
La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que inflama de forma continua la mucosa del recto y, según el caso, de una parte o de todo el colon. Evoluciona en brotes de diarrea con sangre, urgencia y dolor abdominal que alternan con periodos de remisión. No tiene cura farmacológica, pero el tratamiento permite controlarla.
Junto con la enfermedad de Crohn, forma parte de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). A diferencia de los trastornos digestivos funcionales, aquí hay una inflamación objetiva y mantenida, visible en la colonoscopia, con repercusiones digestivas y sistémicas. Su naturaleza cambiante es lo que más desconcierta a muchos pacientes: hay meses en los que el intestino funciona con relativa normalidad y otros en los que trabajar, salir de casa o comer fuera queda condicionado por la enfermedad.
En este artículo explicamos qué es, cómo se clasifica por extensión y gravedad según la clasificación de Montreal, qué síntomas da, cómo se diagnostica y se trata según las guías europeas (ECCO) y españolas (GETECCU), qué comer en brote y en remisión, y qué cambia en niños, durante el embarazo y en el seguimiento del riesgo de cáncer colorrectal.
Qué es la colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa es una enfermedad inmunomediada: el sistema inmunitario mantiene una respuesta inflamatoria anómala sobre la mucosa del intestino grueso. La inflamación empieza siempre en el recto y puede extenderse hacia zonas más proximales del colon de forma continua, sin tramos sanos intercalados, y afecta sobre todo a la capa más superficial de la pared intestinal [1].
Esa mucosa inflamada se ulcera, sangra con facilidad y pierde parte de su capacidad para absorber agua y actuar como barrera. De ahí salen los síntomas típicos: diarrea con sangre y moco, urgencia para ir al baño y sensación de evacuación incompleta.

Frecuencia y edad de diagnóstico en España
El estudio EpidemIBD, impulsado por GETECCU, registró 3.611 casos nuevos de EII diagnosticados en 2017 en 108 hospitales españoles. La incidencia de colitis ulcerosa fue de 8 casos por 100.000 personas-año (16 para el conjunto de la EII y 7,5 para la enfermedad de Crohn), y la mediana de edad al diagnóstico de la EII fue de 43 años, con la mitad central de los casos entre los 31 y los 56 años [2]. Es decir, no es una enfermedad exclusiva de adultos jóvenes: se diagnostica a lo largo de toda la vida adulta y también en la infancia.
Conviene no confundirla con otras «colitis». La palabra colitis solo significa inflamación del colon, y hay formas que no tienen relación con la colitis ulcerosa: la colitis infecciosa (por bacterias como Salmonella, Campylobacter o Clostridioides difficile), la colitis isquémica (por falta de riego), la colitis microscópica (con una colonoscopia de aspecto normal y alteraciones que solo se ven en la biopsia) o la mal llamada «colitis nerviosa», que en realidad corresponde al síndrome del intestino irritable, un trastorno funcional sin inflamación. Ante un cuadro agudo de diarrea, lo primero es descartar una causa infecciosa; si las deposiciones líquidas se repiten durante semanas, nuestra guía sobre diarrea frecuente explica cuándo preocuparse.
Colitis ulcerosa vs Crohn: diferencias clave
Las dos pertenecen a la EII, pero se diferencian en dónde y cómo inflaman el tubo digestivo. Esta tabla resume lo esencial; la comparativa completa (síntomas, complicaciones, tratamiento y pronóstico) está en nuestro artículo sobre la enfermedad de Crohn y sus diferencias con la colitis ulcerosa.
| Rasgo | Colitis ulcerosa | Enfermedad de Crohn |
|---|---|---|
| Localización | Solo colon y recto; empieza siempre en el recto | Cualquier tramo del tubo digestivo, de la boca al ano |
| Patrón de las lesiones | Continuo, sin zonas sanas intercaladas | Salteado, con zonas sanas entre las inflamadas |
| Profundidad | Mucosa superficial | Puede atravesar toda la pared intestinal |
| Cirugía | Extirpar colon y recto elimina la enfermedad intestinal | No es curativa: la enfermedad puede reaparecer |

Tipos de colitis ulcerosa por extensión

La colitis ulcerosa no afecta siempre a la misma longitud de colon. La extensión se determina en la colonoscopia y se clasifica con la clasificación de Montreal, la referencia internacional [3]. El punto que separa la colitis izquierda de la extensa es el ángulo esplénico, la curva del colon situada bajo el bazo, donde el colon transverso pasa a ser descendente. Saber hasta dónde llega la inflamación condiciona la vía del tratamiento (rectal, oral o combinada), la intensidad esperable de los síntomas y la vigilancia del riesgo de cáncer colorrectal.
| Tipo (Montreal) | Extensión | Síntomas predominantes | Tratamiento orientativo |
|---|---|---|---|
| E1 · Proctitis ulcerosa | Limitada al recto | Sangrado rectal, urgencia, tenesmo | Mesalazina por vía rectal (supositorios) |
| E2 · Colitis izquierda o distal | Desde el recto hasta, como máximo, el ángulo esplénico | Diarrea con sangre, dolor en la parte izquierda e inferior del abdomen | Mesalazina rectal (enemas o espuma) combinada con mesalazina oral |
| E3 · Colitis extensa o pancolitis | Más allá del ángulo esplénico, hasta todo el colon | Diarrea más intensa, pérdida de peso, afectación del estado general | Mesalazina oral (con frecuencia asociada a tópica) y escalada si no hay respuesta |
El tratamiento de la tabla es orientativo: la elección final depende también de la gravedad del brote y de la respuesta a tratamientos previos [4].
Proctitis ulcerosa (E1)
La proctitis ulcerosa es la forma más limitada: la inflamación afecta únicamente al recto, el último tramo del intestino antes del ano. Predominan el sangrado rectal, la urgencia y el tenesmo, esa sensación de evacuación incompleta que obliga a volver al baño aunque apenas haya contenido.
