerpos contra el fármaco [9].
Requieren controles analíticos periódicos. El metotrexato está contraindicado en el embarazo, un aspecto que hay que planificar en mujeres en edad fértil (lo vemos en el apartado de embarazo).
Terapias biológicas
Las terapias biológicas han cambiado el pronóstico del Crohn moderado y grave. Son anticuerpos que bloquean moléculas concretas de la respuesta inflamatoria y se administran por vía intravenosa o en inyección subcutánea. Las principales familias son:
- Anti-TNF (infliximab, adalimumab): los primeros biológicos y los más utilizados, también en la enfermedad perianal fistulizante.
- Anti-interleucinas 12/23 y 23 (ustekinumab y los anti-IL-23 más recientes, como risankizumab).
- Anti-integrinas (vedolizumab), con una acción más selectiva sobre el intestino.
Se emplean en la enfermedad moderada o grave, tanto para inducir como para mantener la remisión [9], y el especialista valora adelantarlos cuando hay factores que hacen prever una evolución más agresiva, como un debut a edad temprana, una afectación extensa o la enfermedad perianal.
Nuevos tratamientos para la enfermedad de Crohn
Además de los nuevos biológicos anti-IL-23, la novedad más relevante de los últimos años son las moléculas pequeñas orales, como los inhibidores de JAK (upadacitinib), que se toman en comprimidos y actúan sobre las vías de señalización de la inflamación. Amplían las opciones para pacientes que no responden a los biológicos o los pierden con el tiempo.
Que existan más fármacos no significa que el último sea siempre el mejor: la guía ECCO 2024 compara la eficacia y la seguridad de cada opción, y la elección depende del perfil de cada paciente, de los tratamientos previos y de la disponibilidad [9]. La investigación sigue abierta en terapias combinadas y en estrategias de tratamiento más personalizadas.
Cirugía
La cirugía sigue siendo parte del tratamiento del Crohn. Se indica sobre todo para tratar complicaciones como estenosis que obstruyen el paso del contenido intestinal, fístulas complejas o abscesos, y cuando la enfermedad no responde a los fármacos. En casos seleccionados de afectación ileocecal limitada y sin estenosis, la resección por laparoscopia puede plantearse como alternativa razonable al tratamiento biológico. La guía ECCO de tratamiento quirúrgico aborda también la preparación previa y el manejo de los fármacos alrededor de la intervención [10].
La cirugía no cura la enfermedad: la inflamación puede reaparecer, con frecuencia en la zona de la unión quirúrgica. Por eso, tras una resección, se vigila la recurrencia con endoscopia y se valora mantener tratamiento preventivo, y dejar de fumar vuelve a ser clave. Siempre que sea posible, se intenta preservar la mayor longitud de intestino.
Nutrición en la enfermedad de Crohn
La nutrición en la enfermedad de Crohn no es un complemento secundario, sino una herramienta clave del manejo. La alimentación influye en los síntomas, en el estado nutricional, en la recuperación intestinal y, en algunos contextos, en la propia actividad de la enfermedad. Es un ejemplo claro de dietoterapia aplicada a una patología, donde la pauta forma parte del tratamiento.
Eso sí, la dieta no sustituye al tratamiento farmacológico, pero puede modular la respuesta del organismo y mejorar la calidad de vida. La referencia actual es la guía de la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) sobre nutrición clínica en la EII, actualizada en 2023 y ampliada hasta 71 recomendaciones [11].
