
¿Por qué el café sigue generando debate?
De factor de riesgo a posible factor protector
Pocas bebidas han generado tanta oscilación en la opinión pública como el café. Durante años fue señalado como un posible factor de riesgo cardiovascular, asociado a hipertensión, arritmias e incluso cáncer. Más recientemente, la narrativa ha cambiado: hoy se habla de menor mortalidad, protección hepática y posible beneficio cognitivo. Esta transición no responde a una moda ni a una reinterpretación superficial de los datos, sino a la acumulación progresiva de evidencia epidemiológica de mayor calidad y a una mejor comprensión de los mecanismos biológicos implicados.
Una matriz biológica compleja
El café es, además, una exposición dietética singular. No se trata de un nutriente aislado, sino de una matriz compleja que contiene cientos de compuestos bioactivos, entre ellos cafeína, ácidos clorogénicos y diterpenos como el cafestol y el kahweol. Sus efectos potenciales no pueden reducirse únicamente a la cafeína, aunque esta desempeñe un papel central en muchos de los resultados observados. Esta complejidad explica, en parte, por qué los primeros estudios ofrecían resultados inconsistentes y por qué el contexto —cantidad consumida, método de preparación, perfil del individuo— resulta determinante.
De estudios aislados a síntesis de alto nivel
En los últimos quince años se han publicado grandes cohortes prospectivas con cientos de miles de participantes y seguimientos de varias décadas, así como revisiones paraguas que integran centenares de metaanálisis. Estas síntesis han desplazado el foco desde estudios aislados hacia patrones consistentes de asociación. El debate ya no gira en torno a si el café “es bueno o malo” en términos absolutos, sino en torno a la magnitud real de los efectos observados, su plausibilidad biológica y los límites en los que pueden existir riesgos específicos.
2026: el foco se amplía hacia la salud cognitiva
El año 2026 añade un elemento adicional a esta discusión con la publicación en JAMA de un estudio prospectivo con más de 130 000 participantes y hasta 43 años de seguimiento, centrado en riesgo de demencia y función cognitiva. Este trabajo no inaugura la conversación, pero sí aporta datos de gran relevancia al diferenciar de forma clara entre café con cafeína y descafeinado, y al evaluar tanto desenlaces clínicos como rendimiento cognitivo objetivo.
Qué vamos a analizar
El objetivo de este artículo no es posicionar al café como intervención preventiva ni demonizarlo como factor de riesgo. El propósito es más sencillo y, a la vez, más exigente: analizar qué dice realmente la evidencia disponible en 2026 sobre mortalidad, salud cardiovascular, metabolismo, cáncer y función cognitiva, distinguiendo con precisión entre asociación y causalidad, entre efecto agudo y efecto crónico, y entre plausibilidad biológica y confirmación experimental.
Antes de entrar en los resultados concretos, es necesario detenerse en una cuestión clave: qué tipo de evidencia estamos interpretando y cuáles son sus límites reales. Esa será la base sobre la que construiremos el resto del análisis.

Qué tipo de evidencia tenemos (y qué significa realmente)
Qué tipo de evidencia tenemos (y qué significa realmente)
Antes de analizar resultados concretos sobre mortalidad, enfermedad cardiovascular o demencia, es imprescindible entender qué tipo de estudios sustentan estas conclusiones. La solidez de una afirmación no depende únicamente de su magnitud estadística, sino de la jerarquía metodológica que la respalda.
Cohortes prospectivas: asociación no es causalidad
La mayor parte de la evidencia sobre café y salud procede de estudios observacionales, especialmente cohortes prospectivas de gran tamaño. En este diseño, un grupo amplio de personas es seguido durante años —en algunos casos, décadas— registrando su patrón de consumo y los eventos de salud que se producen posteriormente.
Este enfoque tiene ventajas importantes. Permite analizar exposiciones habituales en condiciones reales, estudiar grandes poblaciones y detectar asociaciones a largo plazo. Además, cuando el seguimiento es prolongado y los cuestionarios dietéticos se actualizan periódicamente, se reduce el riesgo de errores sistemáticos por mediciones puntuales.
Sin embargo, el límite es estructural: una cohorte puede identificar asociaciones, pero no puede demostrar causalidad. Siempre existe la posibilidad de confusión residual. Las personas que consumen más café pueden diferir en variables difíciles de medir con precisión: nivel socioeducativo, hábitos de sueño, actividad física, patrón dietético global o incluso acceso al sistema sanitario.
Por eso, cuando hablamos de una reducción relativa del 15–20% en mortalidad o demencia, debemos interpretar el dato como una asociación estadística ajustada por múltiples factores, no como una prueba directa de efecto causal.
Metaanálisis y revisiones paraguas: síntesis de alto nivel
A medida que se acumulan cohortes en diferentes países y contextos culturales, surge la necesidad de integrar resultados. Aquí entran en juego los metaanálisis, que combinan estadísticamente los datos de múltiples estudios para estimar un efecto global.