Que su extensión sea reducida no la convierte en trivial: la frecuencia y la urgencia pueden alterar mucho el día a día. La parte positiva es que el tratamiento de elección es tópico, por vía rectal, y actúa directamente sobre la mucosa inflamada [4]. No toda proctitis es colitis ulcerosa: también existen proctitis infecciosas o secundarias a radioterapia, que se descartan durante el diagnóstico.
Colitis izquierda o distal (E2)
La inflamación se extiende desde el recto por el lado izquierdo del colon hasta, como máximo, el ángulo esplénico [3]. La diarrea con sangre visible y el dolor abdominal son más frecuentes que en la proctitis, y la mayor superficie inflamada también aumenta la repercusión sobre el estado general. Suele tratarse combinando mesalazina por vía rectal y oral.
Colitis extensa o pancolitis (E3)
La colitis extensa sobrepasa el ángulo esplénico; cuando afecta a todo el colon se habla de pancolitis. La carga inflamatoria es mayor, y son más probables los síntomas intensos, la pérdida de peso, la anemia y los brotes graves. El tratamiento oral es la base y, si no basta, se escala a inmunomoduladores o terapias avanzadas.
Es también la forma con mayor riesgo de cáncer colorrectal cuando la inflamación se mantiene durante años, por lo que exige una vigilancia endoscópica más estrecha (lo vemos en el apartado de cáncer colorrectal).
Síntomas de la colitis ulcerosa
Los síntomas de la colitis ulcerosa dependen de dos variables: la extensión de la inflamación y su grado de actividad. Así, hay personas con molestias leves y localizadas y otras con una repercusión intensa sobre todo el organismo. En casi todas, los síntomas aparecen en forma de brotes que alternan con periodos de remisión [5].
Síntomas digestivos
El síntoma más característico es la diarrea con sangre, a menudo con moco y, en brotes intensos, con pus. El sangrado procede de una mucosa inflamada y frágil, algo que no ocurre en los trastornos funcionales. Junto a ella son frecuentes:
- Urgencia: necesidad imperiosa de ir al baño, a veces con escaso margen de tiempo.
- Tenesmo: sensación de no haber evacuado del todo, incluso justo después de ir al baño.
- Dolor abdominal tipo retortijón, sobre todo en la parte inferior del abdomen.
- Sangrado rectal, con o sin diarrea, especialmente en la proctitis.
Conviene no confundir estos síntomas con otros problemas digestivos más leves: en la colitis ulcerosa existe una inflamación objetiva de la mucosa. Cuando la inflamación es extensa pueden sumarse pérdida de peso, fiebre, cansancio y anemia [5].

Síntomas extraintestinales
Al tratarse de una enfermedad inmunomediada, la colitis ulcerosa no se queda en el colon. Las manifestaciones extraintestinales más conocidas son:
- Articulares: artritis de articulaciones periféricas y espondiloartritis, con dolor lumbar de tipo inflamatorio.
- Oculares: epiescleritis y uveítis. Un ojo rojo y doloroso o con visión borrosa requiere valoración rápida.
- Cutáneas y orales: eritema nodoso (nódulos rojos y dolorosos, sobre todo en las piernas) y aftas en la boca.
- Hepatobiliares: colangitis esclerosante primaria, una enfermedad de los conductos biliares que, además, cambia el seguimiento del riesgo de cáncer colorrectal.
- Hematológicas: anemia, sobre todo por déficit de hierro a causa del sangrado.
La fatiga también es muy frecuente y puede mantenerse en fases con los síntomas digestivos controlados; la desarrollamos en el apartado sobre calidad de vida.
Gravedad del brote: leve, moderado, grave y fulminante
Los brotes no siempre tienen la misma intensidad, y graduarlos es lo que permite decidir el tratamiento y si hace falta ingreso. La clasificación de Montreal lo hace con criterios clínicos sencillos: número de deposiciones, presencia de sangre y signos de afectación sistémica [3].
| Grado (Montreal) | Actividad | Criterios |
|---|---|---|
| S0 | Remisión clínica | Sin síntomas |
| S1 | Leve | Cuatro deposiciones al día o menos, con o sin sangre, sin afectación sistémica y con VSG normal |
| S2 | Moderada | Más de cuatro deposiciones al día, con signos mínimos de toxicidad sistémica |
| S3 | Grave | Al menos seis deposiciones con sangre al día con signos de toxicidad sistémica: pulso de 90 latidos por minuto o más, temperatura de 37,5 °C o más, hemoglobina menor de 10,5 g/dl y velocidad de sedimentación (VSG) de 30 mm/h o más |
El término «fulminante» no forma parte de la clasificación de Montreal: se usa en la práctica clínica para los brotes más graves, con deterioro importante del estado general y riesgo de complicaciones como el megacolon tóxico o la perforación, que requieren hospitalización. En consulta y en los ensayos clínicos también se emplean índices compuestos, como el índice de Mayo, que combinan síntomas y hallazgos endoscópicos para seguir la evolución.

¿Es grave la colitis ulcerosa?
Es una de las primeras preguntas tras el diagnóstico. La respuesta corta: puede llegar a serlo, pero no en todos los pacientes ni en todas las etapas. Con diagnóstico precoz, seguimiento y los tratamientos actuales, la mayoría de las personas logra un buen control y su esperanza de vida es cercana a la de la población general.
La gravedad depende de varios factores
La gravedad depende de aspectos como:
- La extensión de la inflamación
- La intensidad de los brotes
- La respuesta al tratamiento
- La aparición de complicaciones
Por ejemplo, una proctitis limitada que responde a la mesalazina rectal no suele tener la misma repercusión que una pancolitis extensa con brotes graves recurrentes que necesita terapias avanzadas.