Dieta en brote activo vs. remisión
Uno de los errores más comunes es aplicar la misma dieta en todas las fases. Durante un brote activo, el objetivo es reducir la carga digestiva y evitar la pérdida de peso; si hay estenosis, además, limitar los alimentos con mucho residuo que puedan quedar atascados en el tramo estrecho. En remisión, el objetivo cambia: recuperar una alimentación variada que cubra los requerimientos, sin restricciones innecesarias que empobrezcan la dieta.
| Aspecto | En brote activo (o con estenosis) | En remisión |
|---|---|---|
| Objetivo principal | Mantener el aporte de energía y proteína, reducir molestias y evitar la desnutrición | Dieta variada y suficiente, corregir déficits y sostener un buen estado nutricional |
| Fibra y residuo | Reducir temporalmente la fibra insoluble y los alimentos con mucho residuo (pieles, semillas, frutos secos enteros, verduras fibrosas), sobre todo si hay estenosis | Reintroducir de forma progresiva fruta, verdura, legumbres y cereales integrales según tolerancia |
| Preparaciones | Cocciones sencillas (hervido, plancha, horno, purés y cremas), raciones más pequeñas y frecuentes | Cocina habitual, priorizando alimentos frescos y poco procesados |
| Proteína | Fuentes de fácil digestión: huevo, pescado, carnes magras, lácteos si se toleran | Variedad de fuentes, incluidas legumbres si se toleran |
| Grasas y ultraprocesados | Evitar fritos, comidas muy grasas y ultraprocesados, que suelen tolerarse peor | Limitarlos como en cualquier dieta saludable |
| Líquidos | Reponer las pérdidas si hay diarrea | Hidratación habitual |
| Apoyo nutricional | Suplementos o nutrición enteral si no se cubren las necesidades, siempre pautados por el equipo | Revisión periódica del estado nutricional y de los micronutrientes |
La tabla es una orientación general: la pauta concreta depende de la localización, de si hay estenosis o resecciones previas y de la tolerancia de cada persona, y debe individualizarla un dietista-nutricionista con experiencia en EII. Las restricciones de la fase de brote no deben prolongarse una vez controlada la inflamación. Cuando en remisión persisten síntomas funcionales como hinchazón, gases o dolor sin inflamación activa, a veces se plantea una dieta baja en FODMAP temporal y supervisada, que no actúa sobre la inflamación sino sobre esos síntomas.

CDED (Crohn Disease Exclusion Diet)
La CDED es un enfoque dietético diseñado específicamente para pacientes con Crohn. Se basa en excluir componentes que podrían favorecer la inflamación o alterar la microbiota y la barrera intestinal (ciertos aditivos y emulgentes, productos ultraprocesados, algunas grasas y azúcares) y en priorizar alimentos frescos, manteniendo una ingesta equilibrada. Se combina con una parte de fórmula de nutrición enteral (nutrición enteral parcial).
La evidencia procede sobre todo de población pediátrica. En un ensayo controlado aleatorizado publicado en Gastroenterology (Levine et al., 2019) con 74 niños con Crohn leve o moderado (edad media de 14 años), la CDED con nutrición enteral parcial fue mejor tolerada que la nutrición enteral exclusiva (97,5 % frente a 73,6 %). En la semana 6, las tasas de remisión sin corticoides fueron comparables (75 % frente a 59 %, diferencia no significativa), pero en la semana 12 la remisión sostenida fue mayor con la CDED (75,6 % frente a 45,1 %) [12].
Es una de las estrategias dietéticas con más respaldo en esta enfermedad, aunque los datos en adultos son más limitados y siempre debe aplicarse con supervisión profesional.
EEN (Nutrición Enteral Exclusiva)
La nutrición enteral exclusiva (EEN) consiste en cubrir todos los requerimientos nutricionales con fórmulas específicas, retirando temporalmente los alimentos sólidos durante varias semanas. En el Crohn pediátrico es el tratamiento de primera línea para inducir la remisión según la guía ECCO-ESPGHAN, porque lo consigue sin corticoides y mejora el estado nutricional y el crecimiento [4].
En adultos también puede utilizarse en contextos concretos (por ejemplo, para mejorar el estado nutricional antes de una cirugía), aunque la adherencia es más difícil y no se usa de forma rutinaria como alternativa a los fármacos.