El siguiente escalón metodológico son las revisiones paraguas o umbrella reviews, que analizan a su vez múltiples metaanálisis sobre una misma exposición. En el caso del café, este tipo de síntesis marcó un punto de inflexión. El umbrella review publicado en 2017 en The BMJ evaluó 201 metaanálisis y concluyó que el consumo de café se asociaba más frecuentemente con beneficio que con daño, observándose las mayores reducciones de riesgo en consumos de tres a cuatro tazas diarias.
La actualización publicada en 2025 en Nutrients refuerza esta tendencia, destacando la consistencia de las asociaciones inversas con mortalidad total, enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y enfermedad hepática crónica.
No obstante, incluso en este nivel de síntesis persisten limitaciones. Si los estudios originales son observacionales, la revisión seguirá siendo observacional en su base. La fuerza del patrón aumenta con la consistencia y la plausibilidad biológica, pero no sustituye a un ensayo clínico controlado.
La importancia del patrón dosis-respuesta
Uno de los elementos que refuerzan la plausibilidad de una asociación es la existencia de una relación dosis-respuesta. En el caso del café, múltiples análisis muestran una curva no lineal inversa: el riesgo disminuye hasta un punto intermedio —generalmente entre dos y cuatro tazas diarias— y luego se estabiliza.
Este comportamiento es relevante por dos motivos. Primero, sugiere que el efecto no es arbitrario ni errático. Segundo, descarta la idea simplista de que “más es mejor”. El beneficio, cuando aparece, parece concentrarse en rangos moderados de consumo.
Cuando la evidencia observacional es suficientemente consistente
En nutrición y estilo de vida, los ensayos clínicos aleatorizados a largo plazo son difíciles de implementar. No es viable asignar aleatoriamente a miles de personas a consumir o no café durante treinta años. Por eso, en determinadas exposiciones habituales, la epidemiología observacional de alta calidad se convierte en la principal fuente de información.
La clave no está en exigir un nivel de evidencia imposible, sino en interpretar con rigor el que sí es factible obtener.
Consistencia entre cohortes independientes, ajustes multivariables robustos, seguimiento prolongado y coherencia con mecanismos biológicos plausibles no demuestran causalidad de forma absoluta, pero sí permiten descartar afirmaciones extremas y posicionar el café dentro de un marco de riesgo razonablemente bajo en población general.
Con esta base metodológica clara, podemos analizar ahora el desenlace más integrador de todos: la mortalidad total.

Mortalidad total: el indicador más integrador
Mortalidad total: el indicador más integrador
Por qué la mortalidad total es el desenlace clave
Si el objetivo es evaluar el impacto global de una exposición dietética, la mortalidad total constituye el desenlace más robusto. A diferencia de los análisis centrados en enfermedades concretas, este indicador integra el efecto acumulado sobre múltiples sistemas fisiológicos y reduce el riesgo de interpretar beneficios parciales como mejoras globales.
Qué muestran las grandes síntesis epidemiológicas
En el caso del café, la evidencia procedente de grandes cohortes prospectivas muestra una notable consistencia. El umbrella review publicado en The BMJ analizó 201 metaanálisis y encontró que el consumo de café se asociaba con menor riesgo de mortalidad total, con la mayor reducción observada en ingestas aproximadas de tres a cuatro tazas diarias. En ese rango, la reducción relativa del riesgo se situaba en torno al 15–17%, dependiendo del modelo estadístico utilizado.
La actualización publicada en 2025 en Nutrients confirma este patrón, señalando que el consumo moderado —generalmente entre tres y cinco tazas diarias— se asocia de forma consistente con menor mortalidad total en cohortes de Estados Unidos, Europa y Asia. La reproducibilidad geográfica refuerza la robustez de la asociación.
La curva dosis-respuesta: no lineal y concentrada en rangos moderados
Un elemento clave en estos análisis es la forma de la curva dosis-respuesta. No se observa una relación lineal simple en la que cada taza adicional reduzca proporcionalmente el riesgo. En la mayoría de los metaanálisis, la asociación adopta una forma no lineal inversa: el riesgo disminuye hasta un punto intermedio —habitualmente entre dos y cuatro tazas diarias— y posteriormente se estabiliza.
Esto sugiere que el posible beneficio se concentra en un rango moderado de consumo y no aumenta indefinidamente con dosis más elevadas.
Magnitud real del efecto: relevante pero moderado
Desde una perspectiva clínica, es importante contextualizar la magnitud del efecto. Una reducción relativa del 15% puede parecer modesta a nivel individual, pero en términos poblacionales resulta relevante, especialmente cuando se trata de una exposición ampliamente distribuida.
Al mismo tiempo, esta magnitud obliga a interpretar el hallazgo con prudencia. No estamos ante un efecto farmacológico, sino ante una asociación moderada y consistente.
Confusión residual y análisis de sensibilidad
La pregunta inevitable es si esta asociación puede explicarse por confusión residual. Los consumidores habituales de café podrían diferir en variables no capturadas completamente por los modelos estadísticos: patrones de actividad, calidad del sueño, nivel socioeconómico o acceso sanitario.