Qué puede ocurrir cuando la enfermedad no se controla
Cuando la inflamación se mantiene activa durante largos periodos, pueden aparecer complicaciones relacionadas con el daño crónico de la mucosa:
- Anemia por sangrado persistente
- Pérdida de peso y déficits nutricionales
- Dilatación aguda del colon en casos graves (megacolon tóxico) y, excepcionalmente, perforación
- Mayor riesgo de cáncer colorrectal a largo plazo
Los brotes graves pueden requerir hospitalización e incluso cirugía, como se explica a continuación.
Brote grave: cuándo es una urgencia
Un brote grave (seis o más deposiciones con sangre al día acompañadas de signos de afectación general, como fiebre, taquicardia o anemia) es una urgencia médica. Se trata en el hospital: corticoides por vía intravenosa, control estrecho y, si no hay respuesta, tratamiento de rescate con infliximab o ciclosporina o cirugía, según establece la guía española de tratamiento [6]. Acude a urgencias o contacta de inmediato con tu unidad de EII si aparece alguno de estos signos:
- Seis o más deposiciones con sangre al día.
- Fiebre de 37,5 °C o más, o pulso acelerado en reposo.
- Sangrado abundante o expulsión de coágulos.
- Dolor abdominal intenso con el abdomen hinchado o distendido.
- Mareo, debilidad marcada o signos de deshidratación (sed intensa, orina escasa y oscura).
- Vómitos que impiden tomar líquidos o la medicación.

El impacto en la vida diaria
La gravedad no se mide solo en analíticas. La urgencia para ir al baño, el miedo a un brote o la fatiga persistente pueden afectar al trabajo, a los estudios y a las relaciones sociales incluso con una actividad clasificada como leve. El objetivo del tratamiento no es solo reducir la inflamación, sino devolver a la persona la estabilidad en su día a día; lo tratamos con más detalle en el apartado «Vivir con colitis ulcerosa».
Causas de la colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa no tiene una causa única identificada. Se considera el resultado de la interacción entre predisposición genética, alteraciones del sistema inmunitario, microbiota intestinal y factores ambientales. El resultado es un sistema inmunitario que pierde parte de su capacidad para mantener el equilibrio en el intestino y reacciona de forma excesiva frente a estímulos que normalmente tolera.

Genética
Las personas con antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal tienen un mayor riesgo de desarrollar colitis ulcerosa, lo que indica que ciertos genes influyen en la susceptibilidad. Sin embargo, la genética no basta por sí sola: muchas personas con predisposición nunca desarrollan la enfermedad, de modo que hacen falta otros factores para que aparezca.
Microbiota y disbiosis
La microbiota intestinal participa en la regulación del sistema inmunitario y en el mantenimiento de la barrera intestinal. En la colitis ulcerosa se ha observado una alteración de su composición y diversidad, la llamada disbiosis intestinal, que puede favorecer la inflamación mantenida y alterar la relación entre el intestino y el sistema inmunitario. Todavía no está claro en qué medida la disbiosis es causa, consecuencia de la inflamación o ambas cosas, y por eso modificar la microbiota no sustituye al tratamiento médico.
Factores ambientales
El entorno influye en la aparición y en la evolución de la enfermedad. La dieta, ciertos fármacos, las infecciones o el estilo de vida pueden modular el riesgo o la actividad inflamatoria. Esto no significa que la colitis ulcerosa esté «causada» por el estrés o por un alimento concreto, sino que hay elementos externos capaces de influir en una persona predispuesta.
El tabaco tiene en la colitis ulcerosa un comportamiento paradójico, opuesto al que muestra en la enfermedad de Crohn. En un metaanálisis (Mahid y cols., 2006), recogido en una revisión sobre tabaco y EII [7], fumar en el momento actual se asoció a un menor riesgo de colitis ulcerosa (OR 0,58), mientras que haber sido fumador se asoció a un riesgo mayor (OR 1,79); además, las personas con colitis ulcerosa que dejan de fumar pueden experimentar un aumento de la actividad de la enfermedad y de los ingresos hospitalarios [7].
Este dato no convierte el tabaco en un tratamiento. No se recomienda en ningún caso empezar a fumar ni volver a hacerlo: el tabaco causa enfermedad cardiovascular, respiratoria y numerosos tipos de cáncer, daños que superan cualquier efecto sobre el colon. Si vas a dejar de fumar, coméntalo con tu equipo médico para vigilar más de cerca la enfermedad en los meses siguientes.
Diagnóstico de la colitis ulcerosa
El diagnóstico de la colitis ulcerosa no depende de una única prueba: integra síntomas, análisis de heces y de sangre, colonoscopia y biopsias. Los síntomas por sí solos no permiten distinguirla con precisión de otras patologías, como las infecciones intestinales, el síndrome del intestino irritable o la enfermedad de Crohn. El objetivo no es solo detectar inflamación, sino confirmar que sigue el patrón característico de la colitis ulcerosa y establecer su extensión y su gravedad.
Ante un primer brote, antes de confirmar el diagnóstico se analizan las heces (coprocultivo y estudio de Clostridioides difficile) para descartar una infección capaz de imitar el cuadro.

Colonoscopia y biopsia
La prueba clave es la colonoscopia con biopsias. Permite ver directamente la mucosa del colon y observar los signos típicos de inflamación (enrojecimiento, pérdida del patrón vascular, ulceraciones y sangrado al roce), y comprobar que la afectación empieza en el recto y es continua. Las biopsias confirman el diagnóstico al microscopio, y la exploración completa permite clasificar la extensión E1, E2 o E3.
Calprotectina fecal
La calprotectina fecal es un marcador que se mide en heces y refleja inflamación intestinal. Es útil porque ayuda a diferenciar, en muchos casos, una enfermedad inflamatoria intestinal de trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable, y porque permite monitorizar la actividad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento sin repetir colonoscopias.