Déficits nutricionales frecuentes
La inflamación, la malabsorción, las resecciones intestinales, las pérdidas de sangre y la propia restricción de alimentos hacen que los déficits nutricionales sean frecuentes en el Crohn. Entre los más habituales:
- Hierro: es una causa frecuente de anemia y cansancio; conviene vigilar la ferritina baja, teniendo en cuenta que la inflamación puede elevarla y enmascarar el déficit.
- Vitamina B12: se absorbe en el íleon terminal, por lo que su déficit es más probable cuando esa zona está inflamada o se ha extirpado. Lo explicamos en nuestra guía sobre la vitamina B12 baja.
- Vitamina D: relevante para la salud ósea, más comprometida si se han usado corticoides; más información en nuestra guía sobre la vitamina D baja.
Estos déficits contribuyen a síntomas como la fatiga o la debilidad, por lo que su detección y corrección forman parte del tratamiento. La guía ESPEN dedica parte de sus recomendaciones al cribado nutricional y a la evaluación de micronutrientes en las personas con EII [11].

Cirugía intestinal y nutrición post
En pacientes que han requerido cirugía, la nutrición adquiere un papel aún más relevante. Según la extensión y la zona de la resección, puede alterarse la absorción de grasas, de sales biliares o de vitamina B12, o aparecer diarrea por sales biliares tras resecciones del íleon. En resecciones extensas existe riesgo de fracaso intestinal, que requiere un manejo especializado.
Por eso estos pacientes necesitan una adaptación dietética específica y un seguimiento nutricional estrecho, con controles de peso, de micronutrientes y de la tolerancia a los distintos grupos de alimentos.
Alimentos que empeoran los síntomas
No existe una lista universal de alimentos «prohibidos» en el Crohn, pero sí patrones que suelen empeorar los síntomas en algunos pacientes, sobre todo durante los brotes: los alimentos muy grasos y fritos, los ultraprocesados, las bebidas muy azucaradas o con gas y, si hay estenosis, los alimentos con mucho residuo. El alcohol y el picante también pueden aumentar las molestias en algunas personas.
La clave no es aplicar restricciones generales, sino identificar la tolerancia individual, por ejemplo con un registro de alimentos y síntomas revisado por un profesional. Eliminar grupos enteros de alimentos sin necesidad aumenta el riesgo de déficits, que ya es alto en esta enfermedad.
Crohn y cáncer de colon
Sí existe una asociación entre la enfermedad de Crohn y el cáncer de colon, pero no es directa ni inevitable. El aumento del riesgo se relaciona sobre todo con la inflamación crónica mantenida cuando el colon está afectado: cuanto más extensa y prolongada es la inflamación del colon, mayor puede ser el riesgo. En el Crohn limitado al intestino delgado, el riesgo de cáncer colorrectal no se comporta igual.
Cómo se explica esta relación
En condiciones normales, la mucosa intestinal se renueva constantemente. Cuando existe inflamación crónica, ese proceso de renovación se altera y, a lo largo de los años, pueden acumularse cambios en las células del colon (displasia) que preceden al cáncer. Este proceso no ocurre en todos los pacientes, requiere años de evolución y depende de factores como la extensión de la afectación, su duración y el grado de control de la inflamación.
Qué significa esto en la práctica
La implicación clínica no es generar alarma, sino establecer un seguimiento adecuado. La guía ECCO de EII y cáncer (Gordon et al., 2023) recomienda una primera colonoscopia de cribado a los 8 años del inicio de los síntomas. A partir de ahí, el intervalo depende del riesgo de cada paciente: al año si hay factores de riesgo alto (por ejemplo, estenosis o displasia en el colon, colangitis esclerosante primaria o inflamación extensa y activa), cada 2-3 años con riesgo intermedio y cada 5 años si no hay factores de riesgo. Quien tiene un Crohn limitado al intestino delgado, sin afectación del colon, no necesita un programa específico y sigue el cribado de la población general [13]. El calendario concreto lo establece el especialista.