No obstante, la persistencia del efecto tras ajustes multivariables robustos y análisis de sensibilidad —incluyendo exclusión de fumadores o estratificación por estilos de vida— reduce la probabilidad de que el hallazgo se deba exclusivamente a estos factores.
Qué podemos afirmar con prudencia
En síntesis, la evidencia disponible en 2026 permite afirmar que el consumo moderado de café se asocia de forma consistente con menor mortalidad total en población adulta. Esta conclusión no implica causalidad demostrada, pero sí desplaza definitivamente la idea histórica de que el café constituye un factor de riesgo global para la salud.

Sistema cardiovascular: desmontando el mito clásico del café
Sistema cardiovascular: desmontando el mito clásico del café
Durante décadas, la principal preocupación en torno al café fue su posible impacto negativo sobre el sistema cardiovascular. El argumento parecía intuitivo: la cafeína aumenta la presión arterial de forma aguda y estimula el sistema nervioso simpático; por tanto, su consumo habitual podría traducirse en mayor riesgo de hipertensión, arritmias o eventos cardiovasculares.
Sin embargo, cuando se analizan los datos longitudinales, la conclusión es menos alarmista y mucho más matizada.
Presión arterial: efecto agudo frente a adaptación crónica
Es indiscutible que la cafeína puede producir un aumento transitorio de la presión arterial, especialmente en personas no habituadas al consumo. Este efecto suele observarse en las horas posteriores a la ingesta y responde a un mecanismo fisiológico claro: antagonismo de los receptores de adenosina y activación simpática.
El problema surge cuando se extrapola este fenómeno agudo a una consecuencia crónica. Las grandes cohortes prospectivas no muestran un incremento sostenido del riesgo de hipertensión en consumidores habituales de café. De hecho, el umbrella review del The BMJ no encontró evidencia consistente de que el consumo moderado aumente el riesgo de enfermedad cardiovascular
La explicación más plausible es la adaptación fisiológica. En individuos que consumen café de forma regular, el organismo desarrolla tolerancia parcial a los efectos hemodinámicos de la cafeína, lo que atenúa el impacto agudo sobre la presión arterial.
La actualización publicada en 2025 en Nutrients refuerza esta interpretación al señalar que el consumo moderado no se asocia con mayor incidencia de hipertensión ni con aumento de eventos cardiovasculares mayores
Enfermedad cardiovascular y arritmias
Otro de los temores clásicos ha sido la relación entre café y arritmias. Sin embargo, los datos acumulados en cohortes amplias no respaldan esta preocupación en población general.
En los análisis integrados del BMJ, el consumo moderado se asoció con menor riesgo de enfermedad cardiovascular global, especialmente en rangos intermedios de ingesta. La relación, nuevamente, adopta una forma no lineal: el beneficio aparece en consumos moderados y no aumenta indefinidamente con dosis superiores.ç
En cuanto a arritmias, los estudios prospectivos de gran tamaño no han mostrado un incremento consistente del riesgo en consumidores habituales. Este punto es relevante porque desactiva una de las objeciones más repetidas en la práctica clínica.
No obstante, conviene introducir un matiz importante: la ausencia de aumento de riesgo poblacional no implica que todas las personas respondan igual. Individuos con alta sensibilidad a la cafeína, trastornos de ansiedad o predisposición a palpitaciones pueden experimentar síntomas subjetivos que no necesariamente se traducen en eventos clínicos mayores.
Método de preparación y perfil lipídico
Un aspecto frecuentemente ignorado en la discusión es el método de preparación. El café no filtrado —como el preparado en cafetera turca o prensa francesa— contiene mayores cantidades de diterpenos, especialmente cafestol y kahweol, compuestos que pueden elevar el colesterol LDL.
En cambio, el café filtrado retiene gran parte de estos compuestos en el papel del filtro, reduciendo su impacto sobre el perfil lipídico. Este detalle es relevante en personas con dislipemia establecida, ya que no todos los tipos de café tienen el mismo efecto metabólico.
De nuevo, el problema no es el café como categoría abstracta, sino el contexto específico de consumo.
Qué podemos concluir sobre el corazón
La evidencia disponible permite afirmar que el consumo moderado de café no aumenta el riesgo cardiovascular en población general y, en múltiples análisis, se asocia con menor incidencia de enfermedad cardiovascular.
Esto no convierte al café en una intervención cardioprotectora en sentido farmacológico. Pero sí desmonta la idea histórica de que constituye un factor de riesgo cardiovascular significativo cuando se consume en rangos habituales.
Con la cuestión cardiovascular contextualizada, el siguiente bloque nos lleva a uno de los hallazgos más consistentes en la literatura: la asociación entre café y metabolismo, especialmente en relación con la diabetes tipo 2.

Café, metabolismo y diabetes tipo 2: una de las asociaciones más consistentes
Café, metabolismo y diabetes tipo 2: una de las asociaciones más consistentes
Si existe un desenlace metabólico en el que la evidencia epidemiológica muestra una notable consistencia, es la diabetes tipo 2. A diferencia de otras asociaciones más debatidas, la relación inversa entre consumo de café y riesgo de diabetes ha sido reproducida en múltiples cohortes independientes y confirmada en metaanálisis de gran tamaño.