Analítica sanguínea
Los análisis de sangre aportan información complementaria sobre el estado inflamatorio y nutricional. Marcadores como la proteína C reactiva (PCR) o la velocidad de sedimentación globular (VSG) pueden elevarse cuando hay inflamación activa, y la VSG y la hemoglobina forman parte de los criterios de gravedad de Montreal. También se valoran la hemoglobina, la ferritina y la albúmina, porque la colitis ulcerosa se asocia con frecuencia a anemia y déficits nutricionales.
Tratamiento farmacológico de la colitis ulcerosa
El tratamiento de la colitis ulcerosa tiene dos objetivos: inducir la remisión durante los brotes y mantenerla el mayor tiempo posible, evitando el daño progresivo de la mucosa y las complicaciones. La elección depende de la extensión, de la gravedad del brote y de la respuesta a tratamientos previos. En España se siguen la guía GETECCU 2020, elaborada con metodología GRADE [6], y las guías europeas de ECCO [4].

Aminosalicilatos (5-ASA, mesalazina)
Los aminosalicilatos, sobre todo la mesalazina, son el tratamiento de primera línea de la colitis ulcerosa leve y moderada, tanto para inducir la remisión como para mantenerla [4]. Actúan directamente sobre la mucosa intestinal y pueden administrarse por vía oral, rectal (supositorios, enemas o espuma) o combinada, según la extensión. La vía rectal es la de elección en la proctitis y resulta muy eficaz en la colitis distal. Su beneficio en el mantenimiento depende de tomarlos de forma continuada, también cuando no hay síntomas.
Corticoides
Los corticoides se emplean durante los brotes para reducir la inflamación con rapidez: por vía rectal, en formulaciones orales de liberación en el colon (como la budesonida) o como prednisona o prednisolona oral, y por vía intravenosa en el brote grave [4]. Se utilizan para inducir la remisión, no para mantenerla, porque su uso prolongado acumula efectos adversos (sobre el hueso, el metabolismo de la glucosa o la tensión arterial, entre otros). Si los brotes reaparecen al bajar la dosis (corticodependencia) o no responden a ellos (corticorrefractariedad), es señal de que hay que escalar el tratamiento.
Inmunomoduladores, biológicos y pequeñas moléculas
Cuando la enfermedad es más agresiva, recurrente o no responde a los tratamientos convencionales, se usan inmunomoduladores o terapias avanzadas. Las tiopurinas (azatioprina y mercaptopurina) regulan la respuesta inmunitaria y se emplean para mantener la remisión, sobre todo en la colitis corticodependiente; las guías desaconsejan usarlas solas para inducirla [4].
Las terapias avanzadas bloquean de forma más específica las moléculas que mantienen la inflamación y han cambiado el pronóstico de la enfermedad en los últimos años. Se agrupan en estas familias:
| Familia | Ejemplos | Cómo actúan | Vía |
|---|---|---|---|
| Anti-TNF | Infliximab, adalimumab, golimumab | Bloquean el factor de necrosis tumoral (TNF), una citocina inflamatoria clave | Intravenosa o subcutánea |
| Anti-integrina | Vedolizumab | Impide que los linfocitos inflamatorios lleguen a la mucosa intestinal | Intravenosa o subcutánea |
| Anti-IL-12/23 y anti-IL-23 | Ustekinumab; mirikizumab | Bloquean interleucinas que mantienen la inflamación crónica | Intravenosa al inicio y después subcutánea |
| Inhibidores de JAK | Tofacitinib, filgotinib, upadacitinib | Bloquean la señal de varias citocinas dentro de la célula | Oral |
| Moduladores del receptor S1P | Ozanimod, etrasimod | Retienen los linfocitos en los ganglios y reducen su llegada al intestino | Oral |
No hay un fármaco «mejor» para todos: el especialista elige según la gravedad, los tratamientos previos, otras enfermedades asociadas, el deseo de embarazo y las preferencias del paciente.
Cirugía: proctocolectomía
La cirugía se plantea cuando el tratamiento médico fracasa, en un brote grave que no responde al rescate o ante complicaciones como hemorragia masiva, perforación, megacolon tóxico, displasia o cáncer. El procedimiento estándar es la proctocolectomía, es decir, la extirpación del colon y del recto. Con frecuencia se reconstruye el tránsito con un reservorio ileoanal, una bolsa fabricada con el final del intestino delgado que permite evacuar por el ano sin estoma permanente; en otros casos se realiza una ileostomía.
A diferencia de lo que ocurre en la enfermedad de Crohn, la cirugía puede eliminar la enfermedad intestinal porque la colitis ulcerosa se limita al colon y al recto. En cambio, la extirpación parcial del colon no es la intervención de referencia: si se conserva el recto, la enfermedad sigue presente donde empieza. Es una intervención mayor, con posibles secuelas como la reservoritis (inflamación del reservorio), y requiere una valoración individualizada por un equipo especializado.
Nutrición en la colitis ulcerosa
La nutrición tiene un papel importante en la colitis ulcerosa, con una aclaración de partida: la dieta no sustituye al tratamiento médico ni «cura» la enfermedad, y no existe una dieta única válida para todos. Lo que sí puede hacer la alimentación es aliviar síntomas, mejorar la tolerancia digestiva y proteger el estado nutricional. Las necesidades cambian según el momento clínico: no se come igual durante un brote activo que en remisión, y la pauta conviene individualizarla con un dietista-nutricionista.

Dieta en brote activo
Durante un brote, el objetivo es reducir la carga sobre un intestino inflamado y facilitar la digestión. Las recomendaciones de la Unidad de EII del Hospital Clínico San Carlos pasan por limitar temporalmente la fibra insoluble y elegir preparaciones sencillas: verduras en puré, asadas o hervidas, frutas cocidas o muy maduras, carnes no rojas, pescado blanco y huevo, y lácteos desnatados o sin lactosa si hay intolerancia [8]. A modo orientativo, suelen tolerarse mejor:
- Cereales refinados de bajo residuo: arroz blanco, pan blanco o pasta bien cocida
- Patata o zanahoria cocidas y peladas
- Carnes magras, aves, pescado blanco y huevo
- Frutas bien maduras, peladas o en puré, como el plátano o la manzana cocida
Por el contrario, en fase activa suelen sentar peor los alimentos integrales y ricos en fibra insoluble, las verduras crudas, las legumbres con piel, los lácteos en personas sensibles y el exceso de grasa, picante, alcohol o cafeína. Aun así, la tolerancia es individual y no se trata de aplicar restricciones extremas, sino de adaptar la alimentación durante unas semanas a un intestino más sensible.