Además, el buen control de la inflamación con el tratamiento reduce el riesgo a largo plazo. El diagnóstico precoz, el control de la enfermedad y el seguimiento endoscópico son las herramientas que hacen que este riesgo sea modulable.
Esperanza de vida con Crohn
La mayoría de las personas con enfermedad de Crohn tiene una vida larga, pero los estudios poblacionales muestran una esperanza de vida algo inferior a la media. En Canadá, a partir de datos de 1996 a 2011, la diferencia en el conjunto de la EII fue de 6,6 a 8,1 años en mujeres y de 5,0 a 6,1 años en hombres. Mantener la enfermedad bien controlada y no fumar son los factores modificables que más pesan en el pronóstico.
El estudio procede de Ontario (Canadá) y se publicó en el Canadian Medical Association Journal (Kuenzig et al., 2020). Además de la esperanza de vida, analizó la esperanza de vida ajustada por salud (los años vividos con buena salud). En las mujeres la diferencia fue aún mayor (de 9,5 a 13,5 años); en los hombres fue de 2,6 a 6,7 años. Los autores atribuyen buena parte de esa pérdida al efecto del dolor en el funcionamiento diario. Hay que leerlo con sus límites: agrupa Crohn y colitis ulcerosa, se refiere a otro país y a un periodo anterior a la generalización de los biológicos y los tratamientos actuales [14].
Es decir, afirmar sin más que la esperanza de vida es «igual» a la de la población general simplifica demasiado, pero tampoco hay motivo para el alarmismo: son promedios poblacionales que incluyen formas graves, complicaciones y tratamientos de hace años, y no predicen la evolución de una persona concreta.

Qué factores influyen
El impacto del Crohn no es uniforme. La evolución depende de la gravedad de la enfermedad, su localización y comportamiento, la aparición de complicaciones (estenosis, fístulas, desnutrición, cirugías repetidas) y, sobre todo, del control de la inflamación a lo largo del tiempo. También influyen factores que dependen en buena parte del paciente: la adherencia al tratamiento, el seguimiento médico, el manejo precoz de los brotes y, de forma destacada, no fumar.
Calidad de vida vs. esperanza de vida
Conviene diferenciar entre vivir más años y vivir mejor esos años. Que, en las mujeres, la diferencia en esperanza de vida ajustada por salud sea mayor que la de esperanza de vida total refleja precisamente eso: el peso del Crohn está, sobre todo, en los años vividos con síntomas, brotes o limitaciones. Con un manejo adecuado, muchas personas mantienen una vida activa y funcional; lo desarrollamos en el apartado «Crohn y calidad de vida».
El papel del tratamiento y el seguimiento
El control de la enfermedad es el principal factor que condiciona la evolución. Mantener la inflamación bajo control (no solo los síntomas), prevenir complicaciones, vigilar el estado nutricional y el riesgo de cáncer de colon y tratar a tiempo los brotes permite mejorar la calidad de vida y reducir riesgos a largo plazo. Por eso el seguimiento en una unidad de EII, combinado con apoyo nutricional cuando es necesario, marca la diferencia.
Crohn y calidad de vida
El impacto real de la enfermedad de Crohn se percibe en el día a día: en cómo se siente la persona, en lo que puede hacer y en cómo condiciona su rutina, su trabajo y sus relaciones. La calidad de vida se resiente sobre todo en las fases de brote o cuando la enfermedad no está bien controlada, y mejora de forma notable cuando se alcanza una remisión estable.
El impacto de los brotes
Durante los brotes, el dolor abdominal, la diarrea o la urgencia para ir al baño pueden dificultar actividades tan básicas como trabajar, viajar o mantener una vida social normal. Además, la incertidumbre sobre cuándo aparecerá el siguiente brote genera en muchas personas una sensación constante de falta de control, que lleva a planificar cada salida en función de la disponibilidad de un baño.