Qué muestran los datos epidemiológicos
El umbrella review publicado en The BMJ identificó una asociación inversa significativa entre consumo habitual de café y riesgo de diabetes tipo 2. La reducción del riesgo se situó en torno al 20–30% en los rangos de consumo moderado-alto, dependiendo del modelo analítico y del ajuste por factores de confusión.
La actualización de 2025 en Nutrients refuerza esta tendencia, destacando que tanto el café con cafeína como el descafeinado se asocian con menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Este punto es especialmente relevante porque sugiere que el efecto no depende exclusivamente de la cafeína.
La relación, nuevamente, tiende a ser no lineal, con mayor beneficio observado en consumos intermedios, habitualmente entre tres y cuatro tazas diarias.
Café con cafeína vs. descafeinado
A diferencia de lo observado en la salud cognitiva —donde la evidencia más reciente apunta a un papel central de la cafeína— en el ámbito metabólico tanto el café con cafeína como el descafeinado muestran asociaciones inversas similares.
Este hallazgo sugiere que otros componentes del café podrían desempeñar un papel relevante, entre ellos los ácidos clorogénicos, compuestos con potencial efecto sobre la absorción de glucosa y la sensibilidad a la insulina.
La distinción es importante porque impide atribuir automáticamente todos los posibles beneficios metabólicos al efecto estimulante de la cafeína.
Mecanismos fisiológicos plausibles
Desde el punto de vista biológico, se han propuesto varios mecanismos que podrían explicar la asociación observada:
- Modulación del metabolismo de la glucosa.
- Mejora de la sensibilidad a la insulina.
- Reducción de inflamación sistémica de bajo grado.
- Influencia sobre adiponectina y otros marcadores metabólicos.
La revisión publicada en Nutrients destaca la posible mejora del equilibrio glucémico y la reducción de marcadores inflamatorios como parte de los mecanismos implicados.
No obstante, conviene recordar que estos mecanismos se infieren a partir de estudios experimentales de corta duración o análisis intermedios. No constituyen pruebas directas de causalidad en humanos a largo plazo.
Magnitud e interpretación prudente
Aunque la reducción relativa del riesgo de diabetes tipo 2 puede alcanzar cifras cercanas al 25%, es fundamental contextualizar el dato. Se trata de una asociación estadística ajustada por múltiples variables, no de una intervención experimental.
Además, la relación no implica que aumentar el consumo de café sea una estrategia preventiva primaria. El efecto observado se integra dentro de un patrón de vida que incluye múltiples determinantes: actividad física, composición corporal, calidad dietética global y entorno socioeconómico.
Lo que sí permite afirmar la evidencia actual es que el consumo moderado de café no parece perjudicial desde el punto de vista metabólico y se asocia, de forma consistente, con menor incidencia de diabetes tipo 2.
Con el metabolismo contextualizado, el siguiente bloque aborda otro de los hallazgos más sólidos y reproducidos en la literatura: la relación entre café y salud hepática.

Salud hepática: uno de los hallazgos más sólidos
Salud hepática: uno de los hallazgos más sólidos
Si existe un ámbito en el que la asociación entre café y salud es especialmente consistente, es el hepático. A diferencia de otras áreas donde el debate se mantiene abierto, la relación inversa entre consumo habitual de café y enfermedad hepática crónica ha sido reproducida en múltiples cohortes y sintetizada en revisiones de alto nivel metodológico.
Cirrosis y enfermedad hepática crónica
El umbrella review publicado en The BMJ identificó una asociación inversa significativa entre consumo de café y riesgo de cirrosis. La magnitud del efecto observada fue mayor que en otros desenlaces analizados, lo que llamó la atención por su consistencia entre estudios.
La actualización publicada en 2025 en Nutrients refuerza este patrón, señalando que el consumo habitual se asocia con menor riesgo de enfermedad hepática crónica y progresión de fibrosis.
Este resultado es particularmente relevante en el contexto actual, marcado por el aumento de enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica.
Carcinoma hepatocelular
La asociación inversa también se ha observado en el riesgo de carcinoma hepatocelular. Los metaanálisis incluidos en el umbrella review mostraron reducciones consistentes del riesgo en consumidores habituales.
Aunque la reducción relativa puede parecer elevada en algunos análisis, conviene mantener la prudencia interpretativa. El riesgo absoluto de carcinoma hepatocelular en población general es bajo, por lo que la magnitud clínica debe contextualizarse en términos absolutos y no únicamente relativos.
Posibles mecanismos biológicos
Desde el punto de vista fisiopatológico, se han propuesto varios mecanismos que podrían explicar esta asociación:
- Reducción de inflamación hepática.
- Disminución del estrés oxidativo.
- Modulación de vías relacionadas con fibrosis.
- Influencia sobre enzimas hepáticas y marcadores de daño.
La revisión en Nutrients destaca el posible papel antiinflamatorio y antifibrótico del café como parte del marco explicativo.