Hidratación en el brote. La diarrea hace perder agua y sales minerales. La recomendación de esta unidad hospitalaria es beber al menos medio litro de agua más al día durante el brote [8], mejor en tomas pequeñas y frecuentes. Si la diarrea es muy abundante, aparecen mareo u orina escasa, consulta: puede ser necesaria una solución de rehidratación oral o valoración médica.
Dieta en remisión
Cuando la enfermedad entra en remisión, el objetivo cambia: ya no se trata de reducir síntomas, sino de recuperar una alimentación completa y variada que mantenga un buen estado nutricional y una microbiota más diversa. El patrón de referencia es el de la dieta mediterránea, con verdura, fruta, legumbres y cereales, reintroduciendo tras el brote los alimentos de uno en uno para comprobar la tolerancia y limitando picantes, bebidas carbonatadas y alcohol [8].
Mantener restricciones innecesarias durante demasiado tiempo es un error frecuente: las limitaciones en la alimentación pueden condicionar déficits nutricionales importantes [9].
Alimentos prohibidos en colitis ulcerosa
No existe una lista universal de alimentos prohibidos válida para todos los pacientes. La tolerancia varía entre personas e incluso en una misma persona según el momento de la enfermedad. Lo que sí hay son alimentos que, durante los brotes, empeoran los síntomas con más frecuencia. Esta tabla resume la pauta práctica de las unidades hospitalarias de EII [8]; es orientativa, no procede de ensayos clínicos y se ajusta a cada caso:
| Grupo | En brote: mejor tolerados | En brote: peor tolerados | En remisión |
|---|---|---|---|
| Cereales | Arroz blanco, pan blanco, pasta bien cocida | Integrales y salvado | Incluir cereales, también integrales, de forma progresiva |
| Verduras y hortalizas | Patata y zanahoria cocidas y peladas; verduras en puré, asadas o hervidas | Verduras crudas | Verdura a diario, cruda y cocinada según tolerancia |
| Frutas | Plátano maduro, manzana o pera cocida o asada | Fruta cruda con piel | Fruta variada |
| Legumbres | Mejor posponerlas | Legumbres con piel | Incluirlas de forma habitual |
| Proteínas | Carnes no rojas, aves, pescado blanco, huevo | Carnes grasas y preparaciones con mucha grasa | Pescado (también azul), carnes magras, huevo |
| Lácteos | Desnatados o sin lactosa si hay intolerancia | Lácteos enteros en personas sensibles | Según tolerancia |
| Bebidas y condimentos | Agua, al menos medio litro más al día | Alcohol, cafeína y picantes | Limitar alcohol, picantes y bebidas carbonatadas |
Más que prohibiciones absolutas, lo útil es identificar patrones de tolerancia individual; un registro sencillo de comidas y síntomas durante unas semanas ayuda a detectarlos. Si te dedicas a la nutrición clínica, el manejo dietético de la EII es uno de los escenarios en los que más se nota la diferencia entre aplicar listas genéricas y tener criterio profesional.
Probióticos: qué dice la evidencia
Algunos probióticos se han estudiado en la colitis ulcerosa, sobre todo para mantener la remisión, pero las guías son prudentes. La Asociación Americana de Gastroenterología (AGA) recomienda, en adultos y niños con colitis ulcerosa, usar probióticos solo en el contexto de un ensayo clínico, porque la evidencia disponible no permite recomendarlos fuera de él [10]. La única situación en la que la AGA sugiere un probiótico es la reservoritis tras la proctocolectomía con reservorio ileoanal (un preparado combinado de ocho cepas), y lo hace con una recomendación condicional basada en evidencia de muy baja calidad [10].
En la práctica, no hay base para tomarlos por cuenta propia con la intención de controlar la enfermedad ni, desde luego, para sustituir el tratamiento. Si quieres entender cómo se elige un probiótico y para qué situaciones tiene sentido, lo explicamos en nuestra guía completa de probióticos.
Dieta antiinflamatoria y dietas de exclusión
En los últimos años se han propuesto patrones antiinflamatorios y dietas de exclusión para la colitis ulcerosa. La más conocida es la dieta de carbohidratos específicos (SCD, por sus siglas en inglés), que elimina la mayoría de cereales, azúcares y alimentos procesados y que se ha comparado con la dieta mediterránea en ensayos clínicos. Aunque algunas personas refieren mejoría de los síntomas, la evidencia sigue siendo limitada y no permite una recomendación general.
Las dietas de exclusión estrictas tienen además un coste: reducen la variedad y pueden favorecer déficits, especialmente si se mantienen en remisión. Si se plantean, debe ser como estrategia individualizada y supervisada por un profesional, sin abandonar el tratamiento.
Omega-3 y compuestos antiinflamatorios
Los ácidos grasos omega-3 han despertado interés por su potencial antiinflamatorio, pero los ensayos no lo confirman en la colitis ulcerosa. Una revisión Cochrane (3 estudios, 138 pacientes) no encontró evidencia de que la suplementación con omega-3 ayude a mantener la remisión: el riesgo de recaída fue prácticamente el mismo que con placebo (RR 1,02; IC del 95 %: 0,51-2,03) [11].
El pescado azul tiene cabida dentro de un patrón mediterráneo en remisión, pero los suplementos de omega-3, y en general los compuestos «antiinflamatorios» de venta libre, no deben sustituir ni retrasar el tratamiento farmacológico.