Fatiga y energía
La fatiga es uno de los síntomas más infravalorados del Crohn. No siempre se relaciona con la intensidad de los síntomas digestivos y puede persistir en remisión. Contribuyen la inflamación, la anemia y los déficits nutricionales, el mal descanso por los síntomas nocturnos y la propia carga de la enfermedad. Afecta al rendimiento laboral, al ejercicio físico y a la vida diaria, y merece valorarse específicamente: buscar y corregir una anemia o un déficit de hierro, vitamina B12 o vitamina D es una de las primeras medidas.
Impacto emocional
Vivir con una enfermedad crónica e impredecible puede generar ansiedad, preocupación o frustración, y los síntomas de ansiedad o de ánimo bajo son frecuentes, sobre todo en las fases de brote. Las restricciones dietéticas, las visitas médicas, las pruebas y los tratamientos también influyen en la percepción de bienestar. Hablarlo con el equipo sanitario y, cuando hace falta, contar con apoyo psicológico forma parte del tratamiento.
Adaptación y manejo
A pesar de estos retos, muchas personas con Crohn desarrollan estrategias que les permiten mantener una vida activa: conocer bien su enfermedad y reconocer las señales de un brote, mantener el tratamiento también cuando se encuentran bien, cuidar la alimentación y el estado nutricional, practicar actividad física adaptada y apoyarse en asociaciones de pacientes. El abordaje eficaz va más allá de lo clínico e integra los aspectos funcionales, nutricionales y emocionales.
Crohn en el embarazo
El embarazo en mujeres con enfermedad de Crohn genera dudas sobre la fertilidad, la evolución de la enfermedad y la seguridad de los fármacos. La idea clave es que tener Crohn no impide tener un embarazo saludable, pero sí requiere planificación y seguimiento coordinado entre gastroenterología y obstetricia. La referencia es la guía ECCO sobre sexualidad, fertilidad, embarazo y lactancia (Torres et al., 2023) [15].

Fertilidad y planificación
En general, las mujeres con Crohn en fase de remisión tienen una fertilidad similar a la de la población general. Cuando la enfermedad está activa, en cambio, pueden aparecer dificultades relacionadas con la inflamación, el estado nutricional, la cirugía pélvica previa o el impacto sistémico de la enfermedad. La guía ECCO señala que alcanzar la remisión clínica puede aumentar la probabilidad de concebir [15].
Por eso la recomendación habitual es planificar el embarazo en un momento de estabilidad clínica y revisar antes el tratamiento con el especialista.
Evolución de la enfermedad durante el embarazo
La evolución del Crohn durante el embarazo depende, en gran medida, de cómo esté la enfermedad en el momento de la concepción:
- Si está en remisión, es más probable que se mantenga estable.
- Si está activa, el riesgo de que continúe activa o empeore es mayor: en la guía ECCO, la enfermedad activa en la concepción se asoció de forma clara con brotes durante el embarazo [15].
Esto refuerza la importancia de llegar al embarazo con la enfermedad controlada.
Tratamiento durante el embarazo
En muchos casos, los fármacos utilizados en el Crohn son compatibles con el embarazo, y suspenderlos sin supervisión puede ser más perjudicial que mantenerlos, porque un brote supone en sí mismo un riesgo para la madre y el embarazo. La guía ECCO contempla, por ejemplo, la opción de mantener el tratamiento con anti-TNF [15].
Hay excepciones importantes. El metotrexato está contraindicado durante el embarazo y debe retirarse con antelación cuando se planifica, siempre con indicación médica. Tampoco se recomienda, en general, iniciar tiopurinas durante el embarazo [15]. El objetivo es equilibrar el control de la enfermedad con la seguridad materno-fetal, siempre bajo supervisión médica.
Nutrición y estado materno
El estado nutricional adquiere una relevancia especial durante el embarazo. La inflamación intestinal no controlada puede afectar a la absorción de nutrientes (hierro, ácido fólico, vitamina B12, vitamina D), con implicaciones para la madre y para el desarrollo fetal. Por eso el seguimiento nutricional forma parte del manejo en esta etapa, con especial atención al aporte de folato y a la prevención de la anemia.
