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El suplemento ‘natural’ que está conquistando a los deportistas

suplemento para mejorar rendimiento

En el mundo del rendimiento deportivo, las modas no suelen oler a verdura. Huelen a cafeína, a preentreno, a laboratorio. Pero en los últimos meses, algo inesperado se ha abierto paso entre mochilas y vestuarios: un extracto concentrado de brotes de brócoli que promete proteger tus células para que rindas más.

No es un batido verde cualquiera. Es sulforafano. Y cada vez más deportistas preguntan por él.

Algunos lo toman antes de entrenar. Otros, durante la recuperación. Se vende como “natural”, con respaldo científico y con una narrativa poderosa: activa los sistemas internos de defensa del organismo. Uno de los productos más conocidos es Nomio, aunque no es el único. Todos comparten el mismo argumento bioquímico.

En un vídeo publicado en YouTube, el profesor de ENFAF, Roberto Oliver, analiza esta tendencia con una mezcla de interés y cautela. Porque la historia del sulforafano no empieza en el deporte. Empieza en el laboratorio.

La molécula que protege a la célula

Conviene aclararlo desde el principio: no estamos hablando de comer más brócoli ni de licuar verduras. Estos suplementos utilizan extractos estandarizados de brotes jóvenes, donde la concentración de sulforafano es especialmente alta.

El sulforafano lleva décadas estudiándose en biología celular por su capacidad de activar una vía molecular llamada NRF2. Esta vía funciona como un interruptor interno de defensa: cuando se activa, la célula aumenta la producción de enzimas antioxidantes propias, mejora su capacidad de detoxificación y modula procesos inflamatorios.

Dicho de forma sencilla: ayuda a la célula a protegerse frente al estrés.

Este mecanismo está bien documentado. Desde los primeros trabajos que describieron su papel en la activación de enzimas de fase II (Zhang et al., Cancer Res, 1992), hasta revisiones más recientes sobre la vía NRF2 y su papel en la protección celular (Kensler et al., Annu Rev Pharmacol Toxicol, 2013), la base molecular es sólida. Incluso existen estudios en humanos que muestran cambios en biomarcadores biológicos tras su consumo (Egner et al., Sci Transl Med, 2012).

El sulforafano tiene efectos medibles en la célula, pero la cuestión es otra.

¿Proteger la célula equivale a rendir más?

En el salto del laboratorio al vestuario es donde empiezan las dudas.

Tal como explica el profesor de ENFAF, Roberto Oliver, activar una vía molecular no es lo mismo que mejorar la fuerza, la resistencia o el VO₂max. La mayoría de estudios disponibles se han centrado en marcadores intermedios —estrés oxidativo, enzimas antioxidantes, inflamación—, pero no en variables directas de rendimiento deportivo en atletas entrenados.

Y aquí aparece un matiz clave que a menudo se pasa por alto: el estrés forma parte de la adaptación.

Cuando entrenamos, generamos estrés oxidativo e inflamación transitoria. Esa señal no es un error del sistema, es el estímulo que obliga al organismo a adaptarse. Es lo que impulsa procesos como la biogénesis mitocondrial —la creación de nuevas “centrales energéticas” celulares— y la mejora de la eficiencia metabólica.

Desde hace más de una década sabemos que una suplementación crónica con altas dosis de antioxidantes clásicos, como la vitamina C o la vitamina E, puede atenuar algunas adaptaciones al entrenamiento de resistencia (Ristow et al., PNAS, 2009; Paulsen et al., J Physiol, 2014). Al reducir demasiado la señal oxidativa, se puede interferir en rutas clave como la activación de PGC-1α, fundamental para el desarrollo mitocondrial.

El sulforafano no es una vitamina antioxidante al uso. Actúa de forma distinta, modulando la vía NRF2. Pero la pregunta es legítima: ¿podría una activación sostenida de mecanismos antioxidantes alterar, en determinados contextos, la señal adaptativa del entrenamiento?

A día de hoy, no tenemos ensayos robustos que respondan con claridad.

Lo que la evidencia demuestra (y lo que todavía no)

El profesor de ENFAF, Roberto Oliver, es claro en este punto: no existen ensayos clínicos sólidos e independientes que demuestren que los extractos de brotes de brócoli mejoren el rendimiento deportivo en humanos entrenados.

No hay metaanálisis ni estudios aleatorizados de calidad que muestren mejoras consistentes en fuerza, potencia o resistencia atribuibles al sulforafano. La conexión entre proteger la célula y mejorar la marca sigue siendo, por ahora, una hipótesis plausible, no una conclusión científica.

Eso no significa que el suplemento sea inútil. Significa que sus promesas van por delante de la evidencia.

Además, otro elemento obliga a la prudencia: gran parte de la investigación disponible está vinculada, directa o indirectamente, a las propias marcas que comercializan el producto. En ciencia, el conflicto de interés no invalida automáticamente los resultados, pero sí exige un análisis más crítico.

Cuando una buena idea científica llega antes de tiempo

Desde el punto de vista fisiológico, la propuesta es atractiva. Proteger mitocondrias, modular inflamación y optimizar la respuesta antioxidante podría tener implicaciones en recuperación o salud metabólica. En determinados contextos clínicos, la activación de NRF2 incluso se investiga como estrategia terapéutica.

Pero el alto rendimiento es un terreno distinto. Allí, cada intervención debe demostrar que no solo es biológicamente activa, sino que mejora resultados reales sin interferir en las adaptaciones al entrenamiento.

La historia del sulforafano en el deporte es, en el fondo, un ejemplo clásico: una buena idea científica que empieza a comercializarse antes de completar el recorrido de evidencia necesario.

Interesante, sí. Prometedora, posiblemente. Conclusiva, todavía no.

Y como recuerda el profesor de ENFAF, Roberto Oliver, en nutrición deportiva conviene distinguir siempre entre lo que funciona en una placa de laboratorio y lo que realmente mejora el rendimiento en la pista.

En el deporte de alto nivel —y también en el amateur— no basta con activar una vía molecular. Hay que demostrar que eso se traduce en más potencia, más resistencia o mejores marcas.

Y ese último paso, por ahora, sigue pendiente.

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