Déficits nutricionales frecuentes
La inflamación intestinal, las pérdidas por sangrado y diarrea y las restricciones dietéticas favorecen los déficits nutricionales. Los más frecuentes son la anemia por déficit de hierro (con ferritina baja), la disminución de vitamina D y, en los casos más graves, las alteraciones del estado proteico. El uso repetido de corticoides obliga, además, a vigilar la salud ósea.
El seguimiento nutricional forma parte del manejo integral de la enfermedad: no se trata de encontrar una «dieta milagro», sino de adaptar la alimentación al momento clínico, aliviar síntomas y proteger el estado nutricional a largo plazo.
Colitis ulcerosa y cáncer colorrectal
La relación entre la colitis ulcerosa y el cáncer colorrectal es uno de los aspectos que más preocupa a pacientes y familiares. Existe un aumento del riesgo en determinados contextos, pero conviene entenderlo con perspectiva: el factor principal no es el diagnóstico en sí, sino la inflamación crónica mantenida en el tiempo. Cuando la mucosa permanece inflamada durante años pueden producirse cambios celulares progresivos (displasia) que aumentan el riesgo, sobre todo si la afectación es extensa.
Qué factores aumentan el riesgo
Según las guías europeas de ECCO sobre EII y cáncer, el riesgo tiende a ser mayor cuando [12]:
- La enfermedad afecta a gran parte del colon (pancolitis)
- La inflamación ha estado activa durante muchos años o existe mal control de la enfermedad
- Hay antecedentes familiares de cáncer colorrectal
- Coexiste una colangitis esclerosante primaria
- Hay estenosis (estrechamientos) en el colon
- El diagnóstico a una edad temprana y el sexo masculino
Esto explica por qué el seguimiento no se basa solo en controlar síntomas, sino también en vigilar la evolución de la mucosa a largo plazo.
Colangitis esclerosante primaria
La colangitis esclerosante primaria (CEP) es una enfermedad inflamatoria crónica de los conductos biliares que se asocia a la EII, especialmente a la colitis ulcerosa. Al principio puede no dar síntomas y sospecharse solo por una analítica hepática alterada, por lo que forma parte de lo que se revisa en el seguimiento. Su importancia práctica es doble: es una enfermedad hepática que requiere control propio y, cuando coexiste con la colitis ulcerosa, eleva el riesgo de cáncer colorrectal y cambia el calendario de colonoscopias [12].
El papel de la colonoscopia de seguimiento
La herramienta más importante para reducir el riesgo es el cribado endoscópico periódico, que permite detectar y tratar la displasia antes de que evolucione a cáncer. Las guías ECCO de 2023 establecen que todas las personas con EII deben hacerse una colonoscopia de cribado a los 8 años del inicio de los síntomas; a partir de ahí, el intervalo se ajusta al riesgo de cada paciente. La excepción es la CEP: en ese caso, la colonoscopia es anual desde el diagnóstico de la colangitis [12].
Estas colonoscopias no se hacen solo para «ver cómo está la enfermedad», sino como estrategia preventiva.

Controlar la inflamación importa
Mantener la inflamación bajo control no solo mejora los síntomas, sino que la actividad inflamatoria persistente figura entre los determinantes del riesgo de cáncer. La adherencia al tratamiento de mantenimiento y el seguimiento continuado son, junto con el cribado, las herramientas más eficaces para reducir el riesgo y detectarlo a tiempo: el riesgo existe, pero no es inevitable ni igual para todos.
Colitis ulcerosa en niños
Aunque la colitis ulcerosa se diagnostica sobre todo en la edad adulta (en España, la mediana de edad al diagnóstico de la EII es de 43 años [2]), también puede aparecer en la infancia y la adolescencia. En esa etapa su impacto va más allá de lo digestivo: el intestino tiene que sostener también el crecimiento y la maduración, y la inflamación activa puede comprometer ambos.
Cómo se manifiesta
Los síntomas en niños suelen ser similares a los de los adultos: diarrea con sangre, dolor abdominal y urgencia, aunque a veces se instauran de forma más progresiva o menos evidente al principio. Además, es relativamente común observar:
- Pérdida de peso
- Fatiga
- Disminución del apetito
Cuando la inflamación se mantiene activa, también puede frenar el crecimiento o retrasar el desarrollo puberal, una señal que obliga a revisar el control de la enfermedad.
Diagnóstico y seguimiento
El diagnóstico se basa en las mismas herramientas que en adultos, sobre todo la colonoscopia con biopsias. El seguimiento en unidades de gastroenterología pediátrica suele ser más estrecho, porque el objetivo no es solo controlar la inflamación, sino también preservar el crecimiento, el desarrollo y el estado nutricional.
Nutrición en población pediátrica
En fases activas, la inflamación y la menor ingesta pueden impedir cubrir las necesidades energéticas y nutricionales propias del crecimiento. La valoración nutricional periódica (peso, talla, velocidad de crecimiento y analítica) es una parte esencial del tratamiento, y las restricciones dietéticas innecesarias son todavía más perjudiciales que en el adulto.

Impacto emocional y social
La urgencia para ir al baño, las hospitalizaciones o las restricciones derivadas de la enfermedad pueden afectar a la vida escolar y a las relaciones sociales en una etapa sensible. El abordaje suele requerir una visión multidisciplinar (gastroenterología pediátrica, enfermería, nutrición y apoyo psicológico) y la coordinación con el centro escolar para facilitar, por ejemplo, el acceso al baño.
Embarazo y colitis ulcerosa
El embarazo en mujeres con colitis ulcerosa genera dudas sobre la fertilidad, la seguridad de los fármacos y la evolución de la enfermedad. La idea principal es tranquilizadora: la mayoría de las mujeres con colitis ulcerosa pueden tener embarazos saludables, sobre todo cuando la enfermedad está controlada antes de la concepción. Las guías europeas de ECCO de 2023 recogen las recomendaciones de referencia [13].