No obstante, como en el resto de áreas analizadas, estos mecanismos son plausibles pero no equivalen a demostración causal directa en humanos a largo plazo.
Interpretación global
La consistencia entre estudios, la magnitud de la asociación y la coherencia biológica hacen que la relación entre café y salud hepática sea una de las más sólidas dentro del conjunto de desenlaces estudiados.
Esto no convierte al café en tratamiento ni en estrategia terapéutica, pero sí desplaza definitivamente la idea de que su consumo habitual represente una carga adicional para el hígado en población general.
Con la evidencia hepática contextualizada, el siguiente bloque aborda una cuestión históricamente controvertida: la relación entre café y cáncer en términos globales y específicos.

Café y cáncer: qué sabemos realmente en 2026
Café y cáncer: qué sabemos realmente en 2026
Durante años, una parte del rechazo social hacia el café se apoyó en una idea recurrente: “es cancerígeno” o “aumenta el riesgo de cáncer”. Este tipo de afirmaciones suele nacer de dos problemas habituales en divulgación: extrapolar resultados parciales, y no separar adecuadamente el efecto del café del efecto de variables fuertemente confusoras, especialmente el tabaquismo.
La evidencia acumulada en los últimos años permite abordar esta cuestión con mayor precisión.
Riesgo global de cáncer: el mito no se sostiene
Las síntesis de alto nivel no apoyan la idea de que el café aumente el riesgo global de cáncer. En el umbrella review publicado en The BMJ, el consumo de café se asoció, de forma general, con menor riesgo de cáncer incidente en análisis comparativos de alto frente a bajo consumo.
Este hallazgo debe interpretarse con prudencia, pero sirve para situar el punto principal: la literatura actual no respalda una asociación perjudicial consistente entre café y cáncer en términos globales.
El papel del tabaquismo: por qué tantos estudios antiguos se “equivocaban”
En epidemiología nutricional, el tabaquismo es una de las variables que más distorsionan asociaciones. Históricamente, el consumo de café y el consumo de tabaco han estado correlacionados en muchos países, lo que complica la interpretación de estudios que no ajustan de forma rigurosa por este factor.
El BMJ subraya precisamente que varias asociaciones aparentemente dañinas se atenúan o desaparecen cuando el ajuste por tabaquismo es adecuado.
Este matiz es importante porque explica por qué la percepción social del café se construyó durante años sobre resultados que hoy se consideran metodológicamente frágiles.
Cánceres específicos: dónde aparecen asociaciones inversas
Aunque el mensaje principal es que el café no parece aumentar el riesgo global, la literatura incluye asociaciones inversas con algunos cánceres específicos. Dos de los más consistentes son:
- Cáncer de hígado, en línea con la evidencia hepática general.
- Cáncer de endometrio, reportado repetidamente en metaanálisis.
Estas asociaciones también aparecen en la revisión de 2025 en Nutrients.
Aquí conviene no caer en una lectura simplista. Una asociación inversa no implica que el café sea “protector” en sentido clínico, sino que, en poblaciones observacionales, el consumo habitual se relaciona con menor incidencia.
La explicación puede incluir mecanismos plausibles —antiinflamatorios, antioxidantes o metabólicos—, pero la causalidad permanece como hipótesis.
Qué conclusión es científicamente defensible
Con la evidencia actual, la conclusión más sólida es doble:
Primero, que no existe evidencia consistente de que el café aumente el riesgo global de cáncer en consumidores habituales. Segundo, que en algunos cánceres específicos —especialmente hepáticos— la asociación observada es inversa y coherente con el resto del perfil metabólico y hepático del café.
Por tanto, el café no debe presentarse como un “alimento anticáncer”, pero tampoco puede sostenerse, desde la literatura actual, que sea una bebida con efecto carcinogénico demostrable en población general.
Con esto cerrado, entramos en el bloque que marca la gran actualización de 2026: café, función cognitiva y riesgo de demencia, incorporando el estudio publicado en JAMA.

Café, cerebro y demencia: la evidencia que cambia el foco en 2026
Café, cerebro y demencia: la evidencia que cambia el foco en 2026
Durante años, la relación entre café y salud cognitiva ha sido sugerente, pero irregular. Había resultados positivos en algunas cohortes, señales inconsistentes en otras y, sobre todo, un problema metodológico repetido: la mayoría de estudios trataban el café como una única categoría, sin diferenciar con claridad entre café con cafeína y descafeinado.
En febrero de 2026, un trabajo publicado en JAMA introduce datos especialmente relevantes por dos motivos: la magnitud del seguimiento (hasta 43 años) y la separación explícita de las fuentes de cafeína.
Qué aporta el estudio de JAMA 2026
El estudio analizó datos de dos cohortes históricas estadounidenses:
- Nurses’ Health Study (NHS), con 86 606 mujeres seguidas entre 1980 y 2023.
- Health Professionals Follow-up Study (HPFS), con 45 215 hombres seguidos entre 1986 y 2023.
