
No es la vitamina D. No es el magnesio. No es la creatina.
Y, sin embargo, puede estar influyendo en tu energía diaria, en tus dolores de cabeza recurrentes e incluso en tu riesgo cardiovascular.
La vitamina B2 —riboflavina— rara vez protagoniza conversaciones sobre salud. No genera titulares, no se viraliza en redes y no suele estar en el centro de las recomendaciones populares. Pero para el Dr. Álex Yáñez, profesor de ENFAF y doctor en Ciencias de la Actividad Física, estamos ante uno de los micronutrientes más infravalorados de la práctica clínica.
En un reciente vídeo divulgativo subido a su canal de Youtube, el docente explica por qué esta vitamina puede desempeñar un papel clave en la prevención de migrañas, en la regulación de la homocisteína y en la protección frente a ciertos procesos relacionados con el cáncer.
Lejos de ser una afirmación llamativa sin respaldo, la literatura científica empieza a darle la razón.
Cuando el problema no es el dolor, sino la energía
Uno de los usos mejor estudiados de la riboflavina es la prevención de la migraña. Y aquí la historia es interesante.
Durante años, la migraña se abordó únicamente como un problema neurológico relacionado con la vasodilatación o con la inflamación. Sin embargo, en las últimas décadas ha ganado fuerza otra hipótesis: el déficit energético cerebral.
Algunos pacientes con migraña presentan alteraciones en la función mitocondrial, es decir, en la capacidad de sus neuronas para producir energía de forma eficiente.
La vitamina B2 es precursora de dos coenzimas esenciales —FAD y FMN— necesarias para que la mitocondria funcione correctamente. Sin suficiente riboflavina, la maquinaria energética pierde rendimiento.
Un ensayo clínico publicado en Neurology mostró que la suplementación con 400 mg diarios de riboflavina reducía significativamente la frecuencia de crisis migrañosas frente a placebo (Schoenen et al., 1998). Revisiones posteriores han respaldado su utilidad como estrategia preventiva segura y bien tolerada (Thompson & Saluja, 2017).
Por eso el profesor de ENFAF la sitúa, junto al magnesio y la coenzima Q10, dentro del “estándar de oro” en el abordaje nutricional de la migraña.
No actúa como analgésico. Actúa mejorando el metabolismo neuronal.
El marcador silencioso que daña las arterias
Pero la historia no termina en el cerebro.
La riboflavina también interviene en el metabolismo de la homocisteína, un aminoácido que, cuando se encuentra elevado, se asocia con mayor riesgo cardiovascular.
Aquí entra en juego el gen MTHFR. Esta enzima, clave en el metabolismo del folato, necesita riboflavina como cofactor. En personas con la variante genética 677TT —relativamente frecuente en población europea— la actividad de esta enzima es menor.
Curiosamente, estudios clínicos han mostrado que suplementar con vitamina B2 puede reducir la presión arterial en estos individuos (McNulty et al., 2006; Wilson et al., 2013). Es uno de los ejemplos más claros de cómo la genética y la nutrición pueden interactuar.
Lo que parece una simple vitamina puede convertirse, en determinados perfiles, en una herramienta estratégica.
¿Y el cáncer? Una relación que se está estudiando
En su intervención, Álex Yáñez menciona la posible relación entre la vitamina B2 y la reducción del riesgo de ciertos tipos de cáncer, como el colorrectal.
La riboflavina participa en la estabilidad del ADN y en procesos de metilación, mecanismos esenciales para prevenir mutaciones. Estudios epidemiológicos han observado que una mayor ingesta de vitamina B2 se asocia con menor riesgo de cáncer colorrectal, especialmente cuando el estatus de folato es adecuado (Larsson et al., 2005).
No hablamos de un tratamiento, sino de prevención metabólica. Un matiz importante.
Una vitamina que se pierde más de lo que creemos
Hay un detalle práctico que suele pasar desapercibido y que el profesor de ENFAF subraya en su vídeo: la riboflavina es frágil.
Es sensible a la luz. Se degrada con la cocción. Puede perderse en el agua cuando hervimos alimentos. El alcohol, el tabaco, el estrés crónico e incluso algunos antibióticos pueden disminuir sus niveles.
Es decir, aunque esté presente en alimentos como vísceras, huevos, lácteos, almendras o champiñones, no siempre llega intacta a nuestras células.
De la dosis mínima a la dosis terapéutica
Las recomendaciones nutricionales estándar apenas superan el miligramo diario, cantidad suficiente para evitar deficiencias clínicas evidentes.
Sin embargo, los estudios en migraña utilizan 400 mg al día. Esta diferencia refleja algo que a menudo genera confusión: cubrir requerimientos mínimos no es lo mismo que buscar un efecto terapéutico específico.
Por eso, como insiste el profesor Álex Yáñez, el contexto clínico y la individualización son fundamentales.
La vitamina que no hace ruido
En un entorno saturado de tendencias y suplementos virales, la vitamina B2 no hace ruido. No tiene marketing. No promete resultados espectaculares en 30 días.
Pero participa en la producción de energía, en la regulación cardiovascular, en la estabilidad genética y en el equilibrio oxidativo.
Y cuando un nutriente interviene en procesos tan básicos, su impacto puede ser más profundo de lo que parece.
Tal vez la riboflavina no sea la vitamina más famosa.
Pero, como apunta el profesor de ENFAF, puede que sea una de las más estratégicas.
Schoenen J, Jacquy J, Lenaerts M. Effectiveness of high-dose riboflavin in migraine prophylaxis. A randomized controlled trial. Neurology. 1998;50(2):466–470.
Thompson DF, Saluja HS. Prophylaxis of migraine headaches with riboflavin: A systematic review. J Clin Pharm Ther. 2017;42(4):394–403.
McNulty H, Dowey le RC, Strain JJ, Dunne A, Ward M, Molloy AM, McAnena LB, Hughes JP, Hannon-Fletcher M, Scott JM. Riboflavin lowers homocysteine in individuals homozygous for the MTHFR 677C→T polymorphism. Circulation. 2006;113(1):74–80.
Wilson CP, McNulty H, Ward M, Strain JJ, Trouton TG, Hoey L, Molloy AM, Scott JM. Blood pressure in treated hypertensive individuals with the MTHFR 677TT genotype is responsive to intervention with riboflavin. Hypertension. 2013;61(6):1302–1308.
Larsson SC, Giovannucci E, Wolk A. Dietary riboflavin intake and risk of colorectal cancer: a prospective cohort study. Am J Clin Nutr. 2005;82(4):894–899.