Fertilidad y planificación
Alcanzar la remisión clínica puede aumentar la probabilidad de conseguir el embarazo. En cambio, la cirugía pélvica relacionada con la EII, como la proctocolectomía con reservorio ileoanal, se asocia a una menor fertilidad en las mujeres [13]. Por eso conviene planificar el embarazo con el equipo de EII: llegar a la concepción con la enfermedad controlada y, si se valora la cirugía, hablar antes de los planes reproductivos.
Evolución de la enfermedad durante el embarazo
La evolución durante la gestación depende sobre todo de cómo esté la enfermedad al concebir. Si el embarazo empieza en remisión, es más probable que se mantenga estable; si la colitis ulcerosa está activa en la concepción, aumenta el riesgo de recaída o de empeoramiento [13]. Esto refuerza la importancia de la planificación previa y del seguimiento continuado.
Tratamiento y seguridad
Uno de los errores más frecuentes es suspender la medicación por miedo a sus efectos sobre el embarazo. En muchos casos mantener el tratamiento es más seguro que dejar la enfermedad activa, porque la inflamación no controlada puede repercutir más sobre la gestación que los fármacos bien utilizados. Hay, sin embargo, excepciones importantes [13]:
- Se pueden mantener: la mesalazina y otros 5-ASA (bajo riesgo), las tiopurinas en monoterapia si ya se tomaban (no se recomienda iniciarlas durante el embarazo) y los fármacos biológicos, tanto anti-TNF como no anti-TNF, cuya continuación durante todo el embarazo se recomienda.
- Contraindicado: el metotrexato.
- A evitar durante el embarazo: los inhibidores de JAK (tofacitinib, filgotinib, upadacitinib) y los moduladores del receptor S1P (ozanimod, etrasimod). Si se toman y se desea un embarazo, el cambio de tratamiento debe planificarse con antelación.
Cualquier ajuste debe hacerse siempre bajo supervisión del especialista, nunca por iniciativa propia.

Nutrición y estado nutricional
Si la inflamación está activa, puede afectar a la absorción de nutrientes y aumentar el riesgo de déficits, algo especialmente relevante durante la gestación, en la que ya suele vigilarse el hierro. Cuidar la nutrición durante el embarazo y mantener un seguimiento nutricional ayuda a cubrir las necesidades de la madre y del desarrollo fetal, en coordinación con la unidad de EII y el equipo obstétrico.
Vivir con colitis ulcerosa: calidad de vida
La colitis ulcerosa no afecta solo al intestino: también condiciona la energía, la rutina, la vida social y la forma de organizar el día. Aunque muchas personas pasan largos periodos estables, convivir con una enfermedad crónica implica adaptarse a la incertidumbre de los brotes y a su impacto físico y emocional.
El impacto de los síntomas
La diarrea, el sangrado o la urgencia pueden limitar la vida diaria, sobre todo durante los brotes. Muchas personas describen la necesidad de localizar baños antes de salir o una sensación de inseguridad ante la posibilidad de un síntoma inesperado, lo que afecta a la vida social, al rendimiento laboral y a la percepción de autonomía. Planificar trayectos, llevar una muda de recambio o informar en el trabajo son estrategias sencillas que reducen esa ansiedad anticipatoria.
Fatiga y estado general
La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes y menos visibles. No siempre depende de la actividad intestinal: la inflamación crónica, la anemia y otros déficits nutricionales, el mal descanso por las deposiciones nocturnas o el impacto emocional de la enfermedad contribuyen a esa falta de energía, que puede mantenerse incluso en remisión clínica. Ante una fatiga persistente conviene revisar el hierro y la ferritina, la vitamina D y la calidad del sueño, y no atribuirla sin más a la propia colitis.

Impacto emocional
Convivir con una enfermedad crónica puede generar ansiedad, frustración o sensación de pérdida de control. La imprevisibilidad de los brotes y la necesidad de tratamientos y controles frecuentes afectan al bienestar psicológico, sobre todo cuando la enfermedad interfiere con la rutina. Por eso el abordaje no debe limitarse a la inflamación intestinal: el apoyo psicológico forma parte del tratamiento integral cuando hace falta.
Actividad física y ejercicio
El ejercicio es compatible con la colitis ulcerosa y, en remisión, ayuda a combatir la fatiga, mantener la masa muscular y la salud ósea (especialmente relevante tras tandas de corticoides) y mejorar el estado de ánimo. Durante un brote conviene reducir la intensidad y priorizar la hidratación; en remisión se puede retomar el entrenamiento aeróbico y de fuerza de forma progresiva. Elegir rutas o instalaciones con baño accesible y entrenar a horas en las que el intestino suele estar más tranquilo facilita mantener la constancia. Si hay una cirugía reciente, un estoma o anemia, la progresión debe pactarse con el equipo médico.
Adaptación y manejo a largo plazo
A pesar de las dificultades, muchas personas desarrollan estrategias que les permiten mantener una vida funcional y estable. El conocimiento de la enfermedad, la adherencia al tratamiento de mantenimiento y el seguimiento en una unidad de EII, con enfermería especializada, son factores clave. Las asociaciones de pacientes también ofrecen información y apoyo útiles, sobre todo en los primeros años tras el diagnóstico.
Cuándo acudir al especialista
Si no tienes diagnóstico, consulta con tu médico si aparecen síntomas persistentes como diarrea con sangre, dolor abdominal recurrente, pérdida de peso sin causa aparente o urgencia intestinal mantenida. La sangre en las heces nunca debe atribuirse por sistema a hemorroides sin una valoración médica, y una diarrea frecuente que no cede en semanas también merece estudio.