En total, se incluyeron 131 821 participantes, con una mediana de seguimiento cercana a 37 años, y se documentaron 11 033 casos incidentes de demencia. La ingesta de café y té se midió repetidamente cada 2–4 años mediante cuestionarios validados, un punto metodológico importante porque reduce el error de clasificar a alguien por una única medición dietética.
Resultados principales: café con cafeína y menor riesgo de demencia
Tras ajustar por múltiples variables potencialmente confusoras y combinar ambos cohortes, el hallazgo principal fue claro: mayor consumo de café con cafeína se asoció con menor riesgo de demencia.
Al comparar el cuartil más alto con el más bajo de consumo, el estudio reportó:
- 141 vs 330 casos por 100 000 persona-año
- HR 0,82 (IC 95%: 0,76–0,89)
Es decir, una reducción relativa aproximada del 18% en el riesgo de demencia en el grupo de mayor consumo frente al de menor consumo.
Aquí hay un matiz clave para evitar lecturas simplistas: la asociación fue no lineal. En el análisis dosis-respuesta, el rango en el que se observó la diferencia más pronunciada se situó alrededor de 2–3 tazas/día de café con cafeína. Más allá de ese punto, el patrón no sugiere un beneficio proporcional por seguir aumentando la ingesta.
Café descafeinado: ausencia de asociación significativa
A diferencia del café con cafeína, el descafeinado no mostró asociación significativa con menor riesgo de demencia ni con mejores resultados cognitivos. Este contraste es uno de los elementos más informativos del estudio, porque sugiere que el componente “cafeína” —o procesos relacionados con su consumo— podría ser relevante en la relación observada.
Esto no significa que el descafeinado sea “malo” ni que el café solo sea “beneficioso” si lleva cafeína. Significa algo más concreto: cuando separamos ambos tipos, la asociación con demencia aparece en el cafeinado y no en el descafeinado.
Función cognitiva: resultados subjetivos y pruebas objetivas
El estudio no se limitó al diagnóstico clínico de demencia. También evaluó:
- Deterioro cognitivo subjetivo, mediante un cuestionario (casos definidos por puntuaciones elevadas).
- Rendimiento cognitivo objetivo, en la cohorte NHS, con pruebas telefónicas (incluyendo el TICS).
En deterioro cognitivo subjetivo, el patrón fue coherente con el desenlace clínico: el mayor consumo de café con cafeína se asoció con menor prevalencia de quejas de declive.
En pruebas objetivas, los resultados fueron más modestos: el consumo elevado se asoció con una ligera mejora en la puntuación TICS, mientras que la medida de cognición global mostró una tendencia favorable que no alcanzó significación estadística.
En términos de lectura crítica, esto es importante: el estudio no sugiere efectos espectaculares en rendimiento cognitivo, sino diferencias pequeñas pero consistentes con un perfil más favorable.
Y el té: un patrón similar
El análisis incluyó también el té y encontró asociaciones en la misma dirección: el consumo de té se asoció con menor riesgo de demencia y mejores resultados cognitivos, con el rango más marcado alrededor de 1–2 tazas/día
Qué podemos concluir y qué no
Este bloque merece una lectura con freno metodológico, porque el titular fácil (“el café previene la demencia”) no es científicamente defendible.
Lo que sí podemos afirmar con rigor es lo siguiente:
- La evidencia observacional de 2026, con seguimiento muy prolongado, muestra una asociación inversa entre café con cafeína y riesgo de demencia.
- La asociación es no lineal y parece concentrarse en consumos moderados (2–3 tazas/día).
- El descafeinado no reproduce el patrón observado.
- Los efectos sobre rendimiento cognitivo son modestos, no transformadores.
Lo que no podemos afirmar:
- Que exista causalidad demostrada.
- Que aumentar café “reduzca” demencia en cualquier persona.
- Que el café sustituya factores con evidencia causal más sólida (actividad física, sueño, control cardiometabólico, educación cognitiva y social).
Aun así, el estudio añade algo muy relevante: cuando se trabaja con cohortes grandes, medidas repetidas, separación de exposiciones y décadas de seguimiento, el patrón observado deja de ser una anécdota estadística y pasa a ser una señal epidemiológica seria.

Rendimiento físico y efecto ergogénico: cuando el café deja de ser “bebida” y se convierte en herramienta
Rendimiento físico y efecto ergogénico: cuando el café deja de ser “bebida” y se convierte en herramienta
En el contexto del entrenamiento, el café no se analiza solo como alimento o hábito, sino como una vía práctica de administrar cafeína, uno de los ergogénicos con evidencia más consistente en deporte. Aquí conviene separar dos planos que a menudo se mezclan: el café como exposición crónica asociada a salud poblacional, y la cafeína como intervención aguda orientada al rendimiento.
Qué puede mejorar la cafeína (y por qué funciona)
La evidencia es robusta: la cafeína puede mejorar el rendimiento en distintos contextos, especialmente en esfuerzos de resistencia y tareas donde la fatiga y la percepción de esfuerzo limitan el output.