Cuándo acudir al especialista
Conviene consultar con un profesional sanitario si aparecen síntomas digestivos persistentes sin una causa clara:
- Diarrea que se prolonga durante semanas o que despierta por la noche.
- Sangre o moco en las heces.
- Dolor abdominal recurrente, sobre todo en la parte inferior derecha.
- Pérdida de peso sin buscarla, fiebre o febrícula sin explicación.
- Fisuras, abscesos o fístulas perianales que se repiten.
- Anemia, ferritina o vitamina B12 bajas sin causa evidente.
Si ya existe diagnóstico, hay que contactar con el equipo de EII ante cambios en los síntomas o signos de brote, y acudir a urgencias ante dolor abdominal intenso, vómitos que impiden comer o beber, fiebre alta, sangrado abundante o hinchazón abdominal con ausencia de deposiciones, porque pueden indicar una obstrucción, un absceso u otra complicación.
El manejo eficaz del Crohn combina un diagnóstico preciso, un tratamiento ajustado a cada fase y un seguimiento continuo, en el que la nutrición también tiene un papel relevante. Abordar patologías como esta es competencia del nutricionista clínico, una de las figuras clave en el equipo que atiende a estos pacientes.
Si quieres aprender a interpretar este tipo de patologías desde una perspectiva clínica y basada en evidencia, en ENFAF encontrarás formaciones diseñadas para desarrollar criterio profesional y aplicar la nutrición en la práctica real, como el Máster en Nutrición Clínica Aplicada a Patologías.

Preguntas frecuentes sobre la enfermedad de Crohn
¿Qué provoca la enfermedad de Crohn?
No tiene una causa única. Se considera el resultado de la interacción entre predisposición genética, alteraciones de la microbiota intestinal, factores ambientales (el más claro, el tabaco) y una respuesta inmunitaria desregulada. No hay un desencadenante concreto, sino una combinación de factores que, en determinadas personas, activa la inflamación crónica.
¿A qué edad se suele iniciar la enfermedad de Crohn?
Se diagnostica con más frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes, pero puede aparecer a cualquier edad, también en la infancia y en mayores. Por eso la clasificación de Montreal distingue tres grupos: diagnóstico a los 16 años o antes, entre los 17 y los 40, y después de los 40. En el registro español EpidemIBD, la mediana de edad al diagnóstico para el conjunto de la EII (Crohn y colitis ulcerosa juntas) fue de 43 años [2].
¿Es hereditaria la enfermedad de Crohn?
No es una enfermedad hereditaria en sentido estricto, pero sí existe predisposición genética: tener un familiar de primer grado con EII aumenta el riesgo. Aun así, la mayoría de los hijos de personas con Crohn no desarrolla la enfermedad, y la mayoría de pacientes no tiene antecedentes familiares, porque hacen falta otros factores para que se manifieste.
¿Cuántos años se puede vivir con Crohn?
La mayoría de las personas con Crohn vive muchos años, pero de media los estudios poblacionales describen una esperanza de vida algo menor que la de la población general. En el estudio canadiense de Kuenzig (2020), con datos de 1996 a 2011 para el conjunto de la EII, la diferencia fue de 6,6 a 8,1 años en mujeres y de 5,0 a 6,1 en hombres [14]. El factor que más pesa es el control de la enfermedad a lo largo del tiempo, junto con no fumar y el seguimiento médico.
¿Qué diferencia hay entre Crohn y colon irritable?
El síndrome del intestino irritable (colon irritable) es un trastorno funcional: hay dolor, hinchazón y cambios en el ritmo intestinal, pero sin inflamación ni lesiones visibles, y no daña el intestino. El Crohn es una enfermedad inflamatoria que produce lesiones en la pared intestinal y puede complicarse con estenosis o fístulas. Sangre en las heces, pérdida de peso, fiebre, anemia, síntomas nocturnos o una calprotectina fecal elevada orientan hacia la EII y obligan a estudiarla.