Si ya tienes diagnóstico, contacta con tu unidad de EII ante signos de empeoramiento o sospecha de brote (por ejemplo, deposiciones nocturnas que te despiertan), efectos adversos de la medicación o si estás planificando un embarazo. Y acude a urgencias si aparecen los signos de brote grave descritos más arriba: muchas deposiciones con sangre, fiebre, taquicardia, dolor intenso con abdomen distendido o deshidratación.
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Preguntas frecuentes sobre la colitis ulcerosa
¿Qué provoca la colitis ulcerosa?
No tiene una causa única identificada. Se considera una enfermedad multifactorial en la que intervienen predisposición genética, alteraciones del sistema inmunitario, cambios en la microbiota intestinal y factores ambientales. Es decir, no aparece por un único alimento, por estrés aislado o por una infección concreta, sino por la interacción de varios factores en personas susceptibles.
¿A qué edad suele empezar la colitis ulcerosa?
Puede empezar a cualquier edad, también en la infancia. En España, el estudio EpidemIBD situó la mediana de edad al diagnóstico de la EII en 43 años, con la mitad central de los casos entre los 31 y los 56 años [2].
¿Cómo son las heces en la colitis ulcerosa?
Durante un brote suelen ser blandas o líquidas, frecuentes y con sangre roja visible, a menudo mezclada con moco y, en brotes intensos, con pus. Se acompañan de urgencia y tenesmo. En la proctitis puede predominar la expulsión de sangre y moco con heces de consistencia casi normal.
¿Cuánto dura un brote de colitis ulcerosa?
No tiene una duración fija. Depende de la gravedad, de la extensión y de la rapidez con la que se inicia o se ajusta el tratamiento: un brote leve suele mejorar en unas semanas con mesalazina, mientras que uno grave requiere ingreso y su recuperación es más lenta. Si un brote no mejora con el tratamiento pautado, hay que avisar al especialista para escalarlo, no esperar a que ceda solo.
¿Cuándo es peligrosa la colitis ulcerosa?
Cuando aparece un brote grave (seis o más deposiciones con sangre al día acompañadas de signos de afectación general, como fiebre, taquicardia o anemia), sangrado abundante, dolor intenso con abdomen distendido o signos de deshidratación. En esos casos hay que acudir a urgencias. A largo plazo, el principal riesgo es el cáncer colorrectal si la inflamación se mantiene durante años sin control, lo que se previene con tratamiento de mantenimiento y colonoscopias de cribado.
¿Cuántos años se puede vivir con colitis ulcerosa?
En la mayoría de los casos, la esperanza de vida es cercana a la de la población general. El factor más importante es el control de la enfermedad a largo plazo: con seguimiento y tratamiento adecuados, muchas personas mantienen una buena calidad de vida durante décadas.
¿Qué no se puede comer?
No existe una lista universal de alimentos prohibidos. Durante los brotes, lo que más suele empeorar los síntomas es la fibra insoluble (integrales, verduras crudas, fruta con piel, legumbres con piel), las comidas muy grasas o picantes, el alcohol y la cafeína, y los lácteos en personas con intolerancia. En remisión, el objetivo es volver a una dieta variada de tipo mediterráneo. La tabla de alimentos de este artículo resume qué priorizar en cada fase.
¿Cómo se cura la colitis ulcerosa?
Actualmente no existe una cura farmacológica definitiva. El tratamiento busca controlar la inflamación, inducir la remisión y prevenir nuevos brotes. La proctocolectomía (extirpación del colon y del recto) elimina la enfermedad intestinal, pero es una cirugía mayor que se reserva para casos concretos y no es la estrategia inicial habitual.
¿Puede desaparecer?
La enfermedad puede entrar en remisión durante largos periodos, incluso sin síntomas. Eso no significa que haya desaparecido: la colitis ulcerosa es crónica y puede reactivarse, por eso se mantiene el tratamiento de mantenimiento aunque uno se encuentre bien.
¿Qué es lo peor para la colitis?
Lo peor es mantener una inflamación activa sin control: abandonar o tomar de forma irregular el tratamiento de mantenimiento, retrasar la consulta ante un brote o sustituir la medicación por remedios sin evidencia. Ciertos patrones dietéticos mal tolerados pueden empeorar los síntomas en algunas personas, y el impacto depende también de la gravedad y la extensión de la enfermedad.
En cuanto al tabaco, en la colitis ulcerosa su relación es paradójica (fumar se asocia a menor riesgo y dejarlo puede aumentar la actividad de la enfermedad [7]), pero eso no lo hace recomendable en ningún caso por sus graves daños para la salud. Si dejas de fumar, hazlo con el apoyo de tu equipo médico.
¿Qué es más grave, la colitis ulcerosa o el Crohn?
Ninguna es «más grave» en todos los casos: la gravedad depende de la extensión, de la actividad y de la respuesta al tratamiento de cada persona. La diferencia práctica es que la colitis ulcerosa se limita al colon y al recto y puede eliminarse con cirugía, mientras que el Crohn puede afectar a cualquier tramo del tubo digestivo y producir fístulas o estenosis. Lo explicamos en detalle en nuestro artículo sobre la enfermedad de Crohn.
¿Cuáles son los nuevos tratamientos para la colitis ulcerosa?
Además de los anti-TNF, en los últimos años se han incorporado biológicos con otros mecanismos (vedolizumab, ustekinumab y anti-IL-23 como mirikizumab) y pequeñas moléculas orales: inhibidores de JAK (tofacitinib, filgotinib, upadacitinib) y moduladores del receptor S1P (ozanimod, etrasimod). El especialista elige entre ellos según la gravedad, los tratamientos previos y las circunstancias de cada persona.
¿El estrés o la ansiedad causan colitis ulcerosa?
El estrés y la ansiedad no se consideran una causa directa de la colitis ulcerosa. Sí pueden influir en la percepción de los síntomas y en la calidad de vida y, en algunos casos, actuar como moduladores de los brotes. Esto refleja la relación entre el sistema digestivo y el sistema nervioso, conocida como eje intestino-cerebro.
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Referencias bibliográficas
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