La International Society of Sports Nutrition (ISSN) resume que la cafeína mejora el rendimiento de forma consistente cuando se consume en dosis de 3–6 mg/kg de peso corporal, y que dosis muy altas no aportan beneficios adicionales proporcionales y aumentan la probabilidad de efectos adversos.
El mecanismo no es “místico” ni exclusivamente metabólico. La explicación principal se apoya en su acción sobre el sistema nervioso central, en particular el antagonismo de receptores de adenosina, lo que se traduce en mayor estado de alerta y, sobre todo, en una reducción de la percepción de esfuerzo en un mismo trabajo mecánico.
Dosis y timing: el estándar que más se repite en la literatura
En la práctica, la ventana más habitual de uso es aproximadamente 60 minutos antes del esfuerzo, con el rango de dosis ya mencionado.
Aquí es importante una precisión editorial: cuando se habla de “tazas de café”, la dosis real de cafeína puede variar muchísimo según el tipo de grano, el método de extracción, el tamaño de la taza y la concentración. Por eso, en rendimiento, el criterio no es “dos cafés” sino mg/kg.
Café vs cafeína: misma molécula, matriz distinta
El café aporta cafeína, pero también aporta otros compuestos bioactivos. Esto tiene dos implicaciones prácticas:
Primero, que el café puede ser una forma cómoda de suplementación para quien lo tolera bien, pero no es una herramienta de dosificación precisa. Si necesitas controlar el estímulo (por ejemplo, en competición o test), la suplementación estandarizada suele ofrecer más control.
Segundo, que el café puede introducir variables colaterales: acidez, molestias gastrointestinales, variabilidad en la absorción o incluso cambios en el sueño si se consume tarde. En rendimiento, un café “perfecto” que arruina el sueño puede salir caro en la semana de entrenamiento.
La letra pequeña del rendimiento: variabilidad, tolerancia y efectos secundarios
La ISSN subraya algo esencial: existe variabilidad individual en respuesta y tolerancia. Esto explica por qué, con la misma dosis, unas personas sienten mejoría y otras solo notan nerviosismo o molestias digestivas.
A nivel práctico, hay tres puntos que conviene dejar cerrados:
La cafeína funciona mejor cuando se usa con intención, no por inercia. En consumidores muy altos, la tolerancia puede reducir parte del efecto percibido, aunque no necesariamente lo anula por completo.
El rendimiento no es solo output inmediato. Si la cafeína compromete el sueño —y el sueño compromete recuperación, control del apetito y adaptación al entrenamiento— el balance puede volverse negativo, incluso si el entrenamiento “sale” ese día.
Dosis altas aumentan el riesgo de efectos adversos (ansiedad, temblor, taquicardia subjetiva, malestar gastrointestinal) y no suelen ser necesarias para obtener el efecto ergogénico.

Zonas de precaución reales: dónde sí importa el contexto
Zonas de precaución reales: dónde sí importa el contexto
Hasta ahora, la evidencia acumulada dibuja un perfil globalmente favorable o, como mínimo, no perjudicial del café en población adulta sana cuando se consume en rangos moderados. Sin embargo, afirmar esto sin matices sería incompleto. Existen situaciones clínicas y fisiológicas en las que el contexto modifica la interpretación.
No se trata de alarmismo, sino de precisión.
Embarazo: límite claro de seguridad
El embarazo es probablemente el escenario en el que la recomendación es más concreta. La evidencia observacional ha asociado consumos elevados de cafeína con mayor riesgo de bajo peso al nacer, parto prematuro y pérdida gestacional. El umbrella review del The BMJ identificó esta señal como una de las áreas donde la prudencia es obligada
Las recomendaciones actuales sitúan el umbral de seguridad en torno a ≤200 mg de cafeína al día, lo que equivale aproximadamente a una o dos tazas de café estándar, dependiendo de la concentración.
Aquí la interpretación no admite ambigüedades: el balance riesgo-beneficio cambia durante la gestación y la reducción del consumo es una medida razonable.
Ansiedad, insomnio y sensibilidad individual
Aunque la evidencia poblacional no muestra aumento de eventos cardiovasculares mayores, la cafeína sigue siendo un estimulante del sistema nervioso central. En personas con alta sensibilidad, trastornos de ansiedad o predisposición al insomnio, puede exacerbar síntomas subjetivos como nerviosismo, palpitaciones o alteración del sueño.
Este punto es especialmente relevante porque el sueño insuficiente o fragmentado tiene consecuencias metabólicas, cognitivas y hormonales bien documentadas. Un consumo de café que compromete el descanso puede neutralizar cualquier posible asociación favorable observada en estudios poblacionales.
En términos prácticos, la tolerancia individual importa más que la media estadística.
Hueso y riesgo de fractura: una señal que requiere matiz
En el ámbito óseo, la evidencia es menos contundente y más heterogénea. Algunas asociaciones observacionales han señalado un posible aumento del riesgo de fractura en mujeres con consumos elevados, especialmente en contextos de baja ingesta de calcio.
Sin embargo, la magnitud del efecto es modesta y no uniforme entre estudios. Lo que sí parece razonable es evitar consumos excesivos en mujeres con riesgo elevado de osteoporosis y asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D.