¿Cómo saber si estoy en un brote de Crohn?
Un brote suele notarse por el aumento de la frecuencia de las deposiciones, más dolor abdominal, cansancio, pérdida de apetito y, a veces, fiebre o sangre en las heces. Como los síntomas no siempre reflejan la inflamación real, el equipo médico lo confirma con calprotectina fecal, analítica y, si hace falta, endoscopia o imagen. Ante la sospecha, lo indicado es contactar con la unidad de EII, no automedicarse con antiinflamatorios y no suspender el tratamiento por cuenta propia.
¿La enfermedad de Crohn puede causar fístulas?
Sí. Como la inflamación puede atravesar toda la pared intestinal, el Crohn puede formar fístulas entre asas intestinales, con la vejiga, la vagina o la piel, y también en la zona perianal. Corresponden al comportamiento penetrante (B3) o al modificador perianal (p) de la clasificación de Montreal. Su tratamiento combina fármacos, a menudo biológicos, y en muchos casos cirugía.
¿Existe un nuevo tratamiento para la enfermedad de Crohn?
Sí. En los últimos años se han incorporado nuevos biológicos que bloquean la interleucina 23 (como risankizumab) y moléculas pequeñas orales como los inhibidores de JAK (upadacitinib), que se suman a los anti-TNF, ustekinumab y vedolizumab. La guía ECCO 2024 revisa la evidencia de todas estas opciones [9]. La elección depende de cada paciente y de los tratamientos previos, y la decide el especialista.
¿Qué no debe comer un enfermo de Crohn?
No existe una lista universal de alimentos prohibidos. La tolerancia varía entre personas y depende de si la enfermedad está en brote o en remisión. Durante los brotes se suelen tolerar peor los alimentos muy grasos, fritos, ultraprocesados o de difícil digestión (una pizza, por ejemplo, reúne varias de estas características), y si hay estenosis conviene limitar los alimentos con mucho residuo. En remisión, la mayoría de las personas puede volver a una dieta variada, y algunas toleran ocasionalmente esos alimentos. El enfoque adecuado es identificar la tolerancia individual con ayuda profesional, sin restringir de más.
¿La enfermedad de Crohn causa gases?
Puede hacerlo. La inflamación, la malabsorción, los cambios de la microbiota y, sobre todo, las estenosis que enlentecen el tránsito favorecen la hinchazón, los ruidos intestinales y los gases intestinales. Si se acompañan de dolor tipo cólico y vómitos tras las comidas, deben consultarse, porque pueden indicar un estrechamiento del intestino.
¿Qué empeora el Crohn?
Los factores más relevantes son el tabaco, que se asocia a una enfermedad más agresiva, más cirugía y más recurrencia tras ella; abandonar o tomar de forma irregular el tratamiento de mantenimiento; los antiinflamatorios no esteroideos, y las infecciones intestinales. El estrés mantenido y determinados patrones dietéticos pueden agravar los síntomas en fases activas. Aun así, el principal determinante es el grado de control de la inflamación.
¿Es curable?
Actualmente, la enfermedad de Crohn no tiene cura, y la cirugía tampoco la elimina. El objetivo del tratamiento es controlar la inflamación, inducir la remisión y mantenerla el mayor tiempo posible. Con un manejo adecuado es posible reducir los brotes, prevenir complicaciones y mejorar de forma significativa la calidad de vida.
¿La enfermedad de Crohn es cáncer?
No. El Crohn es una enfermedad inflamatoria crónica, no un cáncer. Sin embargo, cuando afecta de forma extensa al colon durante años puede aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, por lo que se recomiendan colonoscopias de vigilancia, como explicamos en el apartado dedicado al cáncer de colon. Ese riesgo se reduce con el control de la enfermedad y el seguimiento.
Publicación revisada por:
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