No es un argumento para eliminar el café, sino para contextualizarlo dentro del perfil de riesgo individual.
El problema no es el café, son los añadidos
En muchos casos, el debate sobre el café se centra en la molécula equivocada. El consumo habitual de café negro o filtrado no es equivalente al consumo de bebidas azucaradas a base de café con altas cantidades de nata, siropes y azúcar añadido.
La revisión publicada en Nutrients señala que los añadidos calóricos pueden atenuar o revertir las asociaciones favorables observadas.
Este punto es clave: no se puede analizar el café aislado del patrón dietético global. El problema raramente es la taza de café; suele ser lo que la acompaña.
El lugar real del café en un patrón de vida saludable
El café es bueno para la salud
Después de revisar la evidencia disponible en 2026, la conclusión es menos polémica de lo que fue hace veinte años y, al mismo tiempo, más matizada de lo que suele presentarse en titulares.
El consumo moderado de café —generalmente entre 2 y 4 tazas al día— se asocia de forma consistente con menor mortalidad total, menor incidencia de enfermedad cardiovascular, menor riesgo de diabetes tipo 2 y una de las asociaciones más sólidas en el ámbito hepático. La evidencia más reciente sugiere además que el café con cafeína podría asociarse con menor riesgo de demencia y con resultados cognitivos modestamente más favorables en seguimientos prolongados.
Estas asociaciones son consistentes, reproducibles y biológicamente plausibles, pero siguen siendo observacionales. Esto implica que no pueden interpretarse como prueba de causalidad directa. El café no es un fármaco preventivo ni una intervención terapéutica estructurada. Es una exposición dietética habitual cuya señal epidemiológica, cuando se analiza con rigor, no respalda la narrativa histórica de perjuicio global.
Tomar café está bien, pero depende del contexto
El perfil cambia cuando se modifica el contexto. En embarazo, la recomendación es limitar la cafeína. En personas con ansiedad, insomnio o alta sensibilidad, la tolerancia individual debe prevalecer sobre la media estadística. En consumidores con riesgo óseo elevado, la moderación y la adecuación nutricional global son relevantes. Y, desde una perspectiva nutricional, el impacto del café no puede separarse del patrón dietético completo: convertirlo en una bebida hipercalórica altera completamente el análisis.
En el ámbito del rendimiento, la cafeína sí actúa como herramienta ergogénica con evidencia sólida cuando se utiliza en dosis y timing adecuados. Sin embargo, incluso en este contexto, el beneficio depende de la estrategia, la tolerancia y la gestión del sueño.
Café sí, pero con moderación
La posición científicamente defendible es clara: el café, consumido con moderación y en individuos sanos, no es un factor de riesgo global y se asocia con un perfil de salud compatible con un patrón de vida estructurado. No es imprescindible para la salud, pero tampoco es necesario eliminarlo bajo el supuesto de daño sistemático.
En definitiva, el café no sustituye el entrenamiento, el sueño ni la calidad dietética. Tampoco los compensa. Pero dentro de un estilo de vida coherente, la evidencia actual no solo lo tolera, sino que lo sitúa en una zona de seguridad razonable con señales epidemiológicas favorables.
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Preguntas frecuentes sobre el café
¿Cuántas tazas de café al día se pueden tomar?
En adultos sanos, el consumo moderado suele situarse en torno a 2–4 tazas al día. En estudios poblacionales, las asociaciones más favorables suelen concentrarse alrededor de 3–4 tazas/día, aunque la tolerancia individual y el tipo de preparación influyen. Si el objetivo es estimar cafeína, ese rango suele equivaler aproximadamente a 300–400 mg/día, con variabilidad según el café y el tamaño de la taza.
¿Cuánta cafeína tiene un café?
La cantidad de cafeína depende del tipo de grano, el método de extracción y el volumen. Por eso, dos “cafés” pueden aportar dosis muy distintas. Como orientación práctica, lo más útil para salud y rendimiento es pensar en mg de cafeína al día y no solo en número de tazas.
¿Cuál es la cantidad máxima de cafeína al día recomendada?
Para la mayoría de adultos sanos, un rango considerado seguro suele ser hasta ~400 mg de cafeína/día. En embarazo, el umbral recomendado suele ser menor, aproximadamente ≤200 mg/día.
¿El café sube la tensión?
El café puede producir un aumento agudo de la presión arterial, especialmente en personas poco habituadas. Sin embargo, en consumidores habituales, la evidencia longitudinal no muestra un aumento sostenido del riesgo de hipertensión en rangos moderados. Si una persona nota elevaciones claras o síntomas, conviene ajustar dosis, horario y tolerancia individual.
¿El café es malo para el corazón?
En población general, el consumo moderado no se asocia con más riesgo cardiovascular y, en muchas síntesis epidemiológicas, aparece asociado a un perfil más favorable en rangos moderados. Esto no significa que el café sea un “tratamiento cardioprotector”, sino que no sostiene su mala fama histórica cuando se consume con